Escribe: Jhon Smith

Por fin alguien habla con sentido común en medio de esta tormenta perfecta de lluvias, inundaciones y apagones. Keiko Fujimori, lideresa de Fuerza Popular, acaba de poner el dedo en la llaga su bancada no le dará el voto de confianza al gabinete de Denisse Miralles si este no revierte la absurda medida de imponer clases virtuales obligatorias en todos los colegios del país. Y tiene toda la razón del mundo.

El gabinete Miralles, ante la crisis energética que afecta el suministro de gas, optó por la salida más cómoda y más dañina apagar las aulas. Clases virtuales para todos, ordenaron. Como si el Perú fuera un país donde todos los niños tienen laptop, internet estable, electricidad 24 horas y padres que pueden quedarse en casa supervisando. Como si el 75 % de los escolares que van a colegios públicos y caminan todos los días a clases pudieran simplemente “conectarse”.

Keiko lo dijo claro y sin rodeos “Como todo gabinete de izquierda, en vez de solucionar las cosas, lo que hacen es empeorarla”. Y remató con una verdad que duele prohibir las clases presenciales es facilista y vulnera el derecho fundamental de los niños a recibir educación digna. Porque el 85-90 % de los niños de colegios públicos van caminando. No necesitan transporte, no necesitan combustible extra. Solo necesitan abrir las puertas del colegio y aprender.

¿Cuál es el plan real del gobierno? ¿Que los niños se queden en casas sin luz, sin internet, sin supervisión, mientras los padres salen a trabajar? ¿Eso es “ahorro energético? Eso es abandono educativo disfrazado de ecologismo de escritorio. Eso es castigar a los más pobres, que son precisamente quienes más necesitan la escuela presencial para salir adelante.

Fuerza Popular está haciendo exactamente lo que la oposición responsable debe hacer condicionar el voto de confianza a una medida de sentido común. No se trata de obstruir, se trata de impedir que se cometa un error histórico contra la educación. Porque una generación que pierde meses de clases presenciales por un “parche” energético nunca recupera ese tiempo.

Keiko Fujimori no está jugando a la política barata. Está defendiendo lo más sagrado que tiene un país el derecho de sus niños a ir al colegio, a socializar, a aprender de verdad y no a través de una pantalla que la mitad de las familias ni siquiera puede encender.

Y el Perú, gracias a voces como la de Keiko Fujimori, todavía no está dispuesto a rendirse.

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