BRIGGITE BARDOT, LA SEXY INAUGURAL DEL AMOR, DESPÚES DEL AMOR, SIEMPRE

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Briggite Bardot, en icónica imagen

Seguramente, fué el símbolo sexy, desde los sesentas. Pero lo cierto, es que la estela de belleza natural de, Briggite Bardot, la popular BB, nunca han logrado alcanzar esos niveles de parangón.

La Femme Fatal que “jamás se sintió hermosa”

Era una mujer hermosa, natural y sexy que revolucionó el mundo con su liberación sexual. Polémica hasta la contemporaneidad y con una visión un tanto distorsionada de sí misma y tan famosa que para reconocerla sólo hace falta ver sus iniciales, la BB.

Fotos: @NotableHistory / @HGACinema / @LizardoGramcko / @MarkGil52562719 /

Brigitte Bardot sufrió de ambliopía cuando era pequeña. Un padecimiento que consiste en la reducción de la visión de un ojo, ocasionado,  por un desarrollo visual anormal durante la primera infancia, y que afectó el ojo izquierdo de la actriz.

A manera de metáfora, esta quizá sea una buena manera de ilustrar la percepción que la sex symbol y cantante francesa tuvo de sí misma cuando llegó a su juventud: no veía su belleza, a pesar de que estaba tan claramente ahí.

Tenía todo el carácter y la apariencia para convertirse en un ícono, como un diamante en bruto, pero ella no alcanzaba a percibirlo.

“Jamás me sentí hermosa. Justo ahora empiezo a darme cuenta de esa célebre belleza que originó mi éxito” escribió años más tarde, en texto autobiográfico.Brigitte Bardot nació en 1934 en un barrio adinerado de París, en donde vivió con una hermana, su madre y su padre, quien era dueño de una fábrica.Brigitte Bardot nació en 1934 en un barrio adinerado de París, en donde vivió con una hermana, su madre y su padre, quien era dueño de una fábrica.

Era tanto el rechazo a su apariencia, que a los 10 u 11 años, Brigitte asumió su fealdad: “Puede resultar sorprendente, pero no tengo confianza en mí. Todo me aterroriza. Cuando entro en contacto con el mundo exterior, tengo miedo de no poder hacerme entender, de no lograr transmitir el mensaje que deseo”, escribió.

Si la inseguridad persistía, ¿cómo fue que surgió el mito erótico de Brigitte Bardot?, ¿qué pasos tuvo que dar la pequeña niña francesa para adentrarse en el modelaje y dar el salto al cine?.

Había que ”construir” a BB, como también se le conoce, en el imaginario del público, aunque la magia también estaría en conseguir que se mostrara humana, vulnerable y natural en pantalla: la epítome de la belleza francesa que persiste hasta nuestros días.

Los inicios de Brigitte

Brigitte está considerada como un mito erótico y sex-symbol de los años 1950 y 1960. Su gran belleza y sensualidad natural comenzaron a mostrarse en la adolescencia, etapa en la que apareció por primera vez en el cine. Fotos: @MarkGil52562719

Brigitte está considerada como un mito erótico y sex-symbol de los años 1950 y 1960. Su gran belleza y sensualidad natural comenzaron a mostrarse en la adolescencia, etapa en la que apareció por primera vez en el cine.

Bardot surgió como un mito erótico desde los años 50 a los años 60. Comenzó su carrera como modelo y logró protagonizar algunas de las revistas más importantes de la moda francesa. Ente ellas,Elle, cuya portada muestra un primer plano de la joven en diciembre del 56, o la portada de la revistaSquire, en donde posó con una toalla rosa cubriéndole el torso, el pelo enmarañado y el característico maquillaje sobrecargado en los párpados.

Practicó danza cuando era una niña y pensaba seguir preparándose en la materia. Sin embargo, más por influencia de su madre que por decisión propia, dio el giro hacia el modelaje y, en consecuencia, al cine.

Durante los primeros años de la década de los 50 conoció a Roger Vadim, un joven bohemio de quien se enamoró cuando tenía tan sólo 15 años, él 21, y cuya relación tuvo una historia de amor un tanto peligrosa.

Brigitte contrajo matrimonio con el realizador de cine Roger Vadime en 1952. Fue el primero de sus cuatro esposos. Mandatory Credit: Photo by Sunday Dispatch/ANL/Shutterstock (9000413a)
Brigitte contrajo matrimonio con el realizador de cine Roger Vadime en 1952. Fue el primero de sus cuatro esposos.

“El fervor controla mi vida y en primer lugar los sentimientos. El amor como tal no sirve para nada si no es pasional. Es por eso que, con frecuencia fui infiel. En cada relación, cuando el presente era un poco tibio, volvía a buscar otros amores. Siempre busqué la pasión”, escribió en sus memorias.

Bajo esa lógica vivió todos sus romances y enlaces matrimoniales y el primero, con el realizador cinematográfico Roger Vadim, no sería la excepción.

Contrajeron matrimonio apenas alcanzó la mayoría de edad, aunque se divorciaron al poco tiempo. De su relación quedó la película que la lanzó al estrellato: Y Dios creó a la mujer (1957). La cinta que revolucionó el canon de belleza de la época, sacudió a la sociedad francesa y el conservadurismo en sus cimientos y que fue dirigida por Vadim y protagonizada por Brigitte.

Et Dieu… créa la femme

Brigitte apareció en pantalla en el papel más salvaje que se había retratado de las mujeres en el cine francés de la época: bailando de un lado hacia otro, o prácticamente saltando, al ritmo de un mambo. Y no paró ahí, el personaje decidió subirse a la mesa y seguir el baile.

Tenía 22 años y ya había logrado una de las escenas más eróticas del cine.

La sociedad francesa se escandalizó inmediatamente. En la mayoría de las películas podía observarse un perfil de actrices muy distinto al de ella. Recatadas, mesuradas, con ropa de alta moda y cientos de prendas sobre sus delgados cuerpos. Bardot, en cambio, se deshizo de los guantes, de los sombreros y los brasieres. Salió a cuadro con unos jeans a los tobillos y el cabello suelto.Brigitte Bardot también emprendió una exitosa carrera como cantante. Desde 1963 hasta 1970 lanzó cinco álbumesBrigitte Bardot también emprendió una exitosa carrera como cantante. Desde 1963 hasta 1970 lanzó cinco álbumes

El argumento de la película también era distinto: en el cine francés de finales de los 50 no había protagonistas que vivieran su sexualidad libremente.

En la historia del cine, la película puede considerarse como parte, o incluso precursora, de la Nueva Ola francesa. “Bardot como actriz principal hace un dramático contaste con con las estrellas femeninas francesas que ya estaban establecidas y que tenían la mayoría de los papeles en ese entonces, como Martine Carol”, se lee en la pieza.

Lo que la distinguía, además, era su particular manera de actuar, que muchos criticaron y consideraron que se debía a que no “tenía talento”. Aunque algunos proponen que se trató de una estrategia actoral para hacerla parecer naif y natural.A poco tiempo de su estreno, Simone de Beauvoir escribió un artículo sobre el papel del personaje de BB en la sexualidad femenina. A poco tiempo de su estreno, Simone de Beauvoir escribió un artículo sobre el papel del personaje de BB en la sexualidad femenina.

Las críticas se la comieron viva por la manera que apareció en pantalla.

La filósofa Simone de Beavouir, aseguró en un ensayo titulado El síndrome de Brigitte Bardot y Lolita que el escándalo se debía a que el público masculino no estaba listo para ver a las mujeres vivir su sexualidad a la par que ellos.

“BB no intenta escandalizar. No tiene ningún reclamo que hacer: está más consiente de sus derechos que de sus tareas. Sigue sus inclinaciones, come cuando tiene hambre y hace el amor con la misma simplicidad, sin ceremonia alguna”, escribió la famosa escritora de la obra cumbre El segundo sexo.La figura de Brigitte Bardot abonó a la ola de “liberación sexual” que caracterizó a la década de los 60.La figura de Brigitte Bardot abonó a la ola de “liberación sexual” que caracterizó a la década de los 60.

“El deseo y el placer parecen más convincentes para ella que los preceptos y las convencionalidades. No critica a nadie. Hace lo que se le place y eso es lo que molesta”, escribió.

La figura de Brigitte Bardot, si bien impondría otro tipo de cánones sobre el cuerpo femenino, al menos habría roto con el molde que regía en aquel entonces y abonó a la ola de “liberación sexual” que caracterizó a la década de los 60.

Después de múltiples películas y el fenómeno que suscitó en la época moderna, BB anunció su retiro en 1974. Tenía poco más de 40 años de edad. Desde entonces se dedicó a la promoción de los derechos de los animales y creó la fundación Brigitte Bardot en 1986.

“Fui considerada como una de las grandes stars mundiales y, sin embargo, no soy nada. Siempre tuve esa lucidez (…) Mi sueño es es regresar el anonimato completo. Me siento prisionera de mí misma. Es cierto que la mayoría de la gente ha dejado de pertenecerse, verdaderamente”, escribió.

Finalmente, la niña que no veía en sí misma ni la más mínima pizca de belleza revolucionó a todo un país con una hermosura feroz que hasta el momento era desconocida. Fue imitada por las grandes figuras del cine y las mujeres ordinarias por igual: Dios creó a la mujer, y la llamó Brigitte Bardot.

Saint-Tropez, el paraíso de Brigitte Bardot

La vida de la localidad francesa podría dividirse en un antes y un después de que la actriz rodará allí ’Y Dios creó a la mujer”. La riqueza ostentosa de una parte de sus visitantes ha convertido este enclave en el destino favorito de la ‘jet-set’ y curiosos atraídos por su leyenda.

Brigitte Bardot en Saint Tropez en 1955.
Brigitte Bardot en Saint Tropez en 1955.

Saint-Tropez podría dividirse en un antes y un después de que la BB, rodara en aquella población costera francesa Y Dios creó a la mujer. Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir también tuvieron casa aquí. Romy Schneider, Catherine Denueve y José Luis de Vilallonga fueron otros de los habituales del lugar. La riqueza ostentosa de una parte de sus visitantes convirtió ese enclave en el destino favorito de representantes de la jet-set internacional y curiosos atraídos por su leyenda.

La vista desde la terraza de La Ponche, el hotelito en el barrio de pescadores de Saint-Tropez que frecuentaban las estrellas del cine y la literatura, ha cambiado poco. Las montañas a la otra orilla del golfo, los veleros y, como decía la escritora Francoise Sagan “el único elemento estable del pueblo: el agua azul, el agua lisa”. Sí, ahora se ven más construcciones en la costa que en las fotografías de la época y algún yate interrumpe la calma del Mare Nostrum. Pero La Ponche —este rincón del pueblo que ­Brigitte Bardot hizo célebre cuando en 1956 protagonizó Y Dios creó a la mujer— parece inmune al paso del tiempo.

Terraza del café La Ponche de Saint-Tropez, en 1956.
Terraza del café La Ponche de Saint-Tropez, en 1956

“Mire, ahí nací yo”, dice Simone Duckstein señalando el edificio que en aquel año, 1943, todavía no era un hotel, sino un bar regentado por sus padres. Sentada en la terraza, ­Duckstein habla del Saint-Tropez de antes, del de ahora. Ella estuvo aquí desde el principio. A todos los vio pasar. A ­Picasso y a Boris Vian, el trompetista-poeta que convenció a los padres de Simone para abrir una pequeña boîte de jazz que tras la II Guerra Mundial se convertiría en una sucursal en la Costa Azul de Saint-Germain-des-Prés, el barrio existencialista de París. A Simone de Beaviour y a Jean-Paul Sartre.

“Es un pueblo de verdad, con sus tradiciones. Y a la vez todo el mundo está aquí”, resume Simone Duckstein. “Hay algo telúrico en Saint-Tropez, hay algo en el suelo”, añade. Materia, magia… La historia de Saint-Tropez podría dividirse, como la era cristiana, en un antes de Brigitte Bardot y un después de Brigitte Bardot (a. B. B. y d. B. B.). El año cero es el del estreno de Y Dios creó a la mujer, la historia de una mujer libre y moderna que revoluciona un pueblo costero que se debatía entre mantener la tradición de la pesca o abrirse al turismo. Uno de los pretendientes de la protagonista quiere construir un casino. Otro se resiste a venderle los terrenos. No hubo un casino en Saint-Tropez —para ello hay que desplazarse a Sainte-Maxime, en la otra orilla del golfo, o a Cannes, o a Niza—, pero el éxito mundial de la película, dirigida por el esposo de B. B. Roger Vadim, removió los cimientos del plácido puerto, hasta entonces un refugio de artistas, intelectuales, actores de Hollywood y burgueses parisienses. Como los Bardot, recuerda Duckstein, quienes, tras pasar la noche en el tren, solían llegar con sus hijas, Brigitte y Mijanou, por la mañana y dirigirse a La Ponche para desayunar. Nada volvió a ser igual en la era d. B. B. “El mundo entero nos había descubierto, el pueblo ya no nos pertenecía, había que compartirlo”, explica Simone Duckstein. “No se podían dar dos pasos en la calle sin que alguien preguntase: ‘¿Dónde vive Brigitte Bardot?’. Saint-Tropez había dejado de ser una joya secreta y era el lugar que atraía los focos mundiales, el pueblo que despertaba todo tipo de fantasías, el escenario de más y más películas —­la serie cómica de El gendarme, de Louis de Funès, y otras—, y el imán de estrellas y ricos de todo pelaje.

El director Roger Vadim y Catherine Deneuve, en 1962 en la localidad francesa.
El director Roger Vadim y Catherine Deneuve, en 1962 en la localidad francesa.KEYSTONE-FRANCE (GAMMA-KEYSTONE VIA GETTY IMAGES)

“Teníamos muy mala reputación en aquella época”, dice Duckstein cuando recuerda los años posteriores a Y Dios creó a la mujer. “Era el lugar de la fiesta y el bling-bling”, añade aludiendo a la onomatopeya que imita el ruido de las joyas y designa a la riqueza ostentosa de una parte del público que empezó a visitar Saint-Tropez a partir de los años sesenta: una mezcla de jet-set y curiosos por el nombre del municipio. Ahora entrar en Saint-Tropez por carretera puede ser un calvario debido a un tráfico digno de una gran ciudad en hora punta. Y basta un paseo por el puerto para comprobar la hegemonía bling-bling: los pequeños barcos amarrados a la sombra gigantesca de los yates frente al famoso café Sénéquier, las callejuelas que son un centro comercial de firmas de lujo al aire libre, las mansiones protegidas y aisladas, una ONU de milmillonarios. “Hoy hay que conocer a las personalidades de 20 países, y esto complica el trabajo”, declaró hace unos años el fotógrafo de celebridades Pierre Aslan a Le Monde. “Se acabó la época en la que los habituales echaban raíces todo el verano. Ahora algunos llegan con barcos de 250 millones de euros y al día siguiente se marchan”.

Nadie escribió tan bien del viejo Saint-Tropez como Françoise Sagan, quien tenía habitación en La Ponche. Por entonces ya había trasladado sus cuarteles a Normandía, pero le gustaba acudir a pasar unos días fuera de temporada en la Costa Azul. Solía sentarse en la terraza con vistas al mar, la misma donde ahora Simone Duckstein desgrana sus recuerdos. “Ya no es la risa lo que reina en la noche, ni el placer, ni la curiosidad”, escribió Sagan. “Es una especie de exhibición permanente —y generalmente falsa— de esta alegría, de este placer, de esta curiosidad; una exhibición que oculta, de hecho, y poco a poco, una sociedad tan burguesa, tan regimentada, tan cotilla y provinciana que puede o podría ser la de una ciudad cuyos héroes ya solo tuvieran derechos y ningún deber”.

Brigitte Bardot, por las calles de Saint-Tropez.
Brigitte Bardot, por las calles de Saint-Tropez.JAMES ANDANSON (ANDANSON JAMES)

Duckstein, que ha escrito varios libros sobre el hotel y el pueblo, vendió La Ponche el año pasado. No tiene hijos y quería asegurarse de que el establecimiento le sobreviviría.

Al contrario que Sagan, quien murió en 2004, Bardot nunca desertó de Saint-Tropez, aunque hace años que no se la ve por las calles.

—¿Todavía preguntan los turistas por ella? —le decimos a Duckstein.

—Menos, menos.

Brigitte Bardot

Brigitte Bardot

El escritor Jean Cocteau dijo de ella: «Posee algo desconocido que atrae a los idólatras en un tiempo sin dioses». Algo de cierto debía haber en esa frase porque aún hoy, cuarenta años después de abandonar el cine y retirarse de la esfera pública, Brigitte Bardot -o BB como se le conoce cariñosamente- sigue ejerciendo de musa y despertando interés a la par que encendidas pasiones -para muestra, la mítica campaña de GUESS que catapultó a Claudia Schiffer.

En colofón, una Diva monumental, que sigue siendo por siempre, el Amor, después del Amor.

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