Escribe: Jhon Smith

A cuatro meses de las elecciones generales del 12 de abril de 2026, el panorama electoral en Perú muestra una profunda fragmentación y un alto nivel de desencanto ciudadano. Según la última encuesta nacional de Ipsos Perú, realizada para América TV los días 18 y 19 de diciembre de 2025 con una muestra de 1.211 personas mayores de 18 años en ámbitos urbano y rural (margen de error ±2.8% y confianza del 95%), casi la mitad de los peruanos el 48% no ha definido su voto presidencial el 28% optaría por el voto en blanco, viciado o por ninguno, mientras que el 20% declara no saber por quién votar.

En la intención de voto efectiva, ningún candidato logra consolidar un apoyo significativo. Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, se mantiene en primer lugar con el 10%, ganando apenas un punto respecto a la medición de noviembre. Le sigue Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, con el 7% (sin variación), y Mario Vizcarra con el 5% (baja dos puntos). Más atrás aparecen Carlos Álvarez con 4% (baja uno), César Acuña y Alfonso López Chau con 3% cada uno, y un grupo con 2% que incluye a Yonhy Lescano, Carlos Espá, José Luna Gálvez y Rafael Belaunde.

Este escenario refleja una oferta política dispersa, con más de 30 agrupaciones en competencia tras las primarias internas, pero sin que ninguna logre captar la confianza mayoritaria. Las razones detrás del alto voto nulo o indeciso son claras: el 33% de los encuestados manifiesta falta de confianza en cualquiera de los candidatos, el 26% expresa decepción general con la política, el 25% no conoce las propuestas o planes de gobierno, el 15% no se siente representado por ninguna opción y el 13% considera que «todos los políticos son iguales».

Además, la decisión de voto se pospone para muchos: el 26% definirá su opción una semana antes de los comicios, el 11% lo hará el mismo día de la elección, y un 36% se mantiene firme en la intención de votar blanco o viciado. Esta indecisión tardía podría alterar sustancialmente los resultados finales, en un contexto donde las campañas apenas comienzan a intensificarse.

Otras encuestas recientes, como la de Datum Internacional a mediados de diciembre, coinciden en esta tendencia: el voto blanco/viciado supera el 35%, sumado a indecisos eleva la indefinición por encima del 50%, con López Aliaga alrededor del 10-11% y una percepción mayoritaria de que no existen «buenas opciones» presidenciales (48%). Estudios previos de Ipsos en noviembre mostraban cifras similares, con indecisos y nulos cercanos al 42%, lo que indica una estabilidad en el rechazo ciudadano más que un cambio drástico.

En paralelo, la encuesta de Ipsos mide la gestión del presidente José Jerí su aprobación cae al 42% (desde 47% en noviembre y 45% en octubre), con 43% de desaprobación. Sobre seguridad, solo el 16% percibe mejora en la delincuencia durante su mandato, el 59% la ve igual y el resto peor. El 47% cree que la reforma total del INPE anunciada por el gobierno contribuirá a mejorar la situación securitaria.

Este panorama sugiere que las elecciones de 2026 se definirán en gran medida por la capacidad de los candidatos para reducir la brecha de desconfianza, presentar propuestas concretas y movilizar a un electorado altamente escéptico. La fragmentación actual favorece escenarios de segunda vuelta impredecibles, donde el voto útil o el rechazo a ciertas figuras podría jugar un rol decisivo.

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