PAOLO : EL LIDERAZGO Y LA GLORIA..!!

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PAOLO  :  EL  LIDERAZGO  Y LA GLORIA

 

Discrepamos  de los comentarios  de  Daniel  Peredo  y  de Flavio  Maestri  que  indicaron  en  TV,   que Paolo  debió  haber iniciado la ronda de penales,   en la “muerte súbita”  de ayer,  la ronda de penales final del Perú-Colombia.  Es cierto,  si durante los 90 reglamentarios,  se hubiese producido una pena máxima.  De seguro,  el indicado a disparar el penal  hubiese sido Paolo.

Pero distinta  era la situación en los  penales de definición.  Aquí  el quinto.  Representaba el Liderazgo del equipo.  Y,  sobretodo :  La Gloria.  Está  pensado  para no sólo el Goleador.  Sino esta pensado para el  Líder.  El que cierra la ronda.  Es el indicado  para alcanzar  la gloria para todos.

Así  ocurrió recientemente,  con la definición en la Champions, por penales.  Cristiano Ronaldo,  fue el indicado  para sellar el triunfo del Real,  frente al Atlético.  Y  alcanzar la gloria para su Equipo.   De la misma manera, que en caso contrario  hubiese estado  Fernando Torres  otro “9”  mundial de Antología,  por el Atleti.

A  Paolo le hubiese  correspondido  ese Lugar, que no se alcanzó  por el fallo de Trauco y  sobretodo de Cueva.

De que hubiese valido que Paolo iniciara,  si luego dos perdían detrás.  De nada.  La Pulga Rui Díaz,  además.  Otro  “9”  fue un excelente iniciador.

Donde  falló  y grande  Gareca.  Fue  cuando no  confió  en Benavente.  Quien debió disparar el 2do o 3er penal.  Como Gareca  no presenció lo que todo el Perú conoce.  La excelente campaña de Benavente,  con la Sub 20 Sudamericana.  Donde Benavente precisamente disparaba los penales.  Algo que parece Ñol Solano,  también o estuvo en el extranjero.  O no supo asesorar convenientemente al DT de Perú.

Además,  si  los penales venían después de los 90.  Debió haber ingresado en  los últimos  minutos,  por Cueva u otro,    el  Beto  Da  Silva,  otro “9”  hecho para “mojar” en penales.

En fin,  así se dio la suerte.  Estaba para cualquiera.  Pero no haber tenido una clara estrategia de los disparos de penal,  como lo ha confesado el propio Paolo.  Es una responsabilidad principalísima de Gareca y de Solano.

Presentamos a continuación.  Ya alejados  de  la fiebre de las primeras horas,  desapasionados análisis sobre el Match de ayer, que liquidó  la suerte de Perú.  Escritos por la redacción principal del muy importante Diario Español  EL PAIS  y por Horacio Zimmerman  Editor de Depor de EL COMERCIO peruano.

 

 

Horacio Zimmerman  Editor Web  DEPOR –  EL  COMERCIO

“El esfuerzo. Sobrevalorado. El esfuerzo es un factor implícito: debe estar siempre y no ser una excepción de halago. La exagerada estimación de este elemento se da en gran parte porque a lo largo del tiempo el equipo ha sido acusado de tener fragilidad anímica. Y en este torneo Perú mostró un perfil opuesto, aunque siempre en relación al aspecto defensivo. Y quizás allí podemos reprochar al equipo que haya puesto tanto énfasis al servicio de la recuperación y poco al de la elaboración. Por ejemplo, ayer ante Colombia, el equipo dio la sensación que pensaba en defender incluso cuando tenía la pelota (y así es difícil ganar).

 

Perú jugó a evitar el error. El equipo asumió inferioridad frente a selecciones que en el papel son mejores por calidad individual. La selección estaba tan advertida del oponente, que se preparó para impedir que juegue. Y a eso contestó con un alto grado de compromiso, porque entendió que en el plano futbolístico no alcanzaba. O no era suficiente. Es válido, sí, a todas luces. Sobre todo porque Gareca utilizó recursos al alcance de su mano. Se logró neutralizar en gran parte a los rivales, pero también se tomó un riesgo: someter a reiteradas pruebas al montaje defensivo, que en esta Copa América respondió con estatura. Y cuando no, sucedió algo a lo que no estamos acostumbrados: el equipo consiguió que el rival no lo supere en el resultado cuando el trámite era desfavorable (como en el primer tiempo ante Brasil). Y en esto último tiene que ver mucho Gallese, que no terminó siendo figura por gusto.

 

En conclusión, y como explicó Diego Latorre, la bicolor fue eficiente en el orden y tuvo mayor estabilidad defensiva. Fue una orquesta bastante afinada en ese sentido. Y tiene mérito. Del comando técnico y de los jugadores. Que a este equipo, nuevo o no, nadie haya podido ganar en noventa minutos, ni los amistosos “fáciles” ni los partidos de verdad, sustenta el buen trabajo táctico que se realizó en defensa.

 

Sin embargo, realizar una valoración exagerada del esfuerzo solo cuando pierdes es dejar de lado la otra mitad del análisis que concierne a la elaboración, precisamente una de las primeras cosas que Gareca reconoció tras el partido contra Colombia: “Nos faltó juego”, admitió en relación al aspecto ofensivo. Y esto sucede en gran medida porque el público en general se conmueve frente a la manifestación de entrega y sacrificio luego de una derrota. Es parte de una mala práctica que se da en todas partes del mundo. Porque cuando ganas, no se revisa por qué lo hiciste. Se ganó y punto. Sea con una mano o no.

 

La deuda, entonces, concluimos que estuvo en el ataque. En la organización de juego. En ese terreno, Perú fue un equipo predecible y sin disposición para desmarcar con orden, o de manera combinada, salvo en los 25 primeros minutos contra Ecuador, en la que se conjugó defender bien con atacar bien. La acción individual se convirtió en la única alternativa, dejando en la inspiración la resolución de las situaciones de ataque.

 

A cada recuperación de Perú, en la gran mayoría de casos, le siguió una salida larga buscando a Guerrero, lo que generó una dependencia nociva del delantero de Flamengo. Al no encontrar opciones claras en la asociación, se intentó el pase a Paolo por necesidad. Por el contrario, nunca se le pudo habilitar perfilado al arco rival. Se jugó siempre pelotas divididas. Trabadas. Por ese motivo, se crearon pocas situaciones de gol (y no es lo mismo aproximar que generar). No se equivocan quienes concluyen que en gran medida el rival nos neutralizó. No obstante, las limitaciones debemos enfocarlas a un demérito propio antes que a un acierto del oponente. De lo contrario, nos estaremos negando a asumir errores.

 

En la medida que sea posible, Perú debería trabajar para repetir lo hecho en los primeros minutos contra Ecuador, un tiempo determinado en el que dio señas de espectáculo. Con trabajo y tiempo, esperamos que así sea. Salvo que nos queramos quedar con el ratoneo de Markarián.”

 

ASI  VIÓ  EL  PAÍS  DE ESPAÑA  EL  PERÚ-COLOMBIA

 

“Se aferraba Colombia a las botas de James, de Cuadrado, de Bacca, cuando aparecieron las de Ospina, un gigante de hielo, para despejar un penalti y llevar a la selección a un paso de la final de la Copa América. No fue hasta la muerte súbita cuando la superioridad colombiana se impuso a una Perú corajuda, pero carente de fútbol. Ausentes en sus equipos (Real Madrid y Arsenal), James y Ospina se vuelven determinantes cuando se enfundan la piel de la selección. Una vendetta con la que goza todo un país.

 

No especuló Pékerman ante Perú y apostó por la nómina previsible con el aporte de Carlos Sánchez para afianzar la medular. La Roca se ha convertido con el tiempo en uno de los jugadores más sólidos de Colombia, acaso también del torneo en sus apariciones. Se apoderó Sánchez del centro del campo y cortó la salida de Perú, obligando a los de Gareca a desplegar las alas como única vía para crear peligro ante Ospina.

 

Minó Perú el campo y el colegiado consintió quizás sobremanera la excesiva dureza del cuadro de Gareca. A los 15 minutos ya cargaban con ocho faltas, sin ninguna amonestación, por las dos de los colombianos. Cortaban los peruanos de cuajo cualquier atisbo de creación por parte de Colombia con la venia del juez del partido. No impidió, sin embargo, que la primera mitad se convirtiese en un monólogo de los de Pékerman, un soliloquio en vano pues no terminaba de rematar Colombia un partido que navegaba con viento a favor.

 

El tridente James-Cuadrado-Bacca, la mordiente de la tricolor, fue un quebradero de cabeza para los peruanos hasta pasada la mitad del primer tiempo. El clímax del buen juego colombiano llegó con una ocasión de James desde fuera del área. Un zambombazo del capitán con la derecha, su supuesta pierna mala, cogió adelantado a Gallese y solo la cepa del poste salvó a Perú del primer gol. Un punto de inflexión en el partido. A partir de entonces, la superioridad colombiana, pero sobre todo el peligro, se fue diluyendo. Sus mejores cromos se dedicaron a hacer la guerra por su cuenta y la falta de combinaciones fue letal para los intereses cafeteros. Perú, mientras, se mostraba como el malvado de la película que acaricia un gato mientras sonríe a sabiendas de que el peligro terminará por llegar: esperaba atrás Perú, desquiciaba a Colombia con las faltas y se confiaba a Cueva y Guerrero a la contra.

 

La vuelta de los camerinos no supuso mucho cambio en los planteamientos de ambos equipos. Corrían los minutos y la intensidad del partido decaía, para deleite de Perú, cada vez más cómoda sobre el tapete, sin ninguna algarabía en su hacer. El juego andino se basaba en balonazos de Gallese que caían como losas sobre el ataque.

 

El planteamiento de Gareca, sin embargo, neutralizó a Colombia. Carente de ideas y cada vez con menos oxígeno, los de Pékerman confiaban su futuro a la garra que se dejó en el vestuario Perú. James y Cuadrado se echaban el equipo encima, pero faltaba templanza a la hora de dirigir y combinar. Murió la creatividad colombiana al tiempo que Bacca penaba en la punta de ataque, lento, sin lograr que sus aliados le encontrasen.

 

Las nuevas reglas de esta Copa América dictaban que el futuro se dilucidaría desde la pena máxima. Antes, en el último suspiro del tiempo reglamentario, Ospina salvó un cabezazo que pudo haber sido una pena excesiva para el buen hacer colombiano. Era la antesala de su actuación en la muerte súbita. Sin miramientos llegaban los goles de uno y otro lado hasta el turno de Trauco. Ospina, levitando, despejó el balón con la pierna. Pérez marcó para los de Pékerman y cargó el futuro de Perú sobre Cueva. La dicha de los penaltis se cebó con él. El mejor jugador peruano lanzó el balón al cielo, donde miró toda Colombia, feliz, en semifinales, confiada de que este baile no lo para ni Ospina.”

 

 

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