PRESIDENTA KEIKO FUJIMORI PONE LA MIRADA EN EL MODELO BUKELE VIAJE A EL SALVADOR ABRE NUEVO CAPÍTULO EN SU ESTRATEGIA CONTRA EL CRIMEN..!!

ESCRIBE: DR. CARLOS FLORES
La presidenta Keiko Fujimori solicitó autorización al Senado para viajar a El Salvador entre el 28 y el 31 de octubre. En su agenda figura un encuentro con Nayib Bukele y visitas a instituciones vinculadas con seguridad, justicia, salud y educación. El punto central será conocer de cerca el modelo salvadoreño de lucha contra el crimen organizado y visitar el Centro de Confinamiento del Terrorismo, uno de los símbolos más controvertidos de la política de seguridad de Bukele.
La seguridad ciudadana se ha convertido en uno de los principales desafíos políticos del gobierno de Keiko Fujimori. En ese contexto, la presidenta prepara una visita oficial a El Salvador para conocer directamente algunas de las políticas aplicadas por el gobierno de Nayib Bukele, especialmente aquellas relacionadas con la lucha contra las organizaciones criminales, el sistema penitenciario y la recuperación del control territorial.
El Ejecutivo ya remitió al Senado la solicitud para autorizar la salida de la mandataria del país entre el 28 y el 31 de octubre. De acuerdo con el pedido oficial, Fujimori viajaría a San Salvador y Tecoluca, donde desarrollaría una agenda que incluye una reunión bilateral con Bukele y encuentros con autoridades salvadoreñas de los sectores Seguridad, Salud y Educación.
La visita no será solamente protocolar. Uno de los puntos que concentra mayor atención es el recorrido por el Centro de Confinamiento del Terrorismo, conocido como CECOT, la gigantesca prisión de máxima seguridad que se convirtió en uno de los principales emblemas de la estrategia salvadoreña contra las pandillas.
EL CECOT, EL PUNTO MÁS SIMBÓLICO DE LA VISITA
La decisión de incluir al CECOT en la agenda revela cuál es uno de los principales intereses del gobierno peruano: conocer cómo El Salvador reorganizó su sistema penitenciario y cómo utiliza las cárceles dentro de una estrategia mucho más amplia de combate al crimen organizado.
La prisión ubicada en Tecoluca se ha convertido en una pieza central de la política de seguridad de Bukele. Para sus defensores, representa la capacidad del Estado para recuperar el control frente a estructuras criminales que durante años tuvieron una fuerte presencia territorial. Para sus críticos, en cambio, el modelo salvadoreño plantea interrogantes sobre derechos humanos, debido al régimen de excepción y a las condiciones bajo las cuales miles de personas fueron detenidas.
Por eso, una eventual adopción de medidas inspiradas en El Salvador no podría limitarse a replicar una cárcel de máxima seguridad o incrementar las detenciones. El verdadero desafío para el Perú sería determinar qué componentes del modelo pueden trasladarse a una realidad institucional, judicial y criminal diferente.
La visita de Fujimori adquiere así una dimensión política: observar el modelo salvadoreño no significa necesariamente copiarlo.
¿QUÉ QUIERE ESTUDIAR EL GOBIERNO PERUANO?
La agenda anunciada apunta a varios frentes.
El primero es la seguridad ciudadana y la lucha contra el crimen organizado transnacional, uno de los asuntos que el gobierno peruano ha colocado entre sus prioridades. El canciller Carlos Espá ya había señalado que este sería uno de los principales temas del encuentro entre ambos mandatarios.
El segundo es el sistema penitenciario. La visita al CECOT permitiría observar cómo El Salvador concentra a integrantes de organizaciones criminales en establecimientos de máxima seguridad y qué mecanismos utiliza para impedir que las cárceles continúen funcionando como centros de coordinación del delito.
El tercer aspecto es la coordinación entre instituciones. El gobierno de Fujimori ha planteado la necesidad de mejorar la articulación entre la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas, el sistema de justicia y otras instituciones del Estado. En sus propuestas para enfrentar la inseguridad, la presidenta ha insistido en la necesidad de fortalecer la coordinación estatal.
Y existe un cuarto componente que podría ser igualmente importante: la prevención.
Por eso la agenda incluye también una visita a una escuela pública y al Hospital Rosales. El objetivo declarado de la visita es ampliar el intercambio de experiencias no solo en seguridad y justicia, sino también en educación y salud.
BUKELE Y FUJIMORI UNA REUNIÓN CON ALTO CONTENIDO POLÍTICO
El encuentro entre Keiko Fujimori y Nayib Bukele tendrá inevitablemente una lectura política.
Ambos gobiernos han colocado la seguridad y el combate contra la delincuencia entre sus prioridades, aunque las circunstancias de Perú y El Salvador son diferentes. Bukele construyó buena parte de su popularidad alrededor de una política de mano dura contra las pandillas, mientras que Fujimori enfrenta un escenario marcado por el crecimiento de delitos violentos, extorsiones, sicariato, crimen organizado y dificultades para coordinar las respuestas del Estado.
La reunión permitirá discutir qué herramientas pueden ser útiles para el caso peruano y cuáles requieren modificaciones.
El gobierno peruano ha venido planteando medidas más fuertes para enfrentar la delincuencia. La presidenta incluso ha defendido la necesidad de contar con mayores herramientas legislativas para fortalecer la seguridad y mejorar la coordinación entre las instituciones encargadas de combatir el crimen.
En ese escenario, El Salvador aparece como una referencia particularmente atractiva para un sector de la política peruana que considera que la respuesta frente al crimen requiere decisiones más contundentes.
EL “MODELO BUKELE” NO ES UNA RECETA AUTOMÁTICA PARA EL PERÚ
El principal desafío de la visita estará precisamente en separar la experiencia salvadoreña de cualquier intento de convertirla en una receta universal.
El Salvador y Perú tienen estructuras criminales diferentes. Las pandillas salvadoreñas históricamente tuvieron una organización territorial y una presencia social distinta a la de las actuales redes criminales que operan en el Perú.
En territorio peruano, el problema incluye organizaciones dedicadas a la extorsión, sicariato, tráfico de drogas, trata de personas, minería ilegal y otras economías criminales. Muchas de estas estructuras funcionan mediante redes flexibles y conexiones internacionales.
Por ello, el aprendizaje más importante podría no estar en una medida específica, sino en la manera en que El Salvador construyó una estrategia integral que combina inteligencia, despliegue policial, control territorial, sistema penitenciario y coordinación política.
La pregunta que tendrá que responder el gobierno peruano es sencilla, pero compleja en su ejecución:
¿QUÉ PARTE DEL MODELO BUKELE PUEDE FUNCIONAR REALMENTE EN EL PERÚ?
SEGURIDAD EL GRAN RETO DE LA ADMINISTRACIÓN FUJIMORI
La visita llega en un momento en el que la seguridad ciudadana ocupa un lugar central en la agenda del gobierno.
Fujimori ha defendido una estrategia que busca fortalecer a la Policía y mejorar la participación de las Fuerzas Armadas en determinadas tareas, además de impulsar cambios institucionales y normativos. Su administración también ha pedido al Congreso facultades para legislar en áreas vinculadas con la seguridad ciudadana y la lucha contra la criminalidad.
Sin embargo, la respuesta contra el crimen no depende exclusivamente de nuevas leyes.
La efectividad de cualquier estrategia estará condicionada por la capacidad de investigar delitos, procesar a los responsables, mejorar la inteligencia policial, controlar las fronteras, combatir la corrupción y evitar que las organizaciones criminales mantengan capacidad de operar desde los establecimientos penitenciarios.
En otras palabras, el debate sobre el “modelo Bukele” puede ser atractivo políticamente, pero su eventual adaptación al Perú exigirá mucho más que reproducir algunas de sus imágenes más conocidas.
DEL CECOT A LAS CALLES PERUANAS
La visita al CECOT tendrá un fuerte componente simbólico.
La prisión representa la política de máxima seguridad implementada por Bukele, pero el problema que enfrenta el Perú está principalmente en las calles: negocios extorsionados, transportistas amenazados, comerciantes afectados, ciudadanos víctimas de robos y redes criminales que aprovechan la debilidad institucional.
Por eso, la verdadera prueba de cualquier reforma será su capacidad para traducirse en resultados concretos.
El gobierno peruano deberá demostrar que una política de seguridad puede reducir la criminalidad sin sacrificar las garantías fundamentales ni debilitar el Estado de derecho.
La experiencia salvadoreña ofrece elementos para estudiar, pero también controversias que deberán ser evaluadas cuidadosamente.
EL CONGRESO TIENE AHORA LA PALABRA
El viaje todavía requiere autorización parlamentaria.
El Ejecutivo solicitó al Senado permiso para que Fujimori salga del territorio nacional entre el 28 y el 31 de octubre para cumplir la agenda oficial en El Salvador. El pedido fue aprobado previamente por el Consejo de Ministros.
El Pleno del Senado tiene previsto debatir la autorización este miércoles 7 de octubre. La solicitud contempla no solo El Salvador, sino también un segundo viaje a España, del 2 al 6 de noviembre, para participar en la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno en Madrid.
Durante la ausencia de la presidenta, el despacho presidencial quedaría a cargo del primer vicepresidente Luis Galarreta.
Así, antes de que Fujimori pueda observar directamente el modelo salvadoreño, deberá superar el trámite político correspondiente en el Parlamento.
EL SEGUNDO VIAJE: MADRID Y LA AGENDA INTERNACIONAL
La gira internacional no terminaría en San Salvador.
Después de El Salvador, Fujimori tiene previsto viajar a Madrid para participar en la Cumbre Iberoamericana, que se desarrollará el 4 y 5 de noviembre. La agenda contempla temas como cooperación frente al crimen organizado, gestión de riesgos, el fenómeno de El Niño, transformación digital, inteligencia artificial, educación, ciencia e innovación.
El contraste resulta interesante.
En El Salvador, la agenda estará marcada principalmente por la seguridad y el combate contra el crimen. En España, la presidenta participará en una discusión internacional mucho más amplia, relacionada con cooperación, tecnología, educación y desarrollo.
La gira, por tanto, podría servir al gobierno peruano para proyectar dos mensajes: hacia la región, una postura más firme frente al crimen; y hacia la comunidad internacional, una agenda de cooperación más amplia.
UNA VISITA QUE PODRÍA DEFINIR EL RUMBO DE LA POLÍTICA DE SEGURIDAD
Más allá de las fotografías con Bukele y del recorrido por el CECOT, el verdadero resultado de la visita se conocerá después.
La pregunta será qué medidas regresarán en la agenda del gobierno peruano.
¿Habrá nuevas propuestas para reformar el sistema penitenciario? ¿Se fortalecerá la inteligencia contra las organizaciones criminales? ¿Se plantearán mecanismos más duros para impedir que los cabecillas continúen dirigiendo delitos desde las cárceles? ¿Se reforzará el control territorial? ¿Se impulsarán nuevas herramientas para la Policía?
Esas serán las señales que permitirán determinar si el viaje fue principalmente diplomático o si representará el inicio de una nueva etapa en la política de seguridad peruana.
LA APUESTA POR MIRAR HACIA EL SALVADOR
Keiko Fujimori llega a El Salvador con un objetivo declarado: conocer experiencias que puedan contribuir a enfrentar uno de los problemas más sensibles de su gobierno.
La invitación de Bukele le permitirá observar directamente una de las estrategias de seguridad más discutidas de América Latina. Pero también colocará al Ejecutivo peruano frente a una decisión compleja: determinar qué medidas pueden ser adaptadas al contexto nacional y cuáles no.
El desafío será evitar tanto la idealización como el rechazo automático.
El Perú necesita soluciones propias para problemas propios. Sin embargo, estudiar experiencias internacionales puede ofrecer herramientas para construirlas.
La visita a El Salvador será, en ese sentido, mucho más que un encuentro entre dos presidentes. Será una oportunidad para medir hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno de Fujimori en su promesa de recuperar la seguridad y qué elementos del controvertido modelo de Nayib Bukele considera posibles de aplicar en territorio peruano.
El CECOT será una de las paradas más importantes del viaje. Pero la verdadera prueba comenzará cuando la presidenta regrese a Lima y tenga que convertir lo observado en políticas concretas.











