Escribe: Jhon Smith

La política vuelve a ofrecer uno de sus espectáculos más predecibles un candidato que promete justicia social, transparencia y lucha contra la corrupción mientras arrastra serias acusaciones de haberse quedado con el dinero de su propio partido. Roberto Sánchez, aspirante presidencial de Juntos por el Perú (JP), enfrentará el próximo 27 de mayo una audiencia de control de acusación por presunta falsa declaración ante la ONPE, derivada de denuncias de sus propios compañeros de partido.

Según la investigación fiscal, respaldada por testimonios de dirigentes nacionales de JPP, Sánchez y su hermano William habrían recibido cerca de 300 mil soles provenientes de aportes de candidatos para las elecciones regionales y municipales de 2018 y las congresales extraordinarias de 2020. Ese dinero, en lugar de ingresar a las cuentas del partido, terminó en cuentas personales de los hermanos. Ante la ONPE declararon cero soles. Los vouchers de depósitos, mostrados en reportajes periodísticos, son elocuentes.

No se trata de un “error administrativo”. Es un patrón. Dirigentes como Leandro Cerna y el propio fundador Yehude Simon han acusado públicamente a Sánchez de “apoderarse del partido” y de no transparentar los fondos recaudados a nivel nacional. Mientras militantes de provincias entregaban sus aportes con la ilusión de construir una alternativa política, el dinero terminaba financiando, presuntamente, intereses personales.

Lo más grave es el contraste entre el discurso y los hechos. Sánchez se presenta como abanderado de los olvidados, del cambio y de la moralidad pública. Sin embargo, pasó de declarar un patrimonio de 14 mil soles al llegar al Congreso en 2021 a más de medio millón en 2025. Las cuentas no cierran sin una explicación convincente. Y esa explicación, hasta ahora, brilla por su ausencia.

Este caso desnuda una de las hipocresías más persistentes de la izquierda radical que predican contra los poderosos mientras replican las mismas prácticas que critican. Robar a los pobres (o a los militantes que creen en el cambio) para beneficio propio no es “error de gestión”, es traición a la confianza. Es exactamente el tipo de conducta que genera el escepticismo ciudadano hacia la política y alimenta el antipoliticismo.

El 27 de mayo no es solo una audiencia técnica. Es un momento de verdad para Sánchez y para JP. Perú observa con atención. La política necesita menos mesías con cuentas opacas y más líderes que entiendan que la primera transparencia empieza en casa.

La izquierda radical que promete salvar al pueblo, pero no puede rendir cuentas ante su propio partido, difícilmente convencerá a una nación entera.

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