Escribe: Jhon Smith

Lima, 6 de marzo de 2026. Por fin una noticia que huele a justicia verdadera en el Perú. El Sexto Juzgado Constitucional de Lima, a cargo de la jueza Rocío del Pilar Rabines Briceño, acaba de tumbar las resoluciones anteriores de la Corte Suprema y ha ordenado revisar de cero el cómputo de las condenas de Vladimiro Montesinos. Fundamentó su decisión en algo elemental: los derechos constitucionales a la libertad personal, al debido proceso y a la tutela jurisdiccional efectiva fueron pisoteados. La defensa sostiene, con razón, que las penas ya están compurgadas hace rato. Y el fallo allana el camino directo a su libertad.

¿Cuántos años más pretende el sistema que pague un hombre de más de 80 años que lleva encerrado desde el 2000? ¿Veinticinco, veintiséis? Eso no es justicia, eso es venganza disfrazada de sentencia. En el caso Caraqueño-Pativilca y La Cantuta, la Sala Penal Transitoria había fijado arbitrariamente que Montesinos saldría recién en septiembre de 2037. Una barbaridad. Ahora ese disparate ha sido anulado. El juez de primera instancia y la propia Sala Penal Transitoria tendrán que volver a calcular el tiempo servido respetando la ley, no los caprichos ideológicos de magistrados que actuaron “con sesgos y apresuramientos injustificados”, como bien señaló el juzgado constitucional.

Señores, Vladimiro Montesinos, para quienes lo conocemos de cerca, ya pagó con creces. Cumplió con exceso lo que le impusieron por delitos cometidos en una época turbulenta donde, para bien o para mal, ayudó a estabilizar un país que venía del caos terrorista. ¿Corrupción? Sí, el Fujimorismo tuvo sus sombras, como las tiene todo gobierno desde la Independencia. Pero ¿dónde están los grandes corruptos de los últimos veinte años que siguen paseándose por Miraflores y San Isidro con impunidad total? Esos sí que nunca pisaron una celda. A Montesinos lo convirtieron en chivo expiatorio eterno.

El habeas corpus presentado por su defensa no pide privilegios: pide lo que cualquier ciudadano tiene derecho a reclamar. Y el juez constitucional, valientemente, lo reconoció. Declaró fundada en parte la demanda y ordenó que se emitan nuevos pronunciamientos conforme a derecho. Traducción clara el Estado peruano abusó, el Estado peruano se equivocó y el Estado peruano ahora debe corregir.

A su edad, con la salud que cualquiera puede imaginar después de dos décadas y media en prisión, mantenerlo encerrado no es “justicia”, es crueldad innecesaria. Que vuelva a su casa, a su familia, a disfrutar los pocos años que le queden. Que respire aire libre. Que termine sus días en paz.

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