ALEMANIA ROMPE EL MALEFICIO : GANA A ITALIA Y YA ES SEMIFINALISTA EN LA EUROCOPA..!

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Tuvo, que bregar duro Alemania.  Pero  luego de muy luchados 120  minutos.  Al fin pudo romper el maleficio.  Y  en ronda extendida y fatídica de penales,  se impuso con el disparo de Hector  a una siempre luchadora Italia,  que vendió cara su derrota.

En Eurocopas y Mundiales,   Italia y Alemania,  sumaban hasta hoy seis enfrentamientos. En ninguno había  ganado Alemania por culpa  de su «bestia negra».

 

Tal vez, el match mas recordado  entre estos ilustres rivales,  aconteció en el Mundial de México 1970, en semifinales. En el estadio Azteca, ante 105.000 espectadores, Alemania e Italia ofrecieron un espectáculo soberbio.

 

Primero Roberto Boninsegna adelantó a Italia y, cuando el partido agonizaba, Alemania, con un tanto de Karl Heinz Schnellinger, empató y llevó a los dos equipos a la prórroga. Entonces, se desató una orgía goleadora con alternativas en el marcador. En el minuto 95, Müller adelantó a la «Mannschaft». Tarcisio Burgnich y  Gigi  Riva dieron la vuelta al marcador. Müller volvió a hacer tablas y en el 111,  Gianni Rivera sentenció a favor de Italia, que ganó finalmente 4-3.

 

El último precedente,  en la última Eurocopa,  Italia se impuso con dos goles  del  Matador Balotelli.   Y en el último Mundial que se enfrentaron   en las semifinales de Alemania  2006,  con   Andrea Pirlo, Gianluigi Buffon, Andrea Barzagli y Daniele Rossi que sobreviven en la actual selección italiana. Los cuatro estaban en ese equipo que doblegó a los germanos una vez más. Ganaron 2-0 y pasaron a una final que luego ganarían a Francia. Fue una victoria más de muchas. Italia nunca parece favorita, pero al final siempre terminaba ganando a Alemania.

 

Por ello,  a   esta espartaca Italia había que sacarla de Francia con fórceps. Así fue, un asunto de titanes. Alemania, la campeona del mundo, necesitó 120 minutos y una tanda infinita de 18 penaltis para fundir a quien jamás había derrotado en un gran campeonato. Rompió la maldición cuando ya era medianoche y desde tres horas antes los alemanes tuvieron que anudarse la garganta. Solo se aliviaron cuando Hector embocó el penalti final bajo los brazos de Buffon. Cuestión de centímetros, lo que en el fútbol conduce a la cima o al exilio. A la rueda de fusilamiento se llegó tras un partido que exigió a todos hasta lo que no tenían. Un choque muy extenuante, muy estudiado por ambos banquillos, batallado metro a metro, y con un desenlace tremendo, el encuentro con más penaltis en la historia del campeonato.

El máximo suspenso del fútbol y con los mejores actores posibles bajo los tres palos: el glorioso ayer de  Buffon, de 38 años, y el fantástico presente de Neuer, de 30. Uno detuvo el italiano, dos el alemán. Otros cuatro también volaron, fuera o al poste. Alemania rompió la tradicional victoria italiana, pero cumplió con una costumbre. Ha triunfado en seis de las siete tandas de penaltis que ha tenido por delante a lo largo de su historia. Solo se la birló un autor eterno, el checo Panenka en la final de la Eurocopa de 1976. De hecho, ni un alemán había fallado los últimos 23 lanzamientos en estas suertes. No es lo que mejor domina Italia, que ha perdido siete de once tandas. Nadie ha caído tantas veces.

 

Como opina  la crítica  especializada,  la receta de Alemania no fue ser Alemania o España, sino convertirse en Italia. El equipo de Conte se ganó mucho respeto ante los españoles y Löw tomó nota, prescindió de Draxler en la media punta y envió  a Höwedes para alistar a tres centrales. También a la italiana, ordenó a Kimmich y Hector, sus laterales, empotrarse contra sus pares adversarios. La Azzurra no alteró una coma de su pizarra, mantuvo sus esencias, por mucho que De Rossi, y su suplente Motta, fueran bajas. Dos ausencias que, sumadas a las de Verratti y Marchisio, los cuatro jugadores de la zona Pirlo, obligaron a Conte a improvisar con Parolo como bisagra. A Italia no le sobran futbolistas, pero se las apaña. En este caso, ante el intrascendente Parolo, quien hizo gravitar el juego fue Bonucci, de largo el mejor de la noche, un defensa con vista para todo, ya sea como arquitecto desde la cueva o como dique y corrector de sus compañeros de retaguardia. Le toca incluso lanzar los penaltis, lo que no es asunto menor con lo que impone Neuer, al que superó una vez en el partido y con el que no pudo en la ronda de lanzamientos decisiva.

 

Pese al bloqueo propuesto en los dos bandos, nadie optó por rifar el Balón con pelotazos a la atmósfera. Para no sortear la No.  5, el único remedio era el riesgo, que ante la presión alta de cada cual los porteros afinaran las botines  y hicieran lujos, lo mismo que los zagueros.

 

Sin avisos en las áreas durante casi todo el primer acto, el partido resultó ajedrecístico. El balón estrujado por las pizarras, con más gobierno alemán y una Italia supeditada al contragolpe. No lo arregló Schweinsteiger, relevo de Khedira, lesionado al cuarto de hora tras un choque involuntario con Chiellini, su compañero en la Juventus. Hace tiempo que el jugador del United solo es un peso pesado, rígido como está. Solo puede espantar rivales a empujones, como hizo con De Sciglio. Ya no puede disimular, así que el árbitro le pilló y anuló el gol con buen criterio.

 

 

Enriquecedor en lo táctico, para los no académicos al encuentro le faltaba algún relámpago. Sin un remate siquiera a la tribuna superior hubo que esperar casi hasta el intermedio para que saltara una chispa.

 

Boateng mete la pata y las manos

 

El segundo acto tuvo volumen, fue más abierto. Alemania tuvo soltura, con más fogonazos de Özil, con Kroos más dispuesto al juego y menos a la intendencia. Italia cada vez necesitaba exprimirse más cerca de Buffon. Müller, al que la selección solía iluminarle el gol, lo que le sustenta en el fútbol, tampoco hizo diana en un disparo que le interfirió Florenzi. Él fue precisamente quien posibilitó, en buena medida, el tanto de apertura alemán. Un mal despeje que le encontró desubicado, permitió a Mario Gómez por la izquierda,  la llegada de Hector, quien centró cortado,  para la  llegada precisa  de Ozil.

 

En desventaja, a Italia le correspondía adelantarse.  Tras una oportunidad de Mario Gómez sofocada por Chiellini, Pellé, asustó a Neuer con zurdazo desviado por un palmo.  Hasta que  llegó el manotazo involuntario  de Boateng,  que Bonucci convirtió sobre Neuer.

Italia se tomó el empate como una victoria sublime. La compungida fue Alemania, a la que se le vinieron en mente todos sus fantasmas en los duelos oficiales con los azules. Para los italianos, cuando más heroicidad requiera la trama, mejor. Les encanta el papel de resistentes. Lo sabe su gente, que en la prórroga, con los futbolistas derrengados por el supremo esfuerzo, festejaba en la grada la inminencia de los penaltis. Solo así, y tras 18 lanzamientos de infarto, pudo Alemania por fin despachar a esta guerrera Italia. Lo suyo le costó. Ni más ni menos que tres horas de agonía.

 

LOS PENALEROS

 

En la serie desde los 12 pasos, Alemania triunfó definitivamente,   6-5. Anotaron Kroos, Draxler, Hummels, Kimmich, Boateng y Hector. Fallaron Muller y Schweinsteiger. Por su parte, en Italia convirtieron Insigne, Barzagli, Giaccherini, Parolo y De Sciglio. Fallaron Zaza, Pellé y Bonucci.

 

 

 

 

 

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