Escribe: Jhon Smith

En un contexto donde la inseguridad se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los peruanos, especialmente en Lima, la supervisión directa del presidente José Jerí al Mega Operativo de Control Territorial en Santiago de Surco representa un gesto simbólico y, sobre todo, práctico que merece ser destacado. El pasado 9 de febrero, esta intervención policial a gran escala buscó recuperar el control en zonas afectadas por la delincuencia, y al día siguiente, el mandatario acudió personalmente a la comisaría de la Policía Nacional en Surco para evaluar los resultados. Este no es un acto menor es una señal clara de que el Ejecutivo está dispuesto a poner el cuerpo en la lucha contra el crimen.

Es refrescante ver a un presidente que no se limita a discursos desde el Palacio de Gobierno, sino que se traslada al terreno para supervisar operaciones de esta magnitud. En distritos como Surco, tradicionalmente considerados seguros, la extorsión, el sicariato y la delincuencia organizada han ganado terreno en los últimos años, generando miedo y frustración entre los vecinos. Operativos como este no solo detienen delincuentes y decomisan armas o drogas aunque los detalles específicos de los resultados aún se esperan con ansias, sino que restituyen la presencia del Estado en las calles. La presencia del presidente Jerí en la comisaría envía un mensaje contundente: el gobierno no delega exclusivamente en la Policía, sino que asume responsabilidad política directa.

Críticos dirán que estos megaoperativos son “show mediático” o medidas paliativas que no atacan las raíces estructurales del problema: pobreza, falta de oportunidades y corrupción en algunos sectores policiales. Y tienen razón en parte; ningún operativo aislado resolverá la inseguridad de forma definitiva. Sin embargo, negar el valor de estas acciones sería caer en un pesimismo paralizante. En un país donde la percepción de impunidad es alta, ver al jefe de Estado respaldando a las fuerzas del orden genera confianza y motiva a la ciudadanía a colaborar con denuncias anónimas. Además, estos despliegues masivos suelen tener efectos disuasivos inmediatos, reduciendo temporalmente los índices delictivos en las zonas intervenidas.

El presidente Jerí, con esta visita, demuestra que entiende la urgencia del tema. No basta con declarar estados de emergencia en papel; hay que supervisar, exigir resultados y ajustar estrategias. Ojalá este sea el inicio de una política sostenida de control territorial que se extienda a otros distritos limeños como San Juan de Lurigancho, Comas o La Victoria, y que incluya no solo represión, sino inversión en prevención: más iluminación, cámaras, programas sociales y reforma policial.

En conclusión, el Mega Operativo de Surco bajo la mirada atenta del presidente Jerí es un paso en la dirección correcta. Los peruanos necesitamos más acciones concretas y menos promesas vacías. Si el gobierno mantiene esta firmeza y transparencia en los resultados, podría marcar un punto de inflexión en la lucha contra la delincuencia. La seguridad no es un lujo: es un derecho que el Estado debe garantizar con decisión y continuidad. Bien por el presidente Jerí por dar el ejemplo. Ahora, a sostenerlo en el tiempo.

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