Escribe: Jhon Smith

El primer round del debate presidencial organizado por el Jurado Nacional de Elecciones (del 23 al 25 de marzo) no fue solo un show televisivo. Fue un espejo implacable que, según la encuesta Ipsos realizada inmediatamente después (26 y 27 de marzo), ya está moviendo las fichas de la intención de voto a solo 14 días de las elecciones del 12 de abril de 2026. Y el veredicto es claro: el electorado peruano, cansado de promesas vacías y ataques personales, empieza a premiar a quienes llegaron con ideas concretas y a castigar a quienes solo repitieron lo de siempre.

Miremos los números sin anestesia. Keiko Fujimori se mantiene sólida en 11 %, demostrando que su núcleo duro sigue fiel. Rafael López Aliaga, en cambio, cae de 10 % a 9 % su estilo confrontacional, que tanto entusiasmo generó en otras etapas, parece haber empezado a saturar. El gran ganador de la noche es Carlos Álvarez, que salta de 5 % a 7 % y se ubica en tercer lugar. ¿La razón? Mensajes propositivos, claros y enfocados en seguridad ciudadana y lucha contra la corrupción. El electorado lo notó. Jorge Nieto se mantiene en 5 %, Alfonso López-Chau y Roberto Sánchez bajan a 4 % cada uno (el primero por no cumplir expectativas y el segundo por recordarle al país su pasado en el gobierno de Castillo y sus normas que blindaron a corruptos).

Este no es un detalle menor. A menos de dos semanas de la votación, el debate presidencial está cumpliendo su rol democrático más puro: separar el trigo de la paja. En un país donde la política suele girar alrededor de figuras carismáticas o discursos incendiarios, es refrescante ver que los votantes responden positivamente a quien propone soluciones reales sobre seguridad, integridad pública y anticorrupción, los temas que más duelen en la calle.

Mi opinión es tajante este movimiento en las encuestas es una buena noticia para la democracia peruana. Demuestra que, a pesar de la fragmentación y la desconfianza crónica, los ciudadanos aún premian la seriedad.

Sin embargo, también es una advertencia. Los que cayeron (López Aliaga, López-Chau, Sánchez) lo hicieron por razones concretas limitaciones expuestas en el debate, antecedentes cuestionables o falta de frescura. El electorado está más atento y menos tolerante que nunca. Quien piense que puede ganar solo con gritos o victimismo se está equivocando de siglo.

Queda la segunda ronda del debate y, sobre todo, los últimos días de campaña. Pero una cosa ya quedó clara después de este primer round el tablero se movió. Y se movió a favor de quienes entienden que gobernar no es un reality show, sino una responsabilidad que exige ideas, no solo volumen.

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