Escribe: Jhon Smith

Hace apenas siete días de asumir como presidente encargado de la República, José María Balcázar ya tiene clara su primera prioridad: asegurarse una tarjeta electrónica recargable con 5,000 soles mensuales 60,000 soles al año solo para comprar abarrotes, verduras, frutas, carnes, pescados, mariscos, embutidos, lácteos, panadería y bebidas no alcohólicas. Todo en establecimientos afiliados de Lima Metropolitana. Sin retiro de efectivo, claro, pero con saldos acumulables y recargas express en 72 horas si se acaba.

El Despacho Presidencial ya convocó el concurso público abreviado. Cláusula de confidencialidad incluida. Todo “legal”, como repiten. Siguiendo los pasos de Dina Boluarte, quien reactivó este beneficio en julio del año pasado después de años suspendido.

Permítanme decirlo con claridad esto es un insulto a la inteligencia y al bolsillo de millones de peruanos.

En un país donde la canasta básica familiar supera los 1,500 soles en muchas regiones, donde el salario mínimo es de 1,025 soles y donde millones de familias deciden entre comprar arroz o pagar la luz, el presidente interino considera que 5,000 soles mensuales para comida es un “derecho” necesario. Cinco mil soles. Eso equivale a casi cinco salarios mínimos. Para una sola familia. En la residencia presidencial.

No es un sueldo. Es un plus. Un plus de lujo. Un plus que se suma al salario presidencial que ya supera los 30 mil soles mensuales. ¿De verdad alguien cree que José María Balcázar y su familia no pueden cubrir sus gastos de alimentación con lo que ya perciben del erario público? ¿O es que en Palacio de Gobierno se come langosta todos los días y hay que financiar el capricho con fondos públicos?

Lo más grave no es el monto en sí (aunque es escandaloso). Lo grave es el mensaje. Mientras en las calles de Lima, Arequipa o el interior del país las madres hacen malabares para que sus hijos no se vayan a la cama con hambre, desde el poder se normaliza que el presidente “necesite” un vale de lujo para no pasar apuros en el supermercado.

Esto no es solo un gasto innecesario. Es un símbolo de la desconexión absoluta de nuestra clase política. Los mismos que hace meses votaban aumentos de sueldo para congresistas, los mismos que viajan en primera clase con viáticos millonarios, ahora se quejan de que “no alcanza” para la comida. ¿En serio?

Perú no necesita presidentes con tarjetas doradas. Necesita líderes que entiendan el sacrificio diario del pueblo. Que vivan al menos un poco la realidad que predican. Que demuestren con hechos que están dispuestos a recortar privilegios antes de pedir más al presupuesto que sale de nuestros impuestos.

Señor Balcázar si realmente quiere ganarse el respeto de los peruanos, empiece por rechazar este beneficio. Devuélvalo. Diga públicamente que 5,000 soles mensuales para alimentación son un exceso cuando miles de compatriotas no llegan ni a 500. Ese gesto valdría más que mil discursos sobre “austeridad” y “proximidad con el pueblo”.

Porque al final, el verdadero problema no es la tarjeta. El problema es la mentalidad que la justifica la idea de que los de arriba tienen “necesidades especiales” que el resto de mortales no podemos comprender.

Hasta que esa mentalidad no cambie, seguiremos viendo lo mismo presidentes que llegan prometiendo cambio y, a la primera oportunidad, se sirven el mismo plato de siempre. Con 5 mil soles de guarnición.

El pueblo ya está cansado de pagar la cuenta.

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