Escribe: Jhon Smith

El 4 de marzo de 2026, un misil balístico lanzado desde Irán cruzó los cielos de Irak y Siria, se dirigió hacia el espacio aéreo turco y fue interceptado y destruido por los sistemas de defensa de la OTAN en el Mediterráneo oriental. Los restos cayeron en la provincia de Hatay, en el extremo sur de Turquía, sin causar víctimas. Fue el primer incidente directo en suelo de un país de la Alianza Atlántica desde que Estados Unidos e Israel iniciaron la operacion furia epica contra el regimen islamico de los ayatolas en Irán el 28 de febrero.

Turquía juega aquí un papel incómodo pero necesario. Es miembro de la OTAN desde 1952, alberga bases estratégicas estadounidenses y participa activamente en los sistemas de defensa antimisiles de la Alianza. Su advertencia de hoy es, por tanto, doblemente significativa no solo defiende su soberanía, sino que envía un mensaje claro a Irán.

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