Escribe: Mieses Lopez

Querido votante de TikTok mientras scrolleas, das like y compartes opiniones rápidas, hay un Perú que no aparece en tu feed. Un Perú que se levanta temprano para tomar un bus caro, que ve cómo sube el precio del combustible, que enfrenta el dengue o el chikungunya sin posta médica cerca, y que envía a sus hijos a escuelas públicas saturadas. Ese Perú no tiene tiempo para debates ideológicos en redes sociales. Ese Perú vota en silencio. Y ese voto, al que algunos llaman “recesivo”, es el que realmente mueve el tablero electoral.

El video de Juventud por el Cambio lo explica con crudeza y claridad existe un voto silencioso que no se deja capturar por encuestas ni por algoritmos. Son padres de familia, trabajadores informales, comunidades andinas y provincianas que priorizan la supervivencia diaria sobre la política de espectáculo. No responden llamadas de encuestadores porque están ocupados resolviendo problemas reales. No participan en trends porque su preocupación no es viralizar una idea, sino llegar a fin de mes y proteger a su familia.

Este voto recesivo es incómodo para muchos. Molesta a quienes creen que la política se decide solo entre Lima, los estudios de televisión y las cuentas con miles de seguidores. Pero la historia electoral peruana está llena de sorpresas precisamente por este sector. Al final, cuando las urnas hablan, aparece ese voto que nadie vio venir.

Peor aún es cuando los políticos oportunistas intentan cazarlo. El caso de Rafael López Aliaga es un ejemplo clásico primero se presentó como candidato de izquierda con Solidaridad Nacional, hablando de regular mercados y políticas sociales; luego mutó hacia posiciones de derecha cristiana conservadora. Cambió de piel según convenía, buscando conectar con ese votante vulnerable que solo quiere soluciones concretas, no etiquetas ideológicas. ¿Izquierda, derecha o centro? Para muchos peruanos comunes, esas categorías son irrelevantes. Lo que importa es si mañana habrá agua, si el colegio de sus hijos funciona o si podrán pagar el pasaje.

La juventud que impulsa el cambio tiene la responsabilidad de entender esto. No se trata de despreciar al votante de TikTok, sino de reconocer que el país real es mucho más amplio que nuestras burbujas digitales. La política seria no puede reducirse a memes, confrontaciones estériles o promesas vacías que suenan bien en un reel de 15 segundos. El verdadero cambio nace cuando se escucha a quienes no tienen voz en las redes, pero sí la tienen en las urnas.

Es hora de dejar de lado la politiquería de camaleones y enfocarnos en propuestas concretas acceso real a salud en zonas vulnerables, transporte asequible, educación de calidad y oportunidades para los que menos tienen. El voto recesivo no pide ideología; pide resultados.

Mientras tanto, las encuestas seguirán fallando y los algoritmos seguirán creando la ilusión de que el Perú cabe en una pantalla. Pero la realidad siempre termina imponiéndose. El Perú profundo, el de la lucha diaria, el que no hace ruido en internet, es el que decidirá el futuro.

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