Escribe : Isaac Bigio

Para los seguidores de Abimael Guzmán, las peores fechas que tienen que recordar son las del 11 y 12 de septiembre. Hace 2 años, el 11 de septiembre del 2021, la opinión pública fue informada de que el jefe de los senderistas había muerto aislado en su prisión de la base naval del Callao. A él solo le faltó un día para cumplir 29 años bajo rejas, pues él fue capturado en una residencia acomodada de Surco el 12 de septiembre de 1992.

Guerra impopular.

Guzmán se hizo llamar el «Presidente Gonzalo» y se jactaba de que era el jefe de un Estado paralelo, una «República Popular», que había llegado a un equilibrio de poderes con el régimen de Alberto Fujimori. Esto, aunque nunca tuvo una «zona liberada». Él llegó a afirmar que su pensamiento era la cuarta espada del «marxismo-leninismo-maoísmo» y que Ayacucho se convirtió en el epicentro de la revolución mundial.
El 17 de mayo de 1980, su autoproclamado Partido Comunista del Perú (conocido como «Sendero Luminoso» por uno de sus lemas) inició su llamada «guerra popular del campo a la ciudad» quemando en Chuschis las urnas de las primeras elecciones generales luego de la dictadura militar de 1968-80.
A diferencia de las guerrillas de Mao-Tse-Tung y de otras inspiradas por él u otros allegados de José Stalin, esta no era una respuesta a un golpe, dictadura o invasión militares. Más bien, era lo inverso. Era un alzamiento que se daba cuando los generales peruanos se retiraban del poder, dando comienzo la actual «democracia post-castrense».
Mientras que los partidos «marxistas-leninistas» de China, Yugoslavia, Albania, Vietnam, Corea y de otras naciones que llegaron a tomar el poder mediante guerras prolongadas, trataron de unir a las fuerzas «progresistas» contra sus respectivas dictaduras u ocupantes extranjeros, el senderismo se enfrentó con las armas a una democracia parlamentaria y a casi todo el resto de las izquierdas. A diferencias de todos estos, nunca tuvo, además, una previa base social de masas, ni llegó a dirigir organizaciones obreras, campesinas o populares a escala nacional.
Su insurgencia fue calando en la sierra chanca, cosechando la extrema pobreza y el vacío del Estado. Cuando el primer alcalde marxista de Lima, Alfonso Barrantes, se negó a competir con Alan García en el balotaje de 1985 y buscaba acuerdos con su ex-partido aprista, los senderistas aprovecharon ello para atacar a Izquierda Unida. La matanza de los penales, en las que García acribilló a unos 300 presos durante el congreso de la Internacional Socialista en Lima (junio 1986), en vez de desmoralizar a los mao-terroristas, les radicalizó.
El senderismo gradualmente se fue extendiendo, iba generando numerosos grupos armados en torno a la sierra, desde la frontera del norte a la del sur, con lo cual quería dominar la columna vertebral andina del Perú.

Secta militarista.

Como los gonzalistas iniciaron sus acciones de violencia colgando perros en los postes con letreros que les identificaban con Deng Xiao Ping, líder de China, y atacaron a las embajadas de ese y de otros países que se reclamaban socialistas, ellos no tenían ninguna potencia externa que les arme o financie (algo que sí la tuvo Mao, Ho Chi Minh, los Kim de Corea, Tito de Yugoslavia y otros apadrinados por Moscú). A fin de lograr medios financieros, se metieron con todo en los valles cocaleros (Huallaga y VRAEM), lo cual fue corrompiendo a los insurgentes. Los remanentes que quedan del senderismo en el VRAEM llamaron a fusilar a Guzmán y a su gente, se reivindican como una sucursal peruana del PC Chino (que antes fue tildado de «revisionista») y han devenido en otro cartel de la droga.
Los gonzalistas lanzaron campañas en Lima dinamitando postes de luz, fábricas o empresas y asesinando líderes sociales (incluyendo militantes obreros que estaban a su izquierda, como lo quisieron hacer con Hugo Blanco, pero sí lo lograron con su camarada Roberto Chiara). Con ello generaban mucha zozobra en la capital, pero, además, mucha antipatía. Esas acciones demostraban debilidad. Quisieron sustituir el apoyo de las masas para demostrar una exagerada capacidad de ataque. Encima, Guzmán, prefirió dejar el campo para vivir cómodamente en Lima, con lo cual ayudó a que la aislasen socialmente y le capturen.
Pese a reclamarse la mayor insurgencia de la historia contra la «república opresora», el levantamiento senderista se vino abajo por órdenes directas de su propio jefe. Guzmán sacrificó a todo su movimiento buscando evitar pasar por las terribles condiciones carcelarias en las que estaba Víctor Polay y otros jerarcas del MRTA.
Gradualmente, Abimael fue siendo amansado por su paisano mistiano Vladimiro Montesinos. A cambio de un «acuerdo de paz», Guzmán podía gozar de mayores contactos con su mujer Elena Iparraguirre. Todo ello a cambio de poner fin a su levantamiento.
Otras guerrillas, como las de Irlanda, Colombia o Centroamérica, negociaron su incorporación al sistema y a ser capaces de registrarse como partidos que compitan o ganen elecciones. Empero, los senderistas no tenían nada que ofrecer (estaban derrotados) y todos sus intentos de legalizarse (como MOVADEF o FUDEPP) fueron rechazados. La única vez que lograron presentar un candidato a nivel nacional (Walter Humala en 2011 para el parlamento andino) no llegaron ni al 0.1% de los votos en todo el país.

Sendero perjudicial.

Guzmán hizo mucho daño al movimiento obrero, campesino y popular, así como a las izquierdas. Cuando se dieron los grandes paros nacionales de julio 1977 y mayo 1978, aquellos que pusieron fin a la dictadura castrense, los senderistas se opusieron a estos llamando a los trabajadores a romper la huelga e ir a laborar, pues condenaban esas acciones como «social-imperialistas». Luego, cuando los socialistas empezaron a cosechar apoyo de masas en las elecciones y municipios, ellos llamaban a boicotear ello y asesinaban autoridades electas por la población.
Tras haberle declarado la guerra frontal al resto de las izquierdas, a los sindicatos y a la «democracia burguesa», acabaron queriéndose aliar con cualquier fuerza con tal de poder presentar candidatos a lo que antes tildaron como el «circo electoral».
Las provocaciones armadas y el terrorismo senderistas debilitaron a las organizaciones laborales y populares, y le dieron pretextos a la represión indiscriminada y al establecimiento de la dictadura de Fujimori. Luego, Guzmán propuso amnistiar a Fujimori, Montesinos y a todos los corruptos y violadores de derechos humanos. Esto último es algo que nunca antes o después ha planteado un partido «comunista» en todo el mundo.
A diferencia de Mariátegui, de cuyo sendero luminoso decía reclamarse, Guzmán nunca produjo un solo libro de análisis de la realidad peruana. Su literatura era tan panfletaria que, cuando el capitalismo ha sido el modo de producción dominante, él seguía hablando de feudalismo.
A diferencia de otras guerrillas que se tornaron movimiento de masas (desde la de Nelson Mandela a la sandinista), el senderismo, que nunca pudo dejar de ser una secta y un culto a un semi-dios, se ha disgregado.
A diferencia de otros luchadores sociales izquierdistas andinos coetáneos suyos, como Hugo Blanco o Genaro Ledesma, Abimael nunca va a ser recordado por los trabajadores con amor, sino con rechazo y pavor.

Isaac Bigio. Politólogo economista e historiador con grados y postgrados en la London School of Economics & Political Sciences.

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