Escribe: Jhon Smith

Señor Presidente José María Balcázar, su declaración de hoy es un acto de rendición pura y dura. Ratificar que su gestión “no comprará aviones F-16 a EE.UU.” y que “esa circunstancia no ha cambiado” no es una simple postergación técnica. Es una bofetada en la cara de cada piloto peruano, de cada soldado que vigila la frontera y de cada ciudadano que aún cree que Perú merece ser respetado en la región. Es, lisa y llanamente, un crimen contra la soberanía nacional.

Mientras Chile vuela con una flota moderna de F-16 que mantiene en jaque nuestro espacio aéreo desde hace años, usted decide que “hay que analizar con tranquilidad”. ¿Tranquilidad? ¿En serio? La tranquilidad es un lujo que solo se pueden permitir los países que ya tienen defensa. Perú no la tiene. Nuestra Fuerza Aérea sigue dependiendo de Mirage 2000 que ya son reliquias del siglo pasado y de aviones de entrenamiento que no sirven ni para espantar pájaros. Cada día que pasa sin F-16 es un día más en el que cualquier adversario regional puede sobrevolar nuestro territorio sin que podamos hacer absolutamente nada.

Usted dice que la compra se posterga “para el nuevo Gobierno”. Traducción “No es mi problema, que lo resuelva el que venga después”. Esa es la misma lógica cobarde que nos ha llevado a perder terreno estratégico, influencia y dignidad durante décadas. Mientras Ecuador y Colombia modernizan sus flotas, mientras Bolivia coquetea con compras rusas y chinas, el presidente interino Balcázar se cruza de brazos y dice “no hay compra todavía”. ¡Qué vergüenza!

¿Sabe qué es lo más indignante? Que esta decisión no obedece a un análisis serio de costos ni a una estrategia de defensa nacional. Obedece al miedo. Miedo a las presiones internas, miedo a quedar mal con algún sector ideológico, miedo a tomar una decisión que de verdad fortalezca al Perú. Porque comprar F-16 no solo significa aviones de combate de cuarta generación con misiles avanzados, radares AESA y capacidad de superioridad aérea. Significa también transferencia tecnológica, mantenimiento local, empleo para miles de peruanos y, sobre todo, un mensaje claro al continente: Perú no es un país que se deje pisotear.

Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga ya lo dijeron claro esta es una decisión que el Perú no se puede dar el lujo de postergar. Y tienen razón. Exigir que usted honre los acuerdos y recapacite no es capricho político, es sentido común de Estado. Pero usted, en cambio, prefiere lavarse las manos y dejar que la Fuerza Aérea siga volando con chatarra.

Señor Balcázar, la historia no perdona a los presidentes mediocres que anteponen la inacción a la defensa de la patria. Dentro de unos años, cuando un conflicto regional estalle y nuestros pilotos tengan que salir a combatir con aviones que ya deberían estar en un museo, los peruanos recordaremos su nombre. No como el de un estadista prudente, sino como el del presidente que entregó el cielo peruano sin disparar un solo tiro.

Es hora de que el Congreso, las Fuerzas Armadas y la ciudadanía exijan cuentas. No más dilaciones. No más excusas. Los F-16 no son un capricho gringo son la diferencia entre ser una nación soberana o un país que solo sirve de patio trasero para quien tenga más aviones.

¡Despierte, Perú! Balcázar ya eligió la rendición. Nosotros todavía podemos elegir la dignidad. Exijamos ya la compra inmediata de los F-16 o prepárese para llorar lágrimas de impotencia cuando el enemigo cruce nuestro espacio aéreo sin que nadie pueda impedirlo.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te pueden interesar