El animal más pesado de la historia ha sido uno peruano. .

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Escribe : Isaac Bigio (*)

Se acaba de anunciar el descubrimiento del animal más pesado de todos los tiempos. Es el primero que se haya encontrado que pudiese haber llegado a las 200 toneladas, el equivalente de más de 33 elefantes adultos o de unas 2 manadas de estos paquidermos, quienes son hoy los mayores animales que caminan sobre la tierra.


Como sus restos han sido encontrados en el desierto de Ica, al sur del Perú, se le ha bautizado como Perucetus Colosus, lo que en latín significa la «ballena colosal del Perú». Ha sido un tipo de basilosaurio, uno de los primeros mamíferos en convertirse en seres totalmente acuáticos, y que es parte de la familia de los muy hábiles e inteligentes cetáceos, donde están los delfines, orcas y ballenas.
Se han desenterrado 18 huesos, 13 de ellos vértebras que pesan cada entre 100 y 200 kilos, lo cual puede darnos una muestra del volumen de estas bestias marinas. Según la BBC, se estima que los perucetums hayan pesado entre 85 y 320 toneladas. Al Yazeera y Daily Telegraph especulan de que la ballena colosal peruana haya llegado hasta las 340 toneladas. Para este último, que es el diario del oficialismo británico, esto implicaría que dicho animal es 25% más pesado que el mayor avión de pasajeros.
Hasta ahora la ciencia ha venido afirmando que el mayor animal que haya tenido nuestro planeta es uno que sobrevive y se llama la ballena azul. Esta ballena hoy, después del holocausto de su indiscriminada caza masiva, solo alcanza unas 150 toneladas, mientras que el peracetus podría pesar al menos un tercio más.


El mayor animal que haya caminado sobre la superficie terrestre fue el Argentinosaurio, que vivió en el mismo continente sudamericano, pero hace unos 95 millones de años, mientras que el ejemplar hallado del paracetus tiene unos 37 millones de años, es decir, menos de la mitad de su antigüedad. No obstante, el Argentinosaurio solamente llegó a pasar 76 toneladas, una tercera parte del perucetus.

Ballena peruana vs ballena azul.

En el principal museo de historia natural del mundo, el de Londres, hay un ejemplar de la ballena azul al que le llaman «Hope» (o Esperanza) y cuyo esqueleto está colgado debajo del techo de esta catedral de las ciencias biológicas. Además, hay un salón enorme presidido por una réplica exacta de una ballena azul. A pesar de que se estima que este cetáceo podría ser, tal vez, de mayor tamaño que el perucetus, los científicos estiman que este último puede haber sido hasta 3 veces más pesado que «Hope».
Esto se debe a la estructura tan densa de los huesos del perucetus, los cuales, aparentemente, le inhabilitarían para poder navegar en alta mar entre varios océanos (como pasa con los cachalotes y otros grandes cetáceos de la actualidad), y, más bien, podrían demostrar que su muy pesada estructura ósea estaba rodeada de mucha grasa y que estaba destinado a flotar en aguas poco profundas y cercanas a la costa.
Mientras los hipopótamos pasan la mayor parte del tiempo bajo el agua comiendo vegetación, hay otros mamíferos que ya han adquirido una vida 100% sin salir a caminar a la superficie, como es el caso de los sirenoiodes que habitan en aguas pocas profundas (vacas acuáticas como el dugongo y el manatí). Al igual que estos, el perucetus habría sido vivido a poca profundidad y desplazándose con poca velocidad.


No se le ha encontrado su cabeza o su cola, por lo que no se puede precisar bien sus dimensiones y volumen. Tampoco se puede saber de qué se alimentaba (de algas, peces, crustáceos u alguna otra especie extinta que no ha dejado rastros).
Este animal podría destronar del trono al rey de los animales. Este no es el león, sino la ballena azul. Cada perucetus podría pesar la suma de entre 200 y 300 leones juntos.
Su descubridor, Mario Urbina Schmitt, nos dice que solo se ha encontrado un ejemplar, pero que hay otras especies similares que se pueden venir destapando. No se puede descartar que se encuentren otras ballenas que sean incluso de mayor volumen.

Dramas.

Urbina, con quien nos conocemos desde muy chicos (pues somos parientes directos), es visto como el más conocido paleontólogo peruano, aunque es un autodidacta sin formación universitaria. Sus excavaciones también las hace sin mayor apoyo público. Esta situación contrasta con la de Argentina, la cual invierte en muchos proyectos que han terminado desenterrando a los mayores animales terrestres herbívoros y carnívoros que se conocen.
Mientras hoy, en el museo de historia natural de Londres se ha creado un salón especial para exhibir la copia exacta de un titanosoaurio de la Patagonia de más de 30 metros de largo, al cual se le ha rodeado de numerosas vitrinas, pantallas y hasta actividades para que aprendan todas las generaciones, nunca ningún ejemplar peruano ha logrado tal sitial.
Si hubiera más fondos, se podrían encontrar nuevos especímenes en el desierto de Ocucaje, donde ya se han desenterrado otros fósiles significativos, incluyendo el pingüino inca, el más alto que se conoce.


Un drama similar ocurre en la arqueología. Pese a la importancia de Caral, que es la civilización más antigua de las Américas, decrece el presupuesto asignado a esta (al igual que la mano de obra). En una reciente visita a dicha zona pude constatar como hay decenas de otras edificaciones que permanecen descuidadas (algunos agricultores prefieren demolerlas a fin de evitar ser expropiados). El caso de la hermosa Bandurria es patético. Pese a que tiene una increíble vista y que su antigüedad puede ser mayor que la de Caral, esta no tiene a un equipo que le venga excavando.
El descuido a nuestro pasado afecta a nuestro presente y complica nuestro futuro. Una sociedad que se quiere a sí misma debe estar interesada en encontrar sus raíces y en publicitarlas.

(*) Isaac Bigio. Politólogo economista e historiador con grados y postgrados en la London School of Economics.

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