Escribe : Oliver Stark

El muy vigente y actual tema de la corrupción en el Perú no es único. La corrupción es un problema de seguridad nacional, de desarrollo económico y de estabilidad política que abre las puertas a criminales, traficantes y terroristas como acabamos de ver en Perú. Se hace imprescindible derrotar ese flagelo si pretendemos ser algo en el contexto mundial o quedarnos en nuestro puesto 101 (de 180) del ranking internacional de corrupción (rojo más corrupto/verde menos corrupto).

Países tan disímiles como Rumanía y Singapur así como Hong Kong la han sufrido, y peor que Perú. Es más, la corrupción ha causado muertes y fusilamientos después de procedimientos sumarísimos que acá con nuestra proverbial tendencia al agua tibia ni sabemos lo que son.

En Rumanía un dictador comunista llamado Nicolae Ceausescu que se la daba de independiente del dominio soviético de entonces, tenía la manía de cobrar coimas a través de obras monumentales como el parlamento más grande del mundo que él mandó construir en Bucarest. En un video de YouTube que dio la vuelta al mundo Ceausescu y su esposa terminaron fulminados por una ráfaga de metralleta de sus leales soldados.  El sucesor de Ceausescu, Ion Iliescu, su lugarteniente en el partido comunista rumano pero ahora llevado por las circunstancias a una conveniente oposición a su jefe, logró más que sobrevivir los efectos post-comunistas.

Terminó como héroe de la jornada y nuevo presidente de Rumanía al mando de lo que se llamó el partido socialdemócrata rumano, todo un logro de consistencia ideológica. Iliescu ya en el poder con todos sus ex camaradas en posiciones gubernamentales no hizo más que extender el reino de la corrupción instaurado por su antecesor, ahora en beneficio propio. En Rumanía hasta entrados los años 90 era usual conseguir la conexión de luz de las entonces empresas públicas a cargo por unas botellas de whisky o el recojo de la basura por unos puros cubanos.  Todo era coima y favores a todo nivel hasta que sucedió algo importante. Una discoteca en Bucarest se incendió y murieron 27 jóvenes inocentes porque el dueño había coimeado a los encargados de la licencia y el lugar no cumplía con las mínimas normas de seguridad, similar a nuestro caso Utopía en Perú. Eso desencadenó una ola de indignación entre los rumanos que hizo que se cree una autoridad nacional autónoma anti-corrupción, llamada la Directia Nationala Anticorruptie o DNA. Al mando pusieron a una ex basquetbolista profesional, ex fiscal y abogada cuyo nombre es Laura Codruta quien en cuestión de meses comenzó a limpiar al país. Con un mandato que le dio carta libre para meter a la cárcel a corruptos y sus parientes y simplificó tremendamente los procedimientos, más de 1000 funcionarios de alto nivel terminaron presos. El pueblo finalmente tuvo un organismo estatal al que se le respetó tal como sucede acá con el BCR.

Lamentablemente el imperio contraatacó y entre las perlas que encontramos al releer la historia de la corrupción rumana encontramos que el parlamento propuso sacar una ley de amnistía que legalizaba las coimas de “hasta 40,000 Euros” bajo la excusa que “las cárceles estaban muy llenas y no podían albergar más corruptos”. La Sra Codruta de impecable rendimiento al frente de la DNA y reorganizado Ministerio Público fue destituida del cargo en una movida que trae preocupantes analogías con el Perú.

En reconocimiento a sus importantes aportes a la lucha anticorrupción Laura Codruta fue elegida casi unánimemente como la encargada de organizar una nueva Fiscalía Europea (EPPO) organismo que se encarga de la lucha anticorrupción a nivel de comunidad europea. Entró en funciones en junio del año 2021.   

Creo que el Perú debe emular el esfuerzo creando una agencia anticorrupción al estilo DNA rumana o ICAC (Hong Kong) o CPIB (Singapur) para acabar con una amenaza que de no ser eliminada nos colocaría en el nefasto ranking de los países no viables del mundo.

Oliver Stark

Abril 2023

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