Escribe: Jhon Smith

José Jerí reapareció con la frente en alto este fin de semana en la Base Aérea Las Palmas, durante el Festival Aéreo BALP Lima 2026. Con una gorra de la Fuerza Aérea del Perú bien puesta y rodeado de miles de peruanos que celebraban el poderío aéreo, el exmandatario interino no se escondió. Al contrario defendió con orgullo y convicción una de las mejores decisiones que se han tomado en años para la seguridad del país el proceso de adquisición de los aviones F-16 Block 70.

Sus palabras fueron claras y cargadas de responsabilidad de Estado “Fuimos parte del proceso de renovación de nuestra flota aérea y estoy muy orgulloso de haber contribuido a la historia de nuestro país, sabiendo que ello iba a ser rechazado y criticado por un sector de nuestro país”. Esa frase resume perfectamente lo que significa liderar de verdad: tomar decisiones difíciles que miran al largo plazo, aunque generen ruido inmediato de los que solo piensan en el corto plazo y en el aplauso fácil.

La flota actual de la Fuerza Aérea del Perú está llegando al final de su vida útil. Mantener aviones obsoletos no es una opción es un riesgo innecesario para la soberanía nacional. En una región donde países vecinos modernizan constantemente sus fuerzas armadas, quedarse atrás significa quedar expuesto, vulnerable y sin capacidad disuasiva real. Los F-16 Block 70 no son un lujo ni un capricho: son la tecnología probada, confiable y compatible que el Perú necesita para recuperar su posición estratégica en el aire. Es una inversión en paz, en disuasión y en futuro.

Los críticos de siempre gritan “prioridades sociales” y acusan de despilfarro. Claro, la pobreza, la educación y la salud son importantes. Pero ¿de qué sirven escuelas y hospitales si no podemos garantizar la integridad territorial y la seguridad de los peruanos? La defensa nacional no es un gasto secundario es la base sobre la cual se construye todo lo demás. Un país débil en el cielo invita presiones, conflictos y pérdidas mucho mayores que cualquier cifra presupuestal. Jerí lo entendió perfectamente y actuó con la firmeza que muchos líderes actuales no tienen.

La decisión no fue improvisada. Fue aprobada por el Consejo de Seguridad y Defensa Nacional, contó con financiamiento previsto y respondía a un proceso que venía gestándose desde hace años. Suspenderla o postergarla, como se ha intentado recientemente, no solo genera incertidumbre, afecta las relaciones internacionales y expone al Perú a posibles demandas millonarias, sino que deja a nuestra Fuerza Aérea en una posición de inferioridad peligrosa. Jerí ha sido claro al advertir sobre estas consecuencias: hay que ser responsables con las decisiones de Estado.

Ver a Jerí en Las Palmas, compartiendo el orgullo por los avances de la FAP y reafirmando su convicción, es un recordatorio poderoso. Mientras algunos prefieren mirar hacia otro lado o ceder ante presiones populistas, él mantiene la postura de quien entiende que gobernar implica atreverse a decidir, incluso cuando se sabe que vendrán críticas.

El Perú necesita más líderes como José Jerí hombres y mujeres dispuestos a priorizar la defensa de la patria por encima del cálculo político barato. La compra de los F-16 es una decisión correcta, valiente y necesaria. Orgullosamente a favor.

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