¿PRESIDENCIA O DESASTRE? BELMONT ESCOGE A UNA CONDENADA Y UN ANTAURISTA COMO ACOMPAÑANTES..!!!!

Escribe: Jhon Smith
Vuelve a dar un espectáculo lamentable en plena campaña presidencial. Ricardo Belmont, candidato por el Partido Cívico Obras, ha decidido que sus acompañantes en la fórmula presidencial sean Daniel Hugo Barragán Coloma como primer vicepresidente y Dina Irene Hancco Hancco como segunda vicepresidenta. Uno es un conocido antaturista con historial de cercanía al etnocacerismo y al golpismo reciente; la otra carga una condena por contrabando ya cumplida. Y ambos, además, postulan al Congreso. En un país que ha visto caer presidentes como dominó en los últimos años, elegir vicepresidentes con estos perfiles no es solo un error es una irresponsabilidad política de primer nivel.
No se trata de perseguir a nadie por su pasado. Se trata de entender que la vicepresidencia no es un cargo decorativo. La historia reciente lo grita vacancias presidenciales, renuncias y destituciones han convertido a los vicepresidentes en presidentes de facto. Recordemos que en los dos últimos gobiernos el sillón de Pizarro ha cambiado de manos más veces que un taxi en hora punta. Quien elige a sus vicepresidentes está eligiendo, literalmente, a quien podría gobernar el Perú mañana mismo si algo sale mal. Y Belmont ha optado por dos perfiles que, como mínimo, generan legítima preocupación.
Daniel Hugo Barragán Coloma no es un desconocido. Tiene vínculos directos con Antauro Humala, el líder etnocacerista condenado por el asesinato de cuatro policías en Andahuaylas en 2005. Postuló con el partido que Humala usó para llegar al poder, fue ministro de Defensa bajo Pedro Castillo el mismo que intentó el autogolpe y ha transitado por varias tiendas políticas sin mayor éxito. Llamarlo “violientista en lista”, no es exageración periodística es una descripción precisa de su trayectoria. ¿Este es el hombre que queremos ver asumiendo la Presidencia si Belmont no puede continuar? La pregunta se responde sola.
Por su parte, Dina Irene Hancco Hancco arrastra una sentencia de tres años y seis meses de pena privativa de la libertad suspendida por el delito de contrabando. Sí, ya cumplió la pena. Pero el contrabando no es un delito menor ni un “error de juventud” es un crimen que atenta contra la economía del Estado y contra la formalidad que tanto reclama el país. Que una persona condenada por esto aspire a la segunda vicepresidencia y, al mismo tiempo, a una curul en el Congreso de la República, dice mucho de los estándares que manejan algunos partidos. ¿Qué mensaje se le envía a la ciudadanía? ¿Que todo se puede olvidar con tal de sumar votos?
Lo más grave no es solo quiénes son estos candidatos, sino lo que revela sobre la forma en que se construyen las listas presidenciales en Perú. Parece que prima la lealtad, el cálculo regional o el relleno de cupos antes que la idoneidad, la honestidad y la capacidad de gobernar. En un contexto de profunda desconfianza ciudadana hacia la clase política, este tipo de decisiones solo alimentan el cinismo y el hartazgo. Los peruanos no pedimos santos en la boleta; pedimos, al menos, que no nos impongan a personas cuyas trayectorias generan más dudas que certezas.
Ricardo Belmont tiene todo el derecho de armar su equipo como le plazca. Pero los electores también tenemos el derecho y la obligación de exigir que ese equipo esté a la altura del desafío que representa gobernar un país tan frágil institucionalmente como el nuestro. Elegir a una condenada por contrabando y a un antaturista con historial de cercanía al golpismo no es “diversidad” ni “inclusión”. Es, simple y llanamente, jugar con fuego en un polvorín.
El Perú merece mucho más. Merece candidatos serios que entiendan que la vicepresidencia no es un premio de consuelo, sino una responsabilidad de Estado. Mientras sigamos viendo listas armadas con este nivel de ligereza, seguiremos lamentando que la política sea más un circo que un espacio de soluciones reales. El 2026 está a la vuelta de la esquina. Ojalá los electores sepamos leer entre líneas antes de que sea demasiado tarde.







