AUGUSTO ALVAREZ RODRICH : EL ZAR MARTÍN…!!
La interpelación –¿en marcha?– al ministro Martín Vizcarra ha perdido interés en el congreso, abriendo una oportunidad política que no debiera ser desaprovechada por el presidente Pedro Pablo Kuczynski.
Programada inicialmente para el jueves 16 de marzo, luego trasladada por la tragedia de los huaicos para mañana, y ahora sin fecha a la vista porque este desastre aún tiene para rato, cada día que pasa decrece el entusiasmo por interpelar a Vizcarra.
Hay, para empezar, un problema reglamentario pues una interpelación debe ocurrir entre el tercer y el décimo día después de darse cuenta de la moción en el pleno del congreso, un plazo que vence mañana.
Pero mañana parece un día bastante inapropiado para interpelar a un ministro absolutamente zambullido en la atención de las emergencias por los huaicos y desbordes, como el de Transportes y Comunicaciones.
Si este jueves no hay –como parece– interpelación, el proceso se va a truncar. Como diría Melcochita, el lema ahora sería el de ‘¡No vayan!’.
No solo los huaicos le quitaron momentum a esta interpelación, sino que el fujimorismo nunca estuvo totalmente convencido de la conveniencia de que esta sea la oportunidad política para tumbarse a otro ministro de PPK, lo cual ha sido una insistencia de Acción Popular.
Como un proyecto de inversión que se pospone mucho; la venta de una casa que se posterga demasiado; o un amorío que se alarga sin concretarse y se enfría, los hechos políticos que demoran mucho, como una interpelación, se acaban pasmando y perdiendo momentum, que es lo que ha pasado en el caso de Vizcarra.
Esta postergación debiera ser aprovechada como oportunidad política por el presidente Kuczynski, con el fin de proteger al vicepresidente Vizcarra de un desgaste mayor.
Sin la presión de la censura, una vez superada la emergencia de los huaicos y desbordes, le convendría realizar un recambio ministerial que refresque políticamente al régimen, y que incluya la salida de Martín Vizcarra del gabinete para que se convierta en el zar de la reconstrucción, cargo que puede desempeñar estupendamente, con notoriedad y efectividad, y sin exponerse al desgaste que siempre se debe evitar en el vicepresidente de la República.
