Escribe : Isaac Bigio (*)

Un gran escándalo se viene generando a raíz de que Víctor Polay ha presentado una denuncia por tortura y maltrato como preso sentenciado por terrorismo. Los fujimoristas quieren valerse de ello para demandar que el Perú se salga de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Esa disputa muestra el alto grado de disparidad en el trato que se les da a los condenados por terrorismo. A quienes estuvieron con la dictadura más corrupta de los últimos tiempos se les recluye en cárceles doradas, como a Vladimiro Montesinos y, en especial, al extirano Alberto Fujimori. En cambio, a muchos subversivos que emplearon el terrorismo individual contra estos, se les puede enterrar hasta en condiciones sub-humanas. Es más, en 1986, Alan García sofocó a un motín en 3 penales, ejecutando extrajudicialmente a unos 300 senderistas y arrasando con el Frontón.

Dureza contra los subversivos.

No se trata de defender al MRTA y al PCP-SL, quienes se levantaron en armas al margen y en contra del movimiento obrero y popular, los mismos que ayudaron a debilitar a las organizaciones sindicales, campesinas y sociales y a provocar a la represión y militarización. Lo que resaltamos es el trato desigual que se da a Fujimori frente a los jefes de las 2 mayores organizaciones calificadas oficialmente como terroristas.
A Abimael Guzmán, mesías del PCP-SL, se le dejó morir solo, sin que pueda recibir la visita de su esposa en sus últimos meses y sin que ella disponga de su cadáver, el cual fue incinerado y dispersado al mar, haciendo que la democracia peruana sea la primera del mundo en aplicar tal pena de post-muerte.
A Víctor Polay, caudillo del MRTA, según El País de España, sus abogados, incluyendo a Javier Valle Riestra (ex primer ministro de Fujimori), denuncian que cuando estaba en las frías alturas de Yanamayo (Puno), se le torturó con golpes y electricidad, que mientras era trasladado en helicóptero a Lima “fue alzado en vilo amagando que lo arrojarían al vacío”, que “estuvo confinado en una celda con la estructura de una tumba, sin puertas ni ventanas, con solamente una abertura en el techo”, que “existía una prohibición de conceder entrevistas y conversaciones acerca de su situación penal y jurídica”, que “por 13 años se le impidió su derecho constitucional a la libertad de culto, pues se le negaba el acceso a un sacerdote o consejero espiritual” y que “tampoco se le permitió ejercer su derecho a visita íntima de pareja, así como la redención de la pena por el trabajo o estudios”.

Guante de seda para el tirano.

La situación de Alberto Fujimori es lo contrapuesto. Poco antes del 28 de julio, cuando él y el Perú celebraron sus respectivos cumpleaños, al reo más caro del país se le vio en el otro lado de la ciudad entrando a un spa naranja (del mismo color de su partido, una muestra de que el propietario de este es militante de Fuerza Popular). Quien siempre busca presionar para su libertad presentándose como un inválido moribundo, se le vio caminando muy bien sin muletas, silla de ruedas, bastones y hasta sin esposas. La cabeza del penal de Barbadillo ha confesado que son varias veces que a él se le permite salir de allí.
Fujimori es el preso más caro del Perú (y posiblemente de toda la historia nacional), además de ser el que más deudas tiene con el fisco y el que tiene más riquezas acumuladas. Según la BBC, «entre 2011 y 2015 se calculó que el gobierno gastaba unos US$107.632 al año en Barbadillo. Para 2020, había aumentado en más de un 60%.». Para entonces, «se invirtió unos US$172.000, una cifra 57 veces mayor que la cantidad que destinó de forma individual para el resto de los presos en otras penitenciarías comunes. Datos del INPE sugieren que, mientras en la mayoría de las cárceles del país existe un empleado por cada nueve reos, donde está Fujimori hay una veintena de trabajadores solo para él.» Allí, él puede «recibir decenas de visitas por día», incluyendo «juntas partidistas».
Su prisión consta de 800 metros cuadrados, un espacio descomunal para un solo individuo, algo que no lo tiene el 99% de los peruanos. En esta, Fujimori tiene varias habitaciones, consultorio médico, sala de mensajes, área de recreo, jardines, parcela, caballete para pintar, cocina equipada con refrigerador, microondas y lavadero, baño con inodoro y calefacción, TV 4K y cama ortopédica.
Fujimori es el reo que más crímenes, terrorismo, asesinatos en masa y robos ha hecho a los peruanos. Sin embargo, él vive como un «rey» en comparación al hacinamiento del resto de presos. Los partidarios del exdictador quieren su libertad, mientras que a sus rivales bajo rejas puedan estar bajo condiciones infrahumanas.
De hecho, Fujimori vive mejor que los otros 2 expresidentes que están en Barbadillo (Pedro Castillo y Alejandro Toledo), a pesar de que el primero no ha sido condenado y solo tiene prisión preventiva.
Fujimori no estará en el poder, pero sus seguidores siguen manejando los hilos de los 3 poderes del Perú.

Isaac Bigio. Politólogo economista e historiador con grados y postgrados en la London School of Economics & Political Sciences.

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