Escribe: Jhon Smith

Nuestro pais vive una de esas crisis silenciosas que golpean donde más duele: la olla de las familias. El desabastecimiento de gas natural ha puesto en jaque el suministro de GLP, y el Ministerio de Energía y Minas (Minem) acaba de tomar una decisión que, lejos de ser un capricho, es puro sentido común suspender por 10 días el horario rígido de descarga de GLP (de 10 de la noche a 6 de la mañana) para permitir que los camiones cisterna operen las 24 horas.

La medida, publicada este miércoles, es temporal pero necesaria. El artículo 118 del Reglamento de Seguridad para Instalaciones y Transportes de GLP era claro hasta que llegó la emergencia. Ahora, gracias a esta exoneración, se facilita la reposición rápida de inventarios y se evita que los grifos se queden sin producto. Porque cuando hay crisis, la prioridad no es cumplir un horario escrito en papel, sino que la gente pueda cocinar, calentar agua y vivir con dignidad.

Lo más indignante del caso es lo que reveló el propio ministro Angelo Alfaro el martes algunos municipios estaban multando a los camiones cisterna por descargar fuera de horario. ¡En plena emergencia! Imagínense mientras las familias temen quedarse sin gas, las municipalidades jugando a ser policías del reglamento.

Y tiene toda la razón. ¿De qué sirve un reglamento perfecto si la población sufre? En Lima y en provincias, miles de hogares dependen del GLP para lo más básico. Cada hora que un camión se queda varado por una multa absurda es una hora más de incertidumbre para la señora que prepara el desayuno, para el restaurante que no puede atender clientes, para el hospital que necesita energía confiable.

El Minem ha sido claro los agentes deben extremar las medidas de seguridad (y está bien que lo exija), y Osinergmin vigilará. Pero la flexibilidad no es un lujo, es una obligación del Estado cuando la realidad golpea más fuerte que cualquier norma.

Esta resolución no soluciona de fondo el problema estructural del gas natural (eso requiere inversión, diversificación y menos dependencia).

Ojalá esta flexibilidad no sea solo por 10 días. Ojalá sirva de lección en emergencias, las reglas se ajustan a la realidad, no al revés. Porque cuando se trata de evitar que millones de peruanos se queden sin fuego en la cocina, el único horario que importa es el del sentido común. Y hoy, por fin, ese sentido común ganó.

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