Escribe: Jhon Smith

En las elecciones generales de Bolivia celebradas el 17 de agosto de 2025, el país ha experimentado un giro político significativo, marcando el fin de casi dos décadas de dominio del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de izquierda que gobernó desde 2006 bajo el liderazgo inicial de Evo Morales. Los resultados preliminares indican que el senador centrista Rodrigo Paz, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), lidera con aproximadamente el 32.1% de los votos, seguido por el ex presidente de derecha Jorge «Tuto» Quiroga, de Alianza Libre, con alrededor del 26.9%. Dado que ningún candidato alcanzó el 50% requerido o una ventaja de 10 puntos sobre el segundo lugar, Bolivia se dirige a una segunda vuelta inédita el 19 de octubre, la primera en su historia reciente sin un candidato del MAS en competencia directa por la presidencia.

Este cambio refleja un profundo descontento económico entre los 7.9 millones de votantes elegibles, en un sistema de voto obligatorio. Bolivia enfrenta su peor crisis en cuatro décadas, con una inflación del 23%, escasez crónica de combustibles como la gasolina, medicamentos y otros bienes esenciales, además de una depreciación del boliviano y protestas generalizadas. Estos factores han erosionado el apoyo al MAS, que se fragmentó internamente: el candidato oficial del partido, Eduardo del Castillo, obtuvo solo el 3.16%, mientras que facciones disidentes como la de Andrónico Rodríguez (apoyado por sectores cercanos a Evo Morales) sumaron alrededor del 14.59%, y otros como Samuel Doria Medina quedaron en 28.07% pero no lograron consolidar una victoria. Evo Morales, inhabilitado para postularse nuevamente por límites constitucionales a dos mandatos, llamó a la abstención en algunos sectores, lo que contribuyó a una tasa de abstención del 19%, exacerbando la división de la izquierda.

El contexto histórico es clave para entender esta transición. El MAS, fundado por Morales, transformó Bolivia con políticas de inclusión indígena, nacionalización de recursos como el gas y reducción de la pobreza, pero en los últimos años ha sido criticado por corrupción, autoritarismo y mala gestión económica. La renuncia de Morales en 2019 tras acusaciones de fraude electoral, seguida por el gobierno interino de Jeanine Áñez y la elección de Luis Arce en 2020, no logró estabilizar la economía. Arce, quien declinó reelegirse el 14 de mayo de 2025 amid tensiones internas y la desregistración del Frente para la Victoria, dejó al partido vulnerable. Reportes de junio de 2025 de Al Jazeera destacaron protestas masivas por la inestabilidad, que culminaron en un voto de rechazo al statu quo.

Las reacciones en las redes sociales y en las calles han sido intensas. Imágenes de manifestaciones masivas con banderas nacionales ondeando simbolizan un llamado al cambio, como se vio en publicaciones recientes que celebran el «fin de una era» y el surgimiento de figuras de derecha y centroderecha. Por ejemplo, analistas destacan el sorpresivo ascenso de Paz, descrito como un «caballo negro» que capitalizó el descontento con promesas de estabilidad económica y reformas liberales, mientras Quiroga, un veterano político, apela a votantes conservadores con énfasis en seguridad y libre mercado.

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