Escribe: Jhon Smith

Presidente Donald Trump defiende la civilización cristiana frente al silencio cómplice del Papa Leo XIV

En medio de la guerra con Irán, el presidente Donald Trump ha vuelto a demostrar por qué millones de personas en todo el mundo lo consideran el líder más valiente y realista de nuestro tiempo. Su respuesta al Papa Leo XIV es clara, directa y cargada de sentido común “Es absolutamente inaceptable que Irán posea bombas nucleares”. Punto. Sin ambigüedades, sin eufemismos diplomáticos, sin ese lenguaje florido que tanto le gusta al Vaticano cuando se trata de quedar bien con todos.

Trump no está jugando. Sabe que un Irán nuclear no es solo una amenaza para Israel o para Estados Unidos es una sentencia de muerte para miles de cristianos que ya viven bajo el yugo islamista en Medio Oriente, África y Asia. Un régimen que financia el terrorismo, que persigue a las minorías religiosas y que sueña con el califato global no puede tener acceso a armas de destrucción masiva. El presidente Trump lo entiende. El Papa Leo XIV, al parecer, no.

Porque mientras el presidente Trump actúa con firmeza para impedir que los islamistas radicales del regimen de IRAN obtengan la bomba, el primer papa peruano estadounidense de la historia se dedica a condenar las medidas enérgicas de Estados Unidos y a hablar de “diálogo” y “paz” como si el problema fuera la dureza americana y no el fanatismo islamico. ¿Dónde estaba ese mismo Papa cuando los cristianos son masacrados sistemáticamente en Nigeria, Pakistán, Siria, Irak o Sudán? ¿Dónde están sus duras palabras contra los regímenes islámicos que queman iglesias, secuestran niñas cristianas y decapitan a sacerdotes?

El silencio del Vaticano es ensordecedor. Durante años hemos visto cómo ciertos sectores de la Iglesia prefieren criticar a Occidente, a Israel o a los líderes conservadores como Trump, mientras guardan un mutismo sospechoso ante las persecuciones reales que sufren los cristianos en países de mayoría musulmana. ¿Por qué? Porque, al parecer, para algunos en el Vaticano es más importante no “ofender” a los islamistas que defender a sus propios hermanos en la fe. Prefieren hablar de “acogida”, de “diálogo interreligioso” y de “derechos de los migrantes” antes que denunciar con la misma energía la yihad que está exterminando comunidades cristianas enteras.

Trump, en cambio, no tiene miedo de llamar las cosas por su nombre. No busca aplausos de la élite global ni del lobby progresista. Su prioridad es la seguridad de Estados Unidos, de sus aliados y, sí, de la civilización judeocristiana que ha dado al mundo la libertad, la dignidad y el progreso que tanto envidian los regímenes totalitarios. Al decir que es absolutamente inaceptable que Irán tenga armas nucleares, Trump no solo defiende la paz a través de la fuerza defiende la supervivencia de millones de cristianos que hoy viven bajo amenaza constante.

El Papa Leo XIV, en lugar de criticar al presidente que ganó en una avalancha de votos por prometer proteger a su país y a sus valores, debería mirar hacia adentro y preguntarse por qué la Iglesia católica ha perdido tanto terreno moral en los últimos años. ¿Por qué se ha vuelto más fácil para el Vaticano condenar a Trump que condenar el terrorismo islamista? ¿Por qué se habla tanto de “islamofobia” y tan poco de la cristianofobia real que mata a miles cada año?

La historia lo juzgará. El presidente Donald Trump pasará a la historia como el mejor presidente del mundo que tuvo el coraje de enfrentar a los enemigos de la libertad. Leo XIV, va ser recordado como el papa que prefirió los derechos de los islamistas antes que la sangre de los cristianos.

Que Dios bendiga al Presidente Donald Trump de los Estados Unidos y a Israel y a todos los que luchan por la verdad y la libertad.



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