Escribe : Fernando Vivas

No hay plan, pero el motor está encendido para llegar al 2026. Hay ejes, de los centrales y de los transversales; hay políticas públicas descritas en documentos oficiales, algunas con presupuestos asignados, aunque ello no es garantía de su ejecución; hay comisiones intersectoriales que tampoco aseguran nada; y se ha creado la ANIN (Autoridad Nacional de Infraestructura) para demostrar que las cosas sí se pueden hacer, aunque falta saber si este aparato se puede hacer eficaz y sostenible.

Si hubiera un plan, nos lo hubieran leído el 28. Los técnicos te pueden elaborar en pocos días un documento de 72 páginas, pero solo tu voluntad y las condiciones políticas lo harán viable. He ahí mi primera angustia de agosto: no vi, ni en el mensaje de Dina, ni en el ‘posmensaje’ de Alberto Otárola que consistió en un pequeño ‘roadshow’ de entrevistas, la voluntad de aumentar la legitimidad del Ejecutivo como condición para que todo fluya.

Las tres horas de mensaje sin subrayados dramáticos y las entrevistas a Otárola confirman la existencia de un presidencialismo con PCM automático. El pasaje en el que Dina pidió perdón a los deudos de los fallecidos en las protestas parecía apuntar a un desagravio legitimador, pero, si revisan el texto, verán que Boluarte se disculpó en nombre del Estado, no en nombre suyo. Todavía persiste, en la dupla de Dina y Alberto, la idea de que la legitimidad se puede lograr atendiendo reclamos morales con asignaciones presupuestales que ni siquiera sabemos si se ejecutarán con eficacia.

Ex Ministro de Economía Segura. Es un mensaje irreal el de Boluarte

“El páramo reformista” del que habla Eduardo Dargent es, por correspondencia, un páramo de liderazgos. El Ejecutivo no hace política con aliento de cambio y esfuerzo de legitimación, porque no hay liderazgos que lo jaqueen. Sin embargo, a partir del 19 de julio, ha empezado un tercer ciclo de protestas, más débil que los de diciembre y enero, pero suficiente como para concentrar unos pocos cientos de manifestantes que lograron perturbar la difusión del mensaje a la nación, pues varios canales dividieron su pantalla como no se veía desde Fujimori vs. la Marcha de los Cuatro Suyos.

Boluarte, sin respaldo de ningún tipo

En medio del páramo, hubo un gesto simbólico, un anclaje para asegurarse un tramo de año y medio: celebrar a lo grande el bicentenario de la Batalla de Ayacucho el 9 de diciembre del 2024. Dudo mucho que le importe de veras el asunto, que conozca y simpatice con alguna teoría de la independencia o que sea más bolivariana que sanmartiniana. Simplemente creerá que es un hito hasta el que el adelanto de elecciones pueda ser contenido y luego del que pierda sentido; además de un pretexto para llamar a colaborar a la academia que no perdona que el Ministerio de Cultura recibiera a La Resistencia. A falta de un plan para legitimarse bajando al llano, a Dina se le ocurre invitarnos a una fiesta solemne. Que siga pujando.

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