Escribe : Oliver Stark

Wolfgang Bok, comentarista invitado del periódico suizo NZZ (Neue Zürcher Zeitung) acaba de publicar un buen artículo sobre lo que yo llamo el
acojudamiento de occidente pero que en palabras de tan célebre medio europeo y comentarista invitado se viene a denominar como el servilismo del centro político europeo (y mundial).

Bok hace uso de una figura metafórica y describe un típico conjunto habitacional europeo en donde viven ciudadanos de clase media cristianos con familias bien establecidas que cuidan a sus hijos menores, los llevan al colegio y desarrollan una vida que hasta ahora se consideraba normal.

De un día al otro uno de los propietarios de los departamentos decide alquilar su propiedad a una comunidad de jóvenes progres pro derechos LGBTI e inmigración. Son jóvenes idealistas como todos los fuimos alguna vez y así se lo hacen saber al resto de los inquilinos primero de manera pacífica colocando la bandera del arco iris en una de las ventanas del edificio.

Después de una semana estos mismos nuevos inquilinos abren la reja de entrada al edificio y la dejan abierta poniendo un cartel con vivos colores en donde se puede leer “Refugees Welcome”.

En el jardín con árboles de la entrada, donde antes las autoridades municipales habían prohibido a los propietarios originales hacer ampliaciones, los jóvenes progre instalan un container de metal que ellos afirman debe servir como refugio para inmigrantes refugiados. También han cambiado motu proprio el nombre de la calle en la que viven, la calle Bismarck, por el de Abimbola, inmigrante nigeriano recientemente fallecido en su viaje entre Libia y Europa porque su embarcación alquilada a traficantes de humanos se hundió.

Después de estar de observadores por meses uno de los inquilinos originales levanta su voz y se queja del desorden, la suciedad y el peligro al que estaban expuestos sus hijos pero fue inmediatamente tildado de Nazi y facho. Si insistía tomarían medidas en su contra por no ser solidario.

Mientras el resto de los inquilinos se sometían cobardemente con su silencio e inacción a esta lenta conversión de una minoría en mayoría, en el edificio ya parecía que los únicos temas que importaban eran la solidaridad al inmigrante y los derechos de las minorías LGBTI. La iglesia, las asociaciones y la administración municipal, todos parecían no darse cuenta y más bien les concedían a las minorías cada vez más espacio. Lo que se inició como un inocente e inofensivo grupo progre ahora a través de su narrativa solidaria-caviar de superioridad moral, se había convertido en una fuerza cada vez más difícil de desactivar y habían tomado el control del edificio. La minoría había declarado ser mayoría y a eso le llamaban democracia, o sea el que se oponía a ellos era un anti demócrata, un facho, un maldito Nazi.

Sociólogos como Elizabeth Noelle-Neumann y el psicólogo social Paul Watzlawick que ya estudian esto desde hace años afirman que este es un fenómeno llamado la espiral del silencio o la ceguera y tiene que ver con una tristemente cada vez más célebre costumbre de no querer expresar lo que realmente uno cree o lo que siente. A esta especie de servilismo moral y la mala costumbre de no querer llamar las cosas por su nombre es que han adherido muchos partidos del llamado centro y centro derecha o demócratas cristianos en occidente. La no-comunicación, manifiestan, viene siendo usada cada vez más y no parecen darse cuenta que al no oponerse claramente al “wokism” se hacen cómplices.  Muestras las tenemos en todo el mundo occidental hoy amenazado por una multipolaridad que no tuviera nada de malo si no fuera porque amenaza obligarnos a cambiar un modelo de vida que todos, yo por lo menos, no estamos dispuestos a cambiar, el de la libertad. Nada mejor que la imagen adjunta para graficar lo dicho..

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te pueden interesar