Escribe : Iván Alonso

El estimado inicial (o “guesstimate”, como dicen los gringos) es que el ferrocarril costará US$6.500 millones. ¿Vale la pena gastar esa cantidad de plata cuando hay ciudades que no tienen agua las 24 horas del día? Saquemos lápiz y papel.

Imaginemos que el tren no consuma combustibles ni electricidad; que no tenga operarios; que no necesite repuestos. Solamente para recuperar la inversión en un horizonte de 50 años, con una rentabilidad del 8%, que es la valla puesta por el Ministerio de Economía y Finanzas para los proyectos de inversión pública, el ferrocarril tendría que generar ingresos de US$530 millones al año, casi un millón y medio de dólares al día. Uno puede ir de Lima Ica en ómnibus por S/40, un viaje que toma cinco horas, así que difícilmente pagará más S/70 (o US$20) por ir en tren, aunque se ahorre dos o tres horas de viaje. Para llegar al millón y medio de dólares, se necesita 75.000 pasajeros diarios: 37.500 de ida y 37.500 de vuelta.

Por el peaje de Jahuay, en Chincha, pasan 6.000 vehículos diarios. Poco más de la mitad son vehículos livianos. Del resto, una parte son camiones; y los camioneros, naturalmente, no viajan en tren. A todo dar, viajarán 100.000 personas diariamente entre Lima Ica y viceversa. ¿Es verosímil que el 75% deje su carro en su casa o se baje del ómnibus para subirse a un tren que le va a costar el doble? No, no lo es. ¿Cuánto tendría que crecer el volumen de pasajeros año a año, partiendo de una base más baja, para que el tren se justifique? Seguramente más rápido que el propio tren.

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