Escribe: Jhon Smith

Ayer, 10 de marzo de 2026, en pleno corazón de Villa El Salvador, Keiko Fujimori presentó el plan económico de Fuerza Popular. Y contra todo pronóstico de quienes ya tenían la respuesta preparada antes de escuchar, lo que se escuchó no fue un discurso ideológico ni una lista de promesas huecas. Fue un diagnóstico brutalmente realista y un paquete de medidas concretas centradas en el verdadero motor de la economía peruana las micro y pequeñas empresas (MYPES).

Porque sí, en Perú el 99 % de las empresas son MYPES y generan el 85 % del empleo privado. El resto es cuento. Mientras algunos siguen hablando de grandes proyectos mineros o megaproyectos que nunca llegan al bolsillo del pueblo, Keiko puso el foco donde duele y donde más se necesita en la señora que abre su tiendita a las 6 a.m., en el pescador artesanal que no sabe si mañana habrá tormenta, en el agricultor pequeño que pierde la cosecha por falta de agua.

Lo más potente del plan es el cambio de paradigma que propone pasar de la “cultura de persecución” a la de “acompañamiento estratégico”. Clausuras arbitrarias solo como última ratio, no como primera medida del inspector de turno. Un fondo de garantía estatal para abaratar créditos. Cinco años de exoneración de IGV en la importación de maquinaria y tecnología para pequeñas empresas.

Eso no es populismo. Eso es sentido común elevado a política de Estado.

Además, hay medidas concretas y medibles cumplir de una vez la cuota del 40 % de compras estatales a MYPES, empezando por cinco millones de kits escolares hechos 100 % por productores nacionales. Seguro para pescadores artesanales ante desastres. Aceleración de infraestructura hídrica para la pequeña agricultura. Y una apuesta clara por el turismo duplicar la llegada de extranjeros para que la demanda impulse a los productores locales, con acompañamiento en calidad.

¿Se puede criticar? Claro. Siempre se puede decir que “faltan detalles” o que “ya veremos si se cumple”. Pero después de años de gobiernos que prometieron todo y no resolvieron ni el trámite más básico, este plan se siente distinto. Es pragmático, focalizado y ataca el cáncer real del empresariado peruano la informalidad forzada por un Estado que, en vez de ayudar, estorba.

En un país donde millones de peruanos sobreviven gracias a su esfuerzo diario pese al Estado y no gracias al Estado, este plan es un soplo de aire fresco. No promete magia. Promete reglas claras, menos trabas y más apoyo real.

Si Fuerza Popular logra implementar aunque sea la mitad de lo anunciado, Perú dará un salto que muchos creían imposible. Porque la economía no se reactiva con discursos grandilocuentes. Se reactiva dejando trabajar a quienes de verdad trabajan.

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