TERCERA VEZ QUE SÁNCHEZ MIENTE ¿CÓMO GOBERNARÁ EL PAÍS SI NO CUMPLE NI CON SUS MILITANTES..!!!!

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Escribe: Jhon Smith

Una vez más, Roberto Sánchez demostró que su principal fortaleza como candidato presidencial no es su conexión con la gente, sino su habilidad para mentir y luego defraudarlas. Este viernes 22 de mayo, el candidato de Juntos por el Perú había anunciado una caminata y un discurso en Chincha, pero prefirió quedarse en Lima participando en un conversatorio organizado por una ONG sobre infraestructura en Chancay.

Es la tercera vez que Sánchez deja plantados a sus seguidores. Ya había ocurrido en Huaura y Ventanilla. El patrón se repite anuncia actividades en provincia con bombos y platillos, genera expectativa entre militantes y simpatizantes, y luego desaparece. En Chincha, un pequeño grupo de leales lo esperó en vano hasta que el exministro Iber Maraví tuvo que salir a salvar la jornada.

Este tipo de comportamiento no es un simple error logístico. Es una señal preocupante de cómo entiende Sánchez la relación entre un líder y su base. En un país tan centralista como el Perú, donde la brecha entre Lima y las regiones es histórica y dolorosa, un candidato presidencial no puede permitirse el lujo de tratar a la provincia como un decorado opcional.

Mientras en Chincha lo esperaban para desayunar en el mercado de abastos y caminar por sus calles, Sánchez optó por debatir en Lima sobre Chancay. Es decir, prefirió hablar de desarrollo regional en un auditorio capitalino antes que vivirlo en carne propia junto a los ciudadanos de Ica. La ironía es brutal.

Este incidente revela dos problemas graves en la candidatura de Sánchez:

Primero, una evidente debilidad organizativa y de convocatoria. Si ni siquiera puede llenar una plaza en Chincha con militantes propios, ¿cómo pretende competir seriamente en una segunda vuelta?

Segundo, una desconexión preocupante con el Perú profundo. Un presidente no gobierna solo desde Lima. Quien aspire a dirigir el país debe entender que la política también se hace caminando bajo el sol de Chincha, Pisco, Huaraz o Juliaca. No solo en cómodos conversatorios con ONG.

A este ritmo, Sánchez no está haciendo campaña presidencial. Está perfeccionando el arte de la desilusión programada.

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