No a Dina, la anodina

Escribe: Isaac Bigio
Una persona anodina es «insignificante, ineficaz, insubstancial». Esta definición de la Real Academia le cae a pelo a Dina, quien a los peruanos les quiere tomar el pelo.
Es insignificante la primera presidencia de nuestra historia que antes de llegar a un año en el poder solo es aprobada por el 8% de los encuestados (por menos de 1 de cada 12 peruanos). Hoy solo llega al 3%, la pero cifra para cualquier presidencia en el mundo. Dina carece de popularidad, partido, bancada y plan de Gobierno. Su poder es, incluso, menor frente al que tienen otras damas como Keiko. El gobierno ya no se ejerce desde la plaza mayor, sino desde la de la inquisición.
Es ineficaz porque no puede hacer frente al hambre, la miseria, la xenofobia, la recesión, el crimen y la inflación que se han desatado con su gestión. Todas esas plagas se han disparado, apenas llegó a palacio la presidenta del mundo que más ha disparado con armas de fuego contra sus propios conciudadanos. Este Gobierno se ha demostrado incapaz de confrontar las lluvias, sequías, incendios forestales y demás desastres naturales que nos han afectado a raudales. Mientras el país se hunde, Dina no quiere visitar a los más pobres en el interior, sino codearse con los más ricos en el exterior. A ella le importa un pito que alrededor del 94% la rechace..
Es insubstancial, pues carece de cualquier ideología o principios. Si los presidentes electos de Venezuela, Brasil, México, Nicaragua, Bolivia, Chile, Colombia, Guatemala u Honduras se mantienen fieles a su ideario de alguna forma de izquierda, y los de Uruguay, Ecuador, Argentina o Paraguay a los de alguna forma de derecha, Dina no es ni chicha ni limonada, es como un indigerible chaufa con salsa de piña colada.
Dina fue electa proclamándose como marxista, leninista, castrista, sandinista, chavista, antiimperialista y comunista, prometiendo que iba a luchar contra el fujimorismo, por el ingreso libre a las universidades, por renacionalizar recursos y por una constituyente. Apenas llegó a palacio, viene haciendo 100% lo contrario y gobernando con y para sus antiguos rivales.
Una persona tan impopular por orgullo propio debería dejar su cargo, pero Dina no puede hacerlo, pues piensa que irá del palacio al penal. Un congreso cuya aprobación oscila entre el 3% y el 5% debiera hacer lo mismo, pero quiere quedarse el mayor tiempo posible (y cohabitar con Dina) para hacer todas las contrarreformas fuji-autoritarias posibles. Mientras tanto, se hunde nuestra nación y se incuba una gran movilización o a una revolución.
Isaac Bigio. Politólogo economista e historiador con grados y postgrados en la London School of Economics & Political Sciences.
