Escribe: Jhon Smith

Por fin alguien del ámbito político-militar se atreve a decir lo que millones de peruanos pensamos en voz alta. César Astudillo, candidato al Senado por Fuerza Popular y exjefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, acaba de poner sobre la mesa un plan de seguridad que no se anda con rodeos, cadena perpetua para militares y policías que se involucren en delitos graves como el sicariato o la venta de armas. Y tiene toda la razón.

En un país donde los estados de emergencia se decretan como si fueran aspirinas uno tras otro sin que la delincuencia baje ni un ápice, Astudillo cuestiona con datos y experiencia lo que todos vemos sin una planificación seria, estas medidas son puro teatro. ¿De qué sirve declarar emergencia si los mismos que deben protegernos terminan vendiendo sus fusiles al mejor postor o convirtiéndose en sicarios con placa? La propuesta de cadena perpetua no es duro ni autoritario. Es elemental justicia. Quien jura defender al Estado y luego lo traiciona por plata o poder merece el castigo máximo, sin atenuantes. Punto.

Lo más valioso del planteamiento de Astudillo es que no se queda en la represión. Habla de reforma policial de verdad, de profesionalizar las instituciones, de cortar de raíz la corrupción que pudre desde adentro. Porque mientras sigamos teniendo policías y militares que lucran con el caos, cualquier plan de seguridad será papel mojado. El exjefe del Comando Conjunto sabe de lo que habla ha estado en la primera línea, conoce los cuarteles, conoce las calles y conoce los límites de las medidas cosméticas que hemos visto en los últimos años.

El Perú está cansado de discursos vacíos. Está cansado de ver cómo los mismos que deberían darnos seguridad se convierten en parte del problema. Las propuestas de Astudillo no son magia, pero sí son sentido común elevado a política de Estado. Castigar con severidad a los traidores del uniforme, planificar de verdad y reformar las instituciones desde la raíz. Eso es lo que necesita un país que ya no soporta más inseguridad, más extorsiones y más lágrimas de familias destrozadas.

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