FISCAL DE LA NACIÓN TOMAS GALVEZ ORDENA EL CESE DE FUNCIONES Y DESACTIVACION INMEDIATA DE LOS EQUIPOS LAVA JATO, EFICCOP Y CUELLOS BLANCOS..!!!!!

Escribe: Jhon Smith
El fiscal de la nación interino, Tomás Gálvez, ha confirmado de manera oficial que en las próximas semanas se llevará a cabo la desactivación de varios equipos especiales dentro del Ministerio Público, una medida que busca reestructurar la organización interna de la Fiscalía para adaptarla a las necesidades actuales del sistema judicial peruano. Entre los grupos afectados por esta decisión se encuentran el Equipo Especial Lava Jato, dedicado a investigar los ramificados casos de corrupción vinculados a la constructora brasileña Odebrecht y sus impactos en la política nacional; el Equipo Especial de Fiscales contra la Corrupción del Poder (Eficcop), creado específicamente para indagar en redes de influencia y sobornos que afectan las altas esferas del gobierno; el equipo Los Cuellos Blancos del Puerto, enfocado en desmantelar organizaciones criminales infiltradas en el Poder Judicial y entidades portuarias; y otros grupos relacionados con violaciones a los derechos humanos, como aquellos que abordan crímenes de lesa humanidad durante periodos de conflicto interno en el país. Esta iniciativa no surge de la nada, sino que responde a un largo debate sobre la sostenibilidad de estos equipos, formados inicialmente como respuestas de emergencia a escándalos masivos de corrupción que sacudieron a Perú en la última década, pero que ahora, según Gálvez, han agotado su fase temporal y operativa, permitiendo una redistribución más eficiente de recursos humanos y materiales en la institución.
Gálvez fundamenta esta desactivación en el principio de que estos equipos fueron concebidos como mecanismos transitorios, diseñados para atacar focos específicos de corrupción y crimen organizado una vez que estos casos alcanzan un nivel de madurez suficiente para ser absorbidos por las fiscalías especializadas regulares. De esta forma, la disolución no implica un abandono de las investigaciones en curso, sino una transición hacia estructuras permanentes que garanticen continuidad y eviten duplicidades administrativas, lo cual podría optimizar el presupuesto de la Fiscalía y fortalecer su capacidad operativa a largo plazo. Para avanzar en este proceso, el fiscal interino planea presentar una propuesta formal ante la Junta de Fiscales Supremos, el órgano colegiado que supervisa las decisiones de alto nivel en el Ministerio Público, con el objetivo de obtener un aval colectivo que legitime la medida como un consenso institucional. Sin embargo, Gálvez ha dejado claro que, en caso de no recibir el respaldo esperado debido a posibles resistencias internas o desacuerdos políticos, está dispuesto a ejercer sus atribuciones plenas como fiscal interino para ejecutar la desactivación de forma unilateral, invocando las normas legales que le otorgan autonomía en la gestión administrativa de la entidad. Esta postura refleja no solo su determinación para reformar la Fiscalía, sino también un reconocimiento implícito de las tensiones históricas dentro de la institución, donde equipos especiales han sido tanto alabados por sus avances como criticados por supuestas politizaciones o interferencias externas.
A pesar de la urgencia de la reorganización, Gálvez ha enfatizado que la implementación no se precipitara y que no ocurrirá antes de finales de año, considerando la abrumadora carga de trabajo acumulada en estos equipos, que incluyen docenas de expedientes abiertos, audiencias pendientes y evidencias por procesar que podrían colapsar si no se maneja con cuidado. Esta pausa temporal subraya la importancia de una transición ordenada, donde los fiscales y asistentes sean reasignados gradualmente a fiscalías temáticas, asegurando que ninguna pesquisa clave se vea interrumpida abruptamente y que el conocimiento acumulado se transfiera de manera efectiva para mantener el impulso en la lucha contra la impunidad. Al ser interrogado sobre las inevitables críticas que podría desatar esta decisión, especialmente en un contexto político polarizado donde la anticorrupción es un tema sensible, Gálvez respondió con pragmatismo, señalando que los sectores tradicionalmente aliados con figuras o empresas implicadas en los casos de Odebrecht —como exfuncionarios o lobistas— lo atacarían de todos modos, viéndolo como un intento de diluir el escrutinio sobre sus intereses. Por el contrario, argumentó que voces independientes y defensores de una justicia más equitativa lo reconocerían y aplaudirían por priorizar la eficiencia institucional sobre el mantenimiento de estructuras obsoletas, lo que ilustra la profunda división en la percepción pública de estas reformas, alimentada por años de escándalos que han erosionado la confianza en el sistema judicial.
