Escribe: Jhon Smith

Del 23 al 25 de marzo y del 30 de marzo al 1 de abril de 2026, el Perú será testigo de algo nunca visto: 35 candidatos de 35 partidos diferentes debatiendo cara a cara en formato presencial, divididos en grupos de tres como si fuera un campeonato de fútbol. El Jurado Nacional de Elecciones sorteó durante más de tres horas estos enfrentamientos y el resultado es un verdadero espectáculo democrático o un riesgo de confusión total, según se mire.

En mi opinión, este formato innovador es un acierto y un desafío al mismo tiempo. Por un lado, celebra el pluralismo nunca en la historia reciente del país habían participado tantos aspirantes. Eso refleja la diversidad de ideas que existe en nuestra sociedad fragmentada. Por otro lado, 35 voces en grupos de tres por jornada pueden diluir el mensaje. El ciudadano común, que ya está saturado de campañas, ¿podrá distinguir propuestas concretas entre tanto ruido? Aquí radica el gran mérito del debate: obliga a los candidatos a confrontarse directamente, sin filtros ni spots publicitarios. Nada de promesas vacías; tendrán que responder en vivo sobre seguridad ciudadana, corrupción, educación, innovación, empleo y emprendimiento.

El plato fuerte salta a la vista: en la segunda jornada se enfrentarán Rafael López Aliaga (Renovación Popular) y Keiko Fujimori (Fuerza Popular), los dos primeros en las encuestas. Ese duelo no es solo político, es el termómetro real de la elección. López Aliaga representando la derecha tibia y Fujimori la experiencia fujimorista clásica de una verdadera Derecha Radical. Verlos debatir sin intermediarios será decisivo para millones de peruanos indecisos. Además, otros cruces interesantes como José Williams vs. Rafael López Aliaga, Mario Vizcarra vs. Enrique Valderrama o Marisol Pérez Tello invitada especial, prometen chispas.

La ausencia del profugo Vladimir Cerrón (Perú Libre) por estar en busquedad de la justicia no es un detalle menor. Es un recordatorio doloroso de que la ley se aplica a todos, incluso a quienes aspiran a gobernar. Su exclusión limpia el escenario y evita que el debate se convierta en un circo judicial, pero también deja huérfana a una parte importante del electorado de izquierda. ¿Cómo responderá ese sector? ¿Se reagrupará detrás de otro candidato o se abstendrá?

Este debate no es un simple trámite. Es la primera gran oportunidad real para que los peruanos veamos quién tiene ideas claras y quién solo repite eslogans. En un país cansado de crisis políticas constantes, necesitamos líderes que demuestren capacidad de diálogo, coherencia y propuestas viables. Los moderadores Pedro Tenorio y Tatiana Alemán tendrán la responsabilidad de mantener el orden y exigir respuestas concretas.

Personalmente, celebro que el debate sea presencial y en vivo. Las redes sociales y los estudios de televisión han distorsionado demasiado la política. Ver a los candidatos sudar, responder sin guion y defender sus ideas frente a rivales directos es la esencia. Que gane el mejor argumento, no el que más grite o el que tenga más dinero para spots.

Perú se juega mucho en 2026. Este debate de récord es el primer gran filtro. Los que brillen aquí tendrán ventaja real. Los que fallen, quedarán expuestos. Los ciudadanos, finalmente, saldremos ganando porque tendremos más elementos para decidir con cabeza, no con emoción del momento.


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