Escribe: Jhon Smith

En un momento en que el Perú enfrenta desafíos constantes desde desastres naturales hasta tensiones políticas, las palabras del presidente José Jerí resuenan con particular fuerza “Nuestro país siempre ha demostrado su grandeza ante los problemas, porque cuando el país está unido y la solidaridad nos amalgama es cuando somos mejores como sociedad”. Estas declaraciones, pronunciadas durante el lanzamiento del programa de voluntariado en emergencia y rehabilitación en Palacio de Gobierno, no son solo un discurso protocolar; son un llamado urgente a la reflexión colectiva.

El presidente tiene razón al afirmar que la unión entre Estado y sociedad es la fórmula más efectiva para superar las crisis. Historia mediante, el Perú ha dado sus mejores ejemplos precisamente en los momentos más difíciles. Recordemos los huaicos de 2017, el terremoto de Pisco en 2007 o las inundaciones recurrentes en la selva y la costa: en esas emergencias, la solidaridad ciudadana surgió espontáneamente. Voluntarios de todas las regiones, jóvenes y adultos, ricos y pobres, se organizaron para rescatar, alimentar y reconstruir. Fue la unión la que permitió resultados extraordinarios, más allá de lo que cualquier institución sola hubiera logrado.

Sin embargo, en los tiempos “normales” esos en los que no hay una catástrofe inmediata, parecemos olvidar esa lección. Las divisiones políticas, los enfrentamientos ideológicos y las desconfianzas regionales nos fragmentan. Congresos polarizados, protestas que derivan en violencia y un diálogo público envenenado por redes sociales nos alejan de esa “grandeza” que el presidente menciona. ¿Por qué somos capaces de unirnos ante un desastre natural, pero no ante los problemas estructurales como la inseguridad, la pobreza o la corrupción?

El programa de voluntariado lanzado recientemente es un paso concreto y esperanzador. Al combinar la experiencia de generaciones mayores con la energía de la juventud como destacó el mandatario, se crea un modelo que trasciende lo asistencialista y se convierte en política de Estado. No se trata solo de responder a emergencias, sino de prevenirlas y rehabilitar con participación ciudadana activa. Cuando el Estado abre espacios reales para que la sociedad colabore, se fortalece la confianza mutua y se multiplican los resultados.

Es hora de extender esa lógica más allá de las crisis. La unidad que el presidente invoca debe ser permanente: en la lucha contra la delincuencia, en la reforma educativa (cuya nueva currícula se presentará pronto), en la defensa del medio ambiente y en la construcción de una economía inclusiva. Los peruanos debemos exigir a nuestros líderes que prioricen el bien común por encima de las agendas partidarias, pero también debemos exigírnoslo a nosotros mismos como ciudadanos.

El Perú no necesita más confrontación; necesita más puentes. Cuando estamos unidos, como bien dice el presidente Jerí, somos una mejor sociedad. Démosle la razón con hechos: participando, dialogando y trabajando juntos. Solo así lograremos que la grandeza que mostramos en los malos momentos se convierta en nuestra realidad cotidiana. El futuro del Perú depende de que elijamos la solidaridad como hábito, no como excepción.

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