Escribe : Dr. Carlos Flores

Los ultimos aprontes de cara al Día D en Argentina. Mas que confirmar un pronóstico por el contrario, ahuyentan un derrotero lógico. Signo que el nivel de las encuestadoras, no es el mejor. Sino que por el contrario, en ese rubro, igualmente se ha producido un manejo exprofeso interesado.

Asi las cosas. Mañana a las ocho de la noche hora de Lima, ya los resultados decantarán lo que sentencia el Volksgeist argentino. Desde que si Milei, logra triunfar en primera vuelta. Hasta la que podría ser una totalmente sorpresiva, segunda vuelta entre Massa y la Bullrich. Nada es descartable, hoy con tal manejo de incertidumbre sobre los surveys.

Ahora, si vamos a confiar en lo que expresan las últimas encuestas. Si el escenario es claro. NO hay segunda vuelta. Y, al ballotage pasan Milei y Massa, distanciados por menos de 5 puntos.

Aquí los portraits de los 3 definidores de mañana :

Sergio Massa, el hijo pródigo del peronismo contra la ultraderecha

El ministro de Economía pasó de “traidor” a ser la opción moderada en las elecciones presidenciales del domingo

ILUSTRACION-PERFIL SERGIO MASSA
SCIAMMARELLA

Escribe : Giorgina Zerega

Si Sergio Massa muriera y pudiera elegir dónde volver a nacer, diría Argentina. “Una y mil veces”, ha jurado y perjurado. La última vez lo dijo rodeado de trabajadores en una fábrica de Buenos Aires. Era su cierre de campaña, llevaba traje sin corbata, se mostraba cercano a la gente y se llamaba a sí mismo “un pibe de barrio”, “un hijo de la clase media” que salió adelante gracias al trabajo. El gran aprendiz de Nestor Kirchner ha impregnado su campaña presidencial de guiños a su mentor. Con la misma facilidad que se dirige a un empresario, le habla a una señora en la calle o a la directora del Fondo Monetario Internacional. La versatilidad le ha ayudado al actual ministro de Economía a vencer la improbabilidad. Después de romper con Cristina Fernández de Kirchner y volverse un “traidor” de ese peronismo, se ha redimido como su última esperanza. El retorno del hijo pródigo que, ante el avance de la ultraderecha, se anuncia como la opción moderada en las elecciones del domingo.

¿Quien es Sergio Massa?
Sergio Massa saluda durante el acto de la coalición Unión por la Patria para celebrar el Día de la Lealtad Peronista, en el estadio de Arsenal en Sarandí, Buenos Aires (Argentina).

De ideología volátil y ambición desmedida, Massa ha mantenido una idea presente a lo largo de toda su carrera: quiere ser presidente, cueste lo que cueste. Inició bajo la mentoría de Alvaro Alsogaray en la  Unión del Centro Democrático (Ucede) cuando no alcanzaba la mayoría de edad. En los noventa, mientras Argentina encumbraba el menemismo, Massa saltó de acera y se acomodó dentro del peronismo. Allí tuvo una trayectoria meteórica que trazó con astucia. Se sumergió en el duhaldismo con Eduardo Duhalde, se convirtió al kirchnerismo cuando asumió Néstor Kirchner, decantó en cristinista en el Gobierno de Cristina Fernández y tonteó con el macrismo cuando llegó Mauricio Macri. Pero no se embarcó a fondo con ninguno. Fue lo suficientemente audaz para abandonar los barcos cuando más le convenía.

Un viejo compañero de filas, que ahora forma parte de la oposición, recuerda la versión juvenil del candidato de Unión por la Patria como un hombre pragmático, afable y de infinitas aspiraciones. Para retratarle utiliza una idea: en Argentina, puedes cambiar de pareja, de trabajo o de sitio, pero nunca puedes cambiar de equipo de fútbol; Massa ha sido fanático de tres clubes desde que le conoce: cuando eran jóvenes seguía a San Lorenzo, más tarde se hizo de Chacarita y ahora se jura fanático de Tigre.

Así de etérea también ha sido la vida política de este abogado y padre de dos. No alcanzaba los 30 años cuando asumió su primer puesto en el Gobierno federal, como encargado de la Seguridad Social argentina. Comenzó con Duhalde, pero mantuvo el cargo al llegar Néstor Kirchner. A los 35 años abandonó la Administración para buscar la intendencia del municipio bonaerense de Tigre. Ganó las elecciones, pero apenas ocupó el cargo. Cristina Kirchner le convocó como su jefe de Gabinete y el diligente Massa volvió al equipo titular. Duró solo un año en ese encargo, renunció cuando las relaciones con su jefa comenzaron a tensarse. Tras su regreso a Tigre en 2009 empezó a gestarse la ruptura con el kirchnerismo.

Vista aérea del cierre de campaña electoral celebrado por Sergio Massa y el candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof.
Vista aérea del cierre de campaña electoral celebrado por Sergio Massa y el candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof.AGUSTIN MARCARIAN (REUTERS)

Para 2015 Massa ya había armado su propio partido, el Frente Renovador, y buscó la presidencia en una campaña en la que el peronismo fue atravesado por su propia grieta. Después de haber sostenido en lo más alto las manos del matrimonio Kirchner, convirtió su campaña en un ataque directo contra ellos. Prometió meter a la cárcel a Cristina Fernández por corrupción y remover a “los ñoquis del Estado”, como le llamaban despectivamente a los trabajadores del Gobierno. La campaña, en alianza con el peronismo más duro y a la derecha, proponía intransigencia contra el narcotráfico y el regreso de las Fuerzas Armadas a las calles en tareas de seguridad interior. Esas ideas le consiguieron al pibe de barrio, un número que lo dejó posicionado en tercer lugar.

El distanciamiento con el resto del peronismo no duró mucho. En 2019, frente a las escasas posibilidades de competir realmente en las presidenciales, se enfiló detrás de la fórmula de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Como la tercera fuerza de la alianza, obtuvo la presidencia del Congreso, donde se refugió en los años de pandemia y mientras que en el Gobierno se despedazaban los unos a los otros.

Massa, a sus 51 años, lo ha sido casi todo en la política argentina, excepto inquilino en la Casa Rosada. En agosto del año pasado, en medio de una imparable crisis económica y después de que la vicepresidenta forzara la salida de Martín Guzmán del Ministerio de Economía, el presidente Fernández entregó a Massa las llaves de la cartera mas inmanejable del Gobierno. El político aceptó la imposible tarea bajo las aspiraciones de volver a ponerse en la primera línea de fuego. Su biógrafo no autorizado, Diego Genoud, lo considera un temerario. “Es capaz de asumir funciones para las que no está preparado”, dice el periodista. Y todo para alcanzar la presidencia.

Lo del Ministerio de Economía ha sido una hoja de doble filo que aún está por definirse. El domingo se sabrá si ha hecho lo suficiente para convencer a los argentinos o el cometido ha sido la pala que cavó la tumba. Sus últimos discursos apelaban a la otrora exitosa estrategia del peronismo más nacionalista que acusa a la oposición de creer que Argentina “es un país de mierda”. “Es un país maravilloso”, decía él, en el que volvería a nacer una y mil veces.

Patricia Bullrich, la derechista desorientada

La candidatura de la exministra de Seguridad de Mauricio Macri pierde identidad en manos de su rival ultra, Javier Milei

PATRICIA BULLRICH
SCIAMMARELLA

Escribe : Federico Rivas

“No estamos viviendo en un país normal”, repite Patricia Bullrich (Buenos Aires, 67 años) durante la campaña. Argentina no es un país para “administradores o teóricos de la economía”, sino para alguien como ella, dice, con “la fuerza necesaria para recuperar el orden”. Bullrich, estaba cómodamente instalada en ese espacio donde los valores de la democracia liberal se mezclan con posiciones extremas que tensan el sistema sin romperlo. Era hace solo seis meses la favorita para ganar las elecciones presidenciales de este domingo en Argentina. El peronismo se deshacía en peleas internas y Juntos por el Cambio, la alianza que en 2015 llevó a Mauricio Macri a la Casa Rosada, solo esperaba que el poder cayese en sus manos en octubre. Pero se interpuso Javier Milei.

¿Quién es Patricia Bullrich?
Patricia Bullrich, durante el cierre de su campaña en la ciudad de Lomas de Zamora (Argentina).Vídeo: EPV

El candidato de la ultraderecha arrebató a Bullrich la idea del cambio y también su capacidad destructiva de lo viejo, es decir, el peronismo en su versión kirchnerista de izquierda. La Piba, como le dicen,está ahora tercera, detrás incluso de Sergio Massa, el oficialista. “Decile sí a un cambio de verdad, al cambio de Juntos por el Cambio”, ruega ahora en los videos que sus equipos difunden por las redes sociales. Es un intento de última hora por neutralizar el trasvase de votos antiperonistas a La Libertad Avanza, la nueva fuerza de la ultraderecha argentina.

Patricia Bullrich atravesó una profunda conversión política. Con los dedos en V, el pelo negro ensortijado y la mirada hacia lo alto, mostraba hace 50 años a quien quisiese verla que era peronista. Y no una cualquiera. En 1983, cuando una cámara la captó con ese gesto tan icónico, Argentina vivía en el ocaso de la dictadura militar. Bullrich acababa de poner fin a un exilio iniciado en 1977 que la llevó a Brasil, Estados Unidos y México. Su militancia en Montoneros, el grupo guerrillero del peronismo revolucionario, la había puesto en la mira de la dictadura de Jorge Rafael Videla. Era cuñada de uno de los jefes, y bajo su mando participó en un par de atentados fallidos en Buenos Aires. Cuarenta años después de aquel regreso militante, Bullrich representa a la derecha más tradicional. Defiende el aborto y respeta la diversidad sexual, pero son sus únicos matices.

Su metamorfosis se inició a principios de los 2000, cuando se sumó al gobierno de la Alianza, que encabezada el radical (socialdemócrata) Fernando de la Rúa en coalición con el peronismo progresista que había renegado de las políticas neoliberales de Carlos Menem. Se sumó primero como secretaria de Política Criminal, luego fue ministra de Trabajo y más tarde de Seguridad. Abandonó el Gobierno en noviembre de 2001,un mes antes que todo estallara por el corralito bancario. Regresó a la política activa en 2007 como diputada, pero ya dentro del ARI, un partido fundado por Elisa Carrió, una radical disidente que más tarde terminaría sumándose a Juntos por el Cambio. Completó su metamorfosis política en 2015, como ministra de Seguridad de Macri. Se vestía de militar e inundaba las redes sociales con vídeos en los que incautaba alijos de drogas, levantaba piquetes de protesta o detenía delincuentes.

Seguidores de Patricia Bullrich
Una mujer seguidora de Patricia Bullrich, durante un acto de campaña.JUAN IGNACIO RONCORONI (EFE)

“Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar”, gritaban los jóvenes de los setenta. “Conmigo, esto se acaba”, escribe Bullrich medio siglo después, pero para referirse a la expresidenta Cristina Kirchner y su movimiento, el kirchnerismo. La candidata ve allí está la suma de todos los males posibles, el origen de la última etapa de los recurrentes procesos de derrumbe argentino. En un spot de campaña prometió abrir una cárcel de máxima seguridad para corruptos a la que pondría el nombre de la vicepresidenta. También convoca a un país que “destruya, dinamite y desarme la economía que generó el kirchnerismo”. El uso de la dinamita entusiasma a aquellos que están hartos de la crisis económica. Aquí, dice Bullrich, ya no hay espacio para “los tibios” y solo “ir por todo” permitirá recomponer el orden perdido.

Javier Milei, el candidato del caos

El político ultraliberal fue portero de fútbol y cantante de rock antes de decantarse por la economía. Propone dolarizar el país, derogar el aborto y está a favor de la libre venta de órganos

Ilustración de Javier Milei, candidato a presidente por La Libertad Avanza.
SCIAMMARELLA

Escribe : Mar Centenera

Javier Milei (Buenos Aires, 52 años) ha logrado con la política argentina la fama que le fue esquiva en la adolescencia con el fútbol y el rock. Enfundado en una chaqueta de cuero y con su icónica melena (des)peinada por “la mano invisible del mercado”, el candidato ultra a la presidencia se dio un baño de masas el miércoles en el cierre de su campaña electoral. Mientras de la pantalla emergía un león en llamas entre bombas y escenas de destrucción, Milei se abría paso entre el público para subir al escenario y cantar enfebrecido: “Yo soy el rey de un mundo perdido”. El León ha capitalizado como nadie el hartazgo de los argentinos por la política y la inflación de tres dígitos. Encontró un culpable de la decadencia del país: la casta —integrada, según él, por políticos, empresarios, sindicalistas y periodistas—. Y le dedicó un grito de guerra que enciende sus mítines: “La casta tiene miedo”. Este líder populista fue el candidato más votado en las elecciones primarias de agosto y es el favorito en las generales dentro de unas horas.

¿Quién es Javier Milei?
Javier Milei saluda a sus partidarios durante un mitin de campaña en Buenos Aires, Argentina.Foto: AP | Vídeo: EPV

Sobre el escenario, el candidato de La Libertad Avanza parece a ratos el líder de una hinchada futbolística dispuesto a patear a esa casta a la que tacha de “parasitaria, chorra [ladrona] e inútil”; en otros, se asemeja más a un predicador mesiánico que anuncia un viejo mundo nuevo —con raíces en el siglo XIX—  y un Estado liberal reducido a su mínima expresión. En los Debates por TV con gafas y un tono más pausado, da más bien la imagen de un profesor visionario que quiere convencer a los alumnos de que Argentina puede ser Estados Unidos si le dan 35 años.

No todos sus votantes suscriben por completo un polémico programa que incluye poner fin a la gratuidad de la educación pública, desregular el mercado de armas de fuego y flexibilizar las leyes laborales. O propuestas como la libre venta de órganos y la derogación de la ley del aborto. Los une que quieren un cambio y lo quieren ya. “Que se vayan todos”, cantan sus seguidores y Milei los arenga con el pecho inflado y las manos en alto: “Que no quede ni uno solo”. Su biógrafo no autorizado, Juan Luis González, autor de El loco, cuenta que“estar en el centro de atención de cualquier situación sin la necesidad de entablar un diálogo de ida y vuelta con los presentes sigue siendo el lugar en el que más cómodo se siente”. Ya era así cuando en 1983, en vísperas del regreso del país a la democracia, un Milei adolescente bailaba como su idolatrado Mick Jagger en el patio del colegio Cardenal Copello. Años después, formó una banda tributo de The Rolling Stones, Everest.

Javier Milei, del partido La Libertad Avanza, durante una conferencia de prensa.
Javier Milei, del partido La Libertad Avanza, durante una conferencia de prensa.AGUSTIN MARCARIAN (REUTERS)

Javier Gerardo Milei nació en Buenos Aires el 22 de octubre de 1970. El domingo, el día de las elecciones generales, cumplirá 53 años. Su popularidad actual contrasta con una infancia solitaria y violenta. Hijo de un chofer de autobús que terminó siendo dueño de una empresa de transporte y de un ama de casa, Milei fue criado entre golpes, humillaciones y abusos verbales. Hubo una paliza que le dejó huella: en 1982, cuando comenzó la Guerra de Malvinas, dijo en voz alta frente al televisor de casa que aquello iba a terminar mal. El comentario indignó a su padre, que comenzó a golpearlo con una violencia salvaje. Su hermana Karina, testigo del ataque, sufrió un shock y la llevaron al hospital. “Tu hermana está así por culpa tuya, si se muere es culpa tuya”, le dijo su madre. De adulto cortó todo vínculo con ellos durante más de una década. “Mis padres para mí no existen”, decía sin inmutarse en sus primeras apariciones televisivas. Durante la pandemia retomó el contacto con ellos, pero están fuera de su estrecho círculo de confianza.

Milei habla poco de su vida privada. Nunca se casó ni tiene hijos. Su familia está integrada por su hermana Karina, a la que llama El Jefe y que es también la máxima autoridad de su campaña, y por sus “hijos de cuatro patas”: MurrayMiltonRobert y Lucas, bautizados así por sus economistas favoritos. Son clones de Conan, el perro mastín que adoraba y falleció en 2017. La muerte no cortó la comunicación entre Conan y él: se hablan a través de una médium, según González.

Noviazgo con la imitadora de Kirchner

Tras su victoria en las primarias, la vida sentimental del candidato dio un vuelco: comenzó un romance con la actriz Fátima Florez, conocida por ser la imitadora de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner en televisión.

La actriz Fátima Flórez, pareja de Javier Milei, escucha su discurso durante el cierre de su campaña en Buenos Aires.
La actriz Fátima Flórez, pareja de Javier Milei, escucha su discurso durante el cierre de su campaña en Buenos Aires.JUAN IGNACIO RONCORONI (EFE)

“Son raros ustedes, ¿eh?”, les dijo la veterana conductora televisiva Mirtha Legrand cuando los invitó a compartir su mesa. La pareja intercambiaba corazones y piropos delante de ella.

En la conversación con Legrand, no se mencionó el pasado del candidato, que había revelado en charlas previas que era gurú de sexo tántrico y lo apodaban “vaca mala” porque no eyaculaba más que una vez cada tres meses.

Sus compañeros de juventud lo recuerdan como un niño retraído, al que no le gustaba demasiado socializar y al que nunca le conocieron una novia. Hubiese podido ser víctima de acoso escolar, pero se salvó por los raptos de furia descontrolada que aún hoy le caracterizan. Si alguien se pasaba de la raya no dudaba en plantarle cara. Hoy sigue igual. Milei gritó a una reportera que le pedía una instantánea,  para los retratos que le estaba haciendo antes de la entrevista con este diario, y ha atacado verbalmente también a periodistas y panelistas de televisión, en muchos casos mujeres, sin pedir perdón ni mostrarse arrepentido después.

Ese carácter iracundo hizo que en el colegio lo apodaran El Loco, un sobrenombre que también usaban sus compañeros de fútbol en los clubes en los que jugó de portero: Chacarita Juniors y San Lorenzo. “Igual como es en la vida era de arquero. Se tiraba para todos lados, no le importaba nada. Era de esos tipos fuertes, grandote, medio loco”, lo recuerda en el portal Infobae el exfutbolista Gabriel Bonomi, integrante del equipo de Chacarita en el que jugaba Milei.

“Nuestro enemigo es el Estado”

Durante la última hiperinflación de Argentina, a finales de los ochenta, cambió los botines por los libros de economía. Se licenció en Economía en la Universidad de Belgrano, donde después fue también docente, e hizo posgrados en el Instituto de Desarrollo Económico y en la Universidad Torcuato di Tella. Estudió a fondo las ideas de John Maynard Keynes para después repudiarlas. Como liberal, rechaza cualquier intervención del Estado en el mercado.

Javier Milei de joven cuando jugaba fútbol.
Javier Milei de joven cuando jugaba fútbol.

—Si yo tuviera que elegir entre el Estado y la mafia, me quedo con la mafia. Porque la mafia tiene códigos, la mafia cumple, la mafia no miente. Y, sobre todas las cosas, la mafia compite.

Era 2020. Esas declaraciones de Milei provocaron una gran polémica, pero no han sido la peor definición del candidato sobre el Estado. ”Tenemos que darnos cuenta quién es nuestro verdadero enemigo. Nuestro verdadero enemigo es el Estado. El Estado es el pedófilo en el jardín de infantes con los nenes encadenados y bañados en vaselina”, había declarado un año antes, cuando aún no estaba en política.

Por esa época, Milei se presentó en un festival de cosplayers en Buenos Aires disfrazado de General AnCap (anarcocapitalista) con un antifaz y un tridente. “Vengo de Liberland”, anunció a los presentes, un país “donde nadie paga impuestos”. “Mi misión es cagar a patadas en el culo a keynesianos”, proclamó. Cuatro años después, ese superhéroe llegado de un país de ficción compite por la presidencia de Argentina, con ventaja frente a sus principales rivales.

De la televisión a la política

En el campo laboral, Milei alternó durante años la docencia universitaria con trabajos como economista. Fue asesor del general Antonio Bussi, quien había sido gobernador de la provincia norteña de Tucumán en dictadura y repitió cargo de nuevo ya en democracia; economista jefe de la Fundación Acordar del excandidato presidencial Daniel Scioli y ejecutivo de riesgos de inversión en la Corporación América, un conglomerado de empresas encabezado por Eduardo Eurnekián, uno de los hombres más ricos de Argentina. Una de ellas es América TV, la televisión en la que debutó Milei en 2016 y que lo catapultó al estrellato mediático, primero, y al político después.

Seguidores de Javier Milei durante un mitin de campaña en Buenos Aires.
Seguidores de Javier Milei durante un mitin de campaña en Buenos Aires.MATIAS BAGLIETTO (REUTERS)

Fuentes de ese gigante empresarial destacan la agudeza de Milei a la hora de hacer proyecciones financieras a largo plazo, pero también las dificultades que tenía para pasarlas de la teoría a la práctica. Se les quedó grabado además la facilidad con la que perdía los nervios cuando alguien le llevaba la contraria. “Hizo algunos análisis brillantes, pero si alguien lo contradecía lo podía callar diciendo ‘callate, burro’ sin ningún problema”, recuerdan.

Ese temperamento explosivo ahuyenta a algunos votantes, pero atrae a otros que aplauden que se atreva a decir lo que muchos piensan, pero callan. Es el caso de varones jóvenes y adultos que ante el avance del feminismo se sintieron amenazados en los últimos años. Unos, por miedo a la cancelación ante denuncias por acoso callejero, educativo y laboral. Otros, por la conquista de espacios de poder por parte de mujeres y diversidades sexuales gracias a los sistemas de cupos laborales. “Yo no pienso pedir perdón por tener pene”, ha dicho varias veces Milei. El candidato anticipa que de llegar a la Casa Rosada eliminará el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades y derogará leyes como la del aborto y la de educación sexual integral, entre otras. 

En campaña, sus zarpazos verbales han sido denunciados en los tribunales. Bullrich lo acusó de injurias y calumnias por haberla llamado asesina, el Gobierno de fogonear el aumento del dólar a la caza de votos. La justicia lo investigaba ya por acusaciones de venta de cupos para sus listas parlamentarias, al mejor postor.

Vínculo con Vox

Milei fue elegido diputado en 2021 junto a Victoria Villarruel, quien es hoy candidata a vicepresidenta y tendrá a cargo las carteras de Seguridad y Defensa si llega al poder. El gran recorte estatal que planea —y que simboliza con una motosierra copiada al republicano estadounidense Rand Paul— exceptúa a esos ministerios. Villarruel, integrante de la familia militar, ha anticipado que ampliará su presupuesto.

Javier Milei, durante un evento el 24 de agosto.
Javier Milei, durante un evento el 24 de agosto.AGUSTIN MARCARIAN (REUTERS)

Es una alianza ventajosa para ambos: Milei atrae a votantes descontentos con las políticas económicas y Villarruel suma a los que se identifican con valores de extrema derecha, como antiabortistas y opositores a las demandas territoriales de las comunidades indígenas y a los derechos de las diversidades sexuales. Villarruel lo ayudó también a tejer alianzas con la ultraderecha mundial, en especial con el partido español Vox. Este domingo, en el búnker de La Libertad Avanza habrá integrantes de la formación liderada por Santiago Abascal y también el hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, Eduardo.

Milei es católico, pero el mayor cortocircuito con los fieles de esta Iglesia es su conflictiva relación con el papa Francisco. Tras haberlo tildado de “imbécil” y de “representante del maligno en la Tierra”, lo acusó unas semanas atrás de tener “afinidad por comunistas asesinos” y de violar los 10 mandamientos al defender la justicia social. Su padre ideológico, Alberto Benegas Lynch, pidió en el acto de cierre de campaña de Milei romper relaciones con el Vaticano, mientras el argentino siga al frente.

Milei se ve al final de ese largo camino de 40 años, como el exterminador de la inflación, como el dueño de “la única solución” para hacer de Argentina una potencia.

Tiene en contra a gran parte de la política tradicional, pero también a muchos economistas —que advierten que Argentina no tiene dólares suficientes ni acceso a crédito para dolarizarse— y a grandes empresarios. A finales de agosto, su discurso en el Council of Americas fue recibido con un silencio gélido, a diferencia de los aplausos que cosechó Bullrich. Hace dos semanas, decidió plantar al grupo empresarial Idea y organizó un almuerzo paralelo con casi un centenar de ellos. Uno de los que se presentó fue el expresidente del banco HSBC, Gabriel Martino, quien había formado parte del equipo del alcalde de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta. “Vos sos de Larreta”, le dijo al reconocerlo, un gesto criticado después por colegas de Martino. “Fue innecesario, a cuenta de nada. Te quedás pensando cómo actuará como presidente en un caso así y es inevitable pensar en listas negras”, murmuró uno de los presentes.

Milei comparte con el expresidente Carlos Menem la voluntad de privatizar las empresas públicas y reducir el gasto estatal, pero su trato a los opositores está en las antípodas. Menem, un encantador de serpientes, buscaba atraerlos a su bando; Milei, en cambio, dinamita puentes. “Menem le hubiera dado la bienvenida con un abrazo”, dijo otro empresario a raíz del desplante del candidato al banquero. En el cierre de campaña del viernes volvió a mostrar su desprecio a quienes piensan distinto. “Hay gente que no quiere cambiar, que no nos voten, porque no nos interesan. Que se queden con el fracaso y la decadencia”, proclamó. Su discurso es a todo o nada. Solo le servirá si gana en primera vuelta.

Entrevista con Jorge Asís

AL CIERRE….

No importa cómo se las mire, las elecciones que Argentina celebrará en unas horas, parecen desafiar la lógica política de Argentina, y de todas las últimas elecciones.

“Esta es la (elección) más disruptiva, la que produce un cambio más fuerte por lo menos desde 1946”, dice el analista político argentino Rosendo Fraga.
El contexto en que los argentinos elegirán a su futuro presidente, la mitad de sus diputados y un tercio del Senado es atípico en sí mismo.

Las elecciones se distinguen de anteriores porque, según las encuestas, esta vez no son dos sino tres los candidatos presidenciales con posibilidades de ser electos o pasar a un balotaje.

Que haya tres opciones con chances de ganar marca, a juicio de Fraga, la crisis del orden político que había en el país desde la irrupción del peronismo como fuerza dominante a mediados de la década de 1940.

“Desde entonces, la política argentina tuvo dos ejes: el peronismo y el antiperonismo”, señala.

“Esto es lo que ha cambiado en este momento: tuvimos una elección (primaria) de tres tercios y apareció un candidato que no es ni peronista ni anti-peronista, que es Milei”, agrega.

Si ninguno lograse ser electo el domingo con al menos 45% de los votos, o 40% y 10 puntos de ventaja sobre su seguidor inmediato, habría una segunda vuelta entre los dos que salgan primeros el 19 de noviembre.

La votación de Milei en las primarias al frente de su agrupación La Libertad Avanza también reta un viejo esquema en Argentina según el cual los pobres votan más al peronismo y los ricos al antiperonismo.

“Su voto atraviesa a todas las clases sociales”, sostiene D’Adamo.

“Inclusive», añade el reconocido analista, «llamativamente para lo que muchas personas interpretan desde la teoría, en Capital Federal que es donde debería haberle ido mejor, le fue peor”.

Sus promesas de dolarizar la economía y cerrar el Banco Central parecen haber calado en un electorado que va a las urnas con el gran telón de fondo del declive económico del país, con 40% de la población debajo de la línea de pobreza y una inflación anual que llegó a 138% en septiembre, según cifras oficiales.

Massa, funcionario y opositor
Con este panorama, que alguien con el cargo de Massa sea el candidato a suceder al impopular presidente Alberto Fernández por la coalición peronista en el gobierno, la Unión por la Patria, es visto como llamativo hasta por algunos de sus aliados regionales.

“Argentina es una cosa indescifrable”, dijo José “Pepe” Mujica, expresidente izquierdista de Uruguay, esta semana. “¿Cómo se explica usted que el ministro de Economía con una inflación como tiene la Argentina va a pelear la presidencia?”.

Su propia respuesta: “Porque tiene el respaldo de una cosa que no está conforme con él, pero que lo va a votar, que se llama peronismo. Porque ese animal existe: es una mitología que tiene el pueblo argentino. Entonces eso rompe todos los esquemas”.

Fundado por el general Juan Domingo Perón a mitad del siglo pasado, el peronismo ha tenido una enorme capacidad de regenerase políticamente.

Logró esa vigencia a pesar de todas sus divisiones internas o, incluso, gracias a ellas (a Perón se le atribuye la frase de que los peronistas son como los gatos: «parece que nos estamos peleando y en realidad nos estamos reproduciendo»).

Eso explica que Massa haya buscado un difícil equilibrio, mostrándose a la vez como representante y alternativa al gobierno que él integra.

El mes pasado declaró en el canal LN+ que, de los actuales miembros del gabinete, “por lo menos la mitad no serían ministros” con él como presidente.

También ha remarcado que asumió la conducción económica en medio de una emergencia, en vez de meterse “abajo de la cama”.

Aunque varias encuestas de intención de voto ubican a Massa segundo, es una incógnita cómo le impactarán finalmente el deterioro económico y escándalos recientes en la provincia de Buenos Aires, bastión peronista que concentra casi 40% de los votos.

Uno de esos escándalos fue la renuncia del jefe de gabinete provincial, Martín Insaurralde, de la misma coalición que Massa, después que se conocieran fotos que lo mostraban en Marbella a bordo de un lujoso yate de nombre “Bandido”, junto a una modelo y sirviendo champán.

En el último debate de candidatos presidenciales, ese caso fue mencionado con insistencia por Bullrich, exministra de Seguridad del gobierno de Mauricio Macri (2015-2019).

La capacidad del peronismo de reproducirse ha hecho también que muchos políticos peronistas terminen luego militando en filas de otros partidos.

A pesar de las declaraciones de Milei en contra de «la casta», la candidata de la coalición Juntos por el Cambio lo acusó de llenar sus listas con viejas figuras del aparato peronista como el sindicalista Luis Barrionuevo, autor de una de las frases más emblemáticas de la política argentina de los ’90: “Tenemos que tratar de no robar por lo menos dos años en este país”.

“Vos también tenés un montón de gente en tus listas que viene de otro lado”, le respondió Milei a Bullrich y la acusó de intentar lavar un pasado vinculado al grupo guerrillero Montoneros en la década de 1970.

Si bien reconoce su pasaje por la Juventud Peronista, que reivindicaba a Montoneros, Bullrich niega haber pertenecido a esta organización armada y dice que realizó una autocrítica sobre el uso de la violencia en política.

Pese a las diferencias ideológicas entre ambos, a menudo compara su actitud con la de Mujica, quien perteneció a la guerrilla uruguaya Tupamaros.

En campaña, Bullrich ha dicho que «el objetivo es terminar con el kirchnerismo», la facción peronista nacida con los expresidentes Néstor y Cristina Kirchner, actual vicepresidenta del país.

Sin embargo, necesitaría los votos kirchneristas si pasara a segunda vuelta y en frente tuviera a Milei.

En los debates por la presidencia argentina hubo más ataques personales que propuestas concretas e incluyeron la participación de los dos candidatos que figuran relegados en las encuestas: el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, y la izquierdista Myriam Bregman.

Pero, al cumplirse 40 años desde la recuperación de la democracia en Argentina, la actual campaña también refleja algo positivo según D’Adamo: “que las cosas las arreglamos votando y no nos vamos a andar matando por ahí”.

“La idea de que la democracia es el sistema con el cual elegimos el camino a seguir está establecida”, reflexiona el analista.

Pero, agrega, “la idea de que la democracia es el sistema por el cual resolvemos efectivamente nuestros problemas, no lo está”.

Paradojas de la política, el extremismo de Milei ha colocado a Bullrich en el centro del espectro. Se ha quedado fuera incluso de la estela conservadora que recorre la región, con figuras de peso como el brasileño Jair Bolsonaro, Nayib Bukele en El Salvador o José Antonio Kast en Chile. Un Bolsonaro estará este domingo en Buenos Aires, pero irá a la sede de campaña de Milei.

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