Porky mundial.

Escribe: Isaac Bigio
Hace casi 2 años debutó el actual alcalde que prometió transformar a Lima en potencial mundial. En cierta manera lo logró, pues esta cada vez más esta se acerca a la lista de las metrópolis del planeta más contaminadas, caóticas, corruptas, congestionadas y criminalizadas. Tan malo es el transporte público que para desplazarse de un extremo a otro de esta se puede tomar más tiempo que volar desde el Jorge Chávez hacia cualquier otro aeropuerto del Perú.
López Aliaga dice que no puede hacer mucho, pues: «no jodan, no tenemos ni un mango». Empero, hay un recurso que no hemos explotado y que nos podría generar una fortuna para invertir en obras. Es algo mejor que exportar mangos o el petróleo que aún sigue esparcido en nuestras costas (el cual, al combinarse con miles de especies asesinadas, hacen un combustible especial).
Aprovechemos que somos la única capital del mundo en la historia universal en haber electo a un alcalde que le gusta llamarse Porky. ¿Por qué no coleccionamos sus ocurrencias para producir una nueva serie de «Cartoon Network» o una comedia que gane un Óscar?
Lima-Callao tienen más de 110 kilómetros de litoral (algo que no lo tiene ninguna otra capital del hemisferio). Porky, en vez de higienizar y mejorar nuestras playas (y el acceso a estas), decidió hacer playas artificiales malogrando con arena, la mayor piscina del país. Propuso traer a esta desde olas a delfines. Le faltó decir que también debiera llenársela de choros, para que así todos los congresistas puedan ir allí a veranear a su gusto y Patty Chirinos prepare estos mariscos a la chalaca.
El siguiente paso, podría ser que Porky de toneladas de arena para que todos hagamos una playa en nuestras respectivas tinas. No habría que preocuparse en que estas se tornaran en una mazamorra, pues así diríamos con gusto ser bien limeños y mazamorreros.
Además, podríamos patentar y exportar sus famosas invenciones: ¿Qué tal macetas anti-crimen que desplacen a cualquier sistema de inteligencia artificial contra delincuentes? ¿O un látigo para azotarse la espalda hasta que a uno le salga una ideota? ¿O un mecanismo de prevención de desastres naturales mejor que el satelital o geofísico, y basado en cadenas de oración?
Isaac Bigio. Politólogo economista e historiador con grados y postgrados en la London School of Economics & Political Sciences.
