Escribe: Jhon Smith

Por fin salió a la luz lo que todos sospechábamos no fue solo un atropello. Fue un asesinato con fuga, seguido de un encubrimiento descarado orquestado por influencer, abogados con contactos y “peces gordos” que mueven los hilos desde las sombras. Lizeth Marzano, deportista joven de apenas de 33 años, agonizó más de media hora en la calle de San Isidro mientras el responsable y asesino, Adrián Villar, huía como cobarde. Y ahora, gracias a los chats revelados por Cuarto Poder, sabemos que su expareja Francesca Montenegro no solo lo protegió le ofreció el arsenal completo de influencias y de esos misteriosos “peces gordos” que en Perú siempre significan lo mismo plata, poder y justicia a la carta.

Gino Marzano, el hermano de Lizeth, lo dijo bien claro esto fue un encubrimiento total. Y tiene razón. La familia se enteró de los chats por la televisión, igual que tú y yo. La mamá entró en crisis al ver cómo estos privilegiados se coordinaban para ganar tiempo para buscar defensas, para fabricar coartadas mientras Lizeth ya estaba muerta. ¿Trauma shock? ¡Qué cinismo! Ahora que salieron los videos y los mensajes, de repente nadie menciona el “shock”. Solo mentiras sobre mentiras, inconsistencias que apestan a acuerdo entre familias de adineradas.

Por qué la audiencia se posterga una y otra vez? Porque el sistema está diseñado exactamente para esto proteger a los que tienen apellido, plata y contactos. Francesca Montenegro, la influencer que jugaba a ser novia solidaria mientras coordinaba el salvataje legal, representa todo lo podrido de esta generación de “famositos” que creen que sus likes los hacen intocables.

Si las instituciones no reaccionan con la fuerza que exige este escándalo, entonces que se sepa la ciudadania ya no cree en ellas. Y cuando el pueblo pierde la fe en la justicia, solo queda una cosa exigirla en la calle. Con rabia. Con dignidad. Con el nombre de Lizeth Marzano en cada pancarta.

Porque si hoy encubren a Adrián Villar, mañana te atropellan a ti. Y nadie moverá un dedo. ¡Justicia para Lizeth! ¡Ya! Y que tiemblen los peces gordos.

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