¡EL VOLUNTARIADO ORGANIZADO EL GRAN PASO QUE EL PERÚ NECESITABA..!!!!

Escribe: Jhon Smith
En un país como el nuestro, marcado por desastres naturales recurrentes terremotos, huaicos, inundaciones, la solidaridad ciudadana siempre ha sido el bálsamo que alivia el dolor colectivo. Recientemente, el presidente José Jerí puso en el centro del debate esta realidad al destacar la vocación de servicio de los voluntarios durante la ceremonia de lanzamiento del Voluntariado en Emergencia y Rehabilitación (VER), donde tomó juramento a cientos de ciudadanos comprometidos con la preparación, respuesta y reconstrucción ante emergencias.
Sus palabras no fueron un mero protocolo: fueron un reconocimiento profundo a esa entrega desinteresada que, en muchas ocasiones, marca la diferencia entre la desesperación y la esperanza.
Es imposible no emocionarse al pensar en los miles de peruanos que, sin esperar nada a cambio, han dejado sus hogares para ayudar en zonas devastadas. Recordemos el terremoto de Pisco en 2007, los huaicos de 2017 o las emergencias por El Niño costero: en todos esos momentos, los voluntarios fueron los primeros en llegar y los últimos en irse. Médicos, ingenieros, jóvenes universitarios, amas de casa, todos convergieron en un mismo propósito: servir al prójimo. Esa es la verdadera vocación de servicio que elogió el presidente Jerí, y que merece no solo aplausos, sino un respaldo institucional sólido.
El lanzamiento del Voluntariado en Emergencia y Rehabilitación es, en ese sentido, una iniciativa acertada y necesaria. Por primera vez, el Estado busca organizar y canalizar esa energía solidaria que hasta ahora ha sido espontánea, pero muchas veces dispersa. No se trata de reemplazar la responsabilidad estatal que sigue siendo primordial en la prevención y gestión de riesgos, sino de complementarla con la fuerza de la sociedad civil. Con más de 500 voluntarios juramentados en esta primera etapa, el programa promete fortalecer la respuesta nacional ante desastres y, sobre todo, acelerar la fase de rehabilitación, esa que a menudo queda olvidada una vez que las cámaras se apagan.
Este paso del gobierno del presidente Jerí demuestra una sensibilidad que el Perú necesita: reconocer que el cierre de brechas no solo se logra con presupuesto y infraestructura, sino con personas comprometidas. El voluntariado no es un lujo; es una herramienta poderosa para construir resiliencia. Países como Japón o Chile han integrado exitosamente el voluntariado organizado en sus sistemas de gestión de riesgos, y nosotros, con nuestra tradición solidaria, tenemos todo para hacerlo aún mejor.
Sin embargo, para que este programa trascienda lo simbólico, debe ir acompañado de acciones concretas: capacitación permanente, seguros para los voluntarios, coordinación efectiva con gobiernos regionales y locales, y mecanismos que faciliten la participación de jóvenes y profesionales. No basta con juramentar; hay que empoderar. Solo así la vocación de servicio se convertirá en un verdadero motor de cambio.
En un momento en que el país enfrenta desafíos múltiples desde la inseguridad hasta la desigualdad, el voluntariado nos recuerda lo mejor de nosotros mismos. Es un antídoto contra el individualismo y la apatía. Cada peruano que decide donar su tiempo y esfuerzo está diciendo, sin palabras, que el Perú vale la pena. Y eso, en tiempos difíciles, es un mensaje poderoso.
Felicito al presidente Jerí por este reconocimiento y por impulsar una iniciativa que pone en valor a quienes siempre han estado ahí cuando más los necesitamos. Ahora nos toca a todos los ciudadanos responder al llamado: inscribámonos, participemos, contagiemos esa vocación de servicio. Porque el Perú no solo se reconstruye con cemento, sino con corazones dispuestos a ayudar.






