Tregua efímera.

Escribe: Isaac Bigio
Una tregua de 60 días fue acordada entre Israel y Hezbollah. Según Joe Biden esta debiera conducir a un alto al fuego permanente, pero el premier hebreo Benjamin Netanyahu sostiene que solo estamos ante un intervalo en una guerra que comenzó hace 14 meses. Este cese de hostilidades empezó a regir desde las 4 am del miércoles 27 de noviembre. Minutos antes de ello, Beirut recibió devastadores bombardeos.
En este conflicto han muerto unos 4,000 libaneses y otros 16,000 han sido heridos. Mientras hay 60,000 israelíes desplazados del norte de su país, hay un millón de libaneses que han debido abandonar el sur de su república.
El acuerdo contempla la retirada de las tropas hebreas del Líbano y las de Hezbollah del territorio al sur del río Litani (25 kilómetros de la frontera con Israel). Esta zona va a quedar bajo control de 5,000 soldados del ejército nacional libanés y de cascos azules de Naciones Unidas cumpliendo la resolución 1701 de esta de agosto 2006.
Netanyahu puede jactarse de haber matado a su peor enemigo, Hassan Nasrallah (quien durante 32 años encabezó a Hezbollah) y a muchos altos dirigentes de este partido-ejército pro-iraní, además de haber golpeado bastante a su infraestructura bélica. Ahora, podría concentrarse en Gaza y Cisjordania, territorios a los cuales varios de sus ministros plantean anexar.
Empero, Hezbollah celebra haber echado a Israel por tercera vez de su país, pese a la extrema disparidad de armamentos. Tel-Aviv posee el mayor arsenal de tanques y aviones de la región, mientras Hezbollah carece de estos. Líbano es el único Estado vecino de Israel al cual este no ha podido arrebatar ningún territorio (aunque los extremistas reclaman que parte del Líbano perteneció a la tribu israelita de Aser). Con esta tregua, Hezbollah va a querer recomponer sus fuerzas.
La mayoría de los israelíes encuestados proponía ir a un alto al fuego, ya que los drones y misiles de Hezbollah habían impactado en numerosos puntos importantes del país (incluyendo la ventana del dormitorio de una residencia del primer ministro) y obligaban a millones a constantemente ir a los refugios.
No obstante, este acuerdo ha sido cuestionado por el ex-premier Neftalí Bennet y por el líder de la oposición Yair Lapid (quien dice que se ha tardado tanto tiempo en materializarlo y se sigue sin poder detener la guerra en Gaza).
Itamar Ben-Gvir, ministro de seguridad, fue el único miembro del gabinete en votar en contra del acuerdo, pues él quiere continuar la guerra hasta erradicar totalmente a Hezbollah y Hamás. El otro ministro extremista, Bezalel Smotrich, aceptó la tregua para concentrarse en anexar Cisjordania mientras postula hacer que la mitad de Gaza quede despoblada para irla incorporando valiéndose del hecho de que Donald Trump ha de simpatizar con ellos.
Hamás ha saludado dicho cese de hostilidades pidiendo que este se extienda a Gaza. Si esto no se logra, la situación de dicha franja va a quedar aún más frágil pues ya se está entrando al frío invierno con lluvias.
Es probable que las manifestaciones contra Netanyahu retornen y crezcan en la medida que ya no haya el peligro de ir a las calles y sufrir el bombardeo de Hezbollah. Los familiares y amigos de los 101 rehenes hebreos en Gaza demandan un inmediato pacto para intercambiar capturados a fin de evitar que las heladas, el hambre y los bombardeos acaben con la esperanza de poder reencontrarse con sus seres queridos.
La economía israelí está en crisis con el hundimiento de las industrias de turismo y exportaciones, además de que aumenta la emigración de muchos de sus ciudadanos. Hay un déficit de personal para las tropas y se ha exacerbado un conflicto con los ultra-ortodoxos, quienes se niegan a alistarse.
Todo ello coincide con la orden de arresto de Netanyahu aprobada por la Corte Penal Internacional y que países amigos de Israel (como Canadá, Francia, Reino Unido, Alemania, etc.) deben verse obligados a acatar.
La paz va a ser imposible de conseguir con Netanyahu, y mientras se niegue el derecho de la población nativa palestina a la igualdad, democracia y autodeterminación.
Isaac Bigio. Politólogo economista e historiador con grados y postgrados en la London School of Economics & Political Sciences.
