JNJ APRUEBA A SOLO DOS CANDIDATOS PARA DIRIGIR LA ONPE RIGOR O ESCASEZ DE TALENTO?..!!!!!

Escribe: Jhon Smith
La Junta Nacional de Justicia (JNJ) ha dado un paso importante en el proceso para elegir al nuevo jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). De siete postulantes que llegaron a la evaluación de conocimientos, solo dos lograron aprobar Carlos Martín Eulalio Loyola Escajadillo, con un destacado 88 puntos, y Amparo Ortega Campana, con 74 puntos. El resto no superó la barrera mínima.
Este resultado genera reflexiones profundas sobre el estado de nuestras instituciones electorales.
Por un lado, es alentador ver que la JNJ aplica estándares rigurosos. La ONPE no es cualquier entidad es el órgano técnico encargado de organizar elecciones limpias, transparentes y confiables. En un país con un historial de desconfianza hacia los procesos electorales, exigir alto conocimiento en temas como legislación electoral, gestión pública, ética y organización del Estado no es un lujo, es una necesidad. Un jefe de la ONPE mal preparado podría comprometer la credibilidad de los próximos comicios. En ese sentido, felicitar a la JNJ por no bajar el listón es justo.
Sin embargo, también cabe preguntarse ¿es saludable que solo dos de siete candidatos calificados previamente pasen a la siguiente etapa? Un filtro tan estricto podría estar revelando problemas más profundos: escasa preparación de los postulantes, un examen demasiado teórico o, incluso, un círculo reducido de profesionales realmente idóneos para cargos de alta complejidad en el sistema electoral peruano.
Carlos Loyola Escajadillo emerge como la figura más fuerte hasta el momento. Su amplio puntaje sugiere no solo conocimiento, sino probablemente experiencia relevante. Amparo Ortega Campana también demostró solvencia. Ahora ambos deberán enfrentar la evaluación curricular y la exposición de su plan de trabajo. Ahí se definirá quién finalmente liderará la ONPE.
Lo que está en juego es mucho más que un nombramiento. Nuestro Pais necesita urgentemente reconstruir la confianza en sus organismos electorales. Después de años de polarización y cuestionamientos a cada proceso electoral, el próximo jefe de la ONPE debe ser alguien con independencia probada, capacidad técnica incuestionable y, sobre todo, legitimidad ciudadana.
La JNJ tiene en sus manos la responsabilidad de culminar este proceso con la misma transparencia con la que lo inició. La ciudadanía observa con atención. No solo importa quién gane, sino cómo se gana. Porque la democracia peruana no se fortalece solo con buenas intenciones, sino con instituciones sólidas y procesos creíbles.
El Perú merece una ONPE blindada políticamente y técnicamente impecable. Esperemos que estos dos finalistas estén a la altura del desafío histórico que representa.







