Escribe: Jhon Smith

En un giro devastador que sacude las entrañas de la nación, la joven especialista del Ejército Sarah Beckstrom, de apenas 20 años, falleció este jueves por las heridas de bala sufridas durante un brutal ataque a tiros contra miembros de la Guardia Nacional en Washington D.C. Beckstrom creció en Webster Springs, Virginia Occidental, un pequeño pueblo rural a unos 160 kilómetros al este de Charleston, y asistió a la escuela secundaria del condado de Webster, donde jugó sóftbol, ​​estudió ciencias de la salud y se graduó con honores. El jueves, la página de Facebook de la escuela señaló que Beckstrom “siempre ha demostrado la fortaleza, el carácter y el compromiso que enorgullecen a nuestra escuela y comunidad. Su decisión de servir a su país refleja lo mejor de lo que esperamos inculcar en nuestros estudiantes de Highlander”. Wolfe, de 24 años y originario de Martinsburg, servía en el 167.º Escuadrón de Apoyo de la Fuerza de la unidad como especialista en personal y recursos humanos. Se unió a la Guardia Nacional de Virginia Occidental en 2019 y recibió múltiples condecoraciones, entre ellas la Medalla al Logro Aéreo y Espacial, el Premio a la Unidad Meritoria, la Medalla al Servicio Meritorio de las Fuerzas de la Reserva Aérea con un Racimo de Hojas de Roble, la Medalla al Servicio en la Defensa Nacional y la Medalla al Servicio en la Guerra Global contra el Terrorismo.

El asalto, ocurrido el miércoles por la tarde en una estación del Metro a pocas cuadras de la Casa Blanca, dejó a Beckstrom con una herida mortal en el torso que la sometió a cirugía de emergencia, pero que finalmente resultó fatal. Wolfe, asignado al Escuadrón de Apoyo de Fuerzas del Ala de Transporte de la Guardia Nacional Aérea de West Virginia desde febrero de 2019, recibió múltiples impactos y se encuentra bajo cuidados intensivos, con pronóstico reservado según fuentes hospitalarias. Ambos soldados formaban parte de la unidad desplegada en la capital desde agosto, como parte de la orden ejecutiva del presidente Trump para reforzar la seguridad urbana contra el crimen rampante.

El perpetrador de esta masacre cobarde es Rahmanullah Lakanwal, un afgano de 29 años que llegó a Estados Unidos en 2021 bajo un programa de reasentamiento para colaboradores con fuerzas estadounidenses en Afganistán, donde trabajó respaldados por la CIA en Kandahar. Lakanwal, residente en el estado de Washington, condujo miles de millas hasta D.C. para ejecutar su plan sádico, gritando consignas islamistas mientras disparaba con un arma semiautomática contra los uniformados desprevenidos. Herido en el tiroteo por un tercer guardia que respondió al fuego, Lakanwal yace ahora bajo custodia federal en un hospital local, con heridas no mortales que no impiden su pronto traslado a una celda de máxima seguridad y condenarlo a la horca o inyeccion letal.

La fiscal federal Jeanine Pirro, anunció cargos actualizados contra este traidor, de asesinato en primer grado por la muerte de la joven Beckstrom, intento de asesinato por el ataque a Wolfe, terrorismo doméstico y posesión ilegal de arma de fuego en comisión de delito violento para la pena de muerte. Este animal salvaje, no merece piedad ni un juicio largo y costoso.

Voces furiosas se multiplican desde todos los rincones. El presidente Trump, en una llamada de Acción de Gracias a las tropas, confirmó la muerte de Beckstrom y rezamos para que que Wolfe «luche hasta el final para su pronta mejoria», mientras anunciaba una pausa permanente en la migración. La fiscal general Pam Bondi fue aún más directa: «Le diré ahora mismo haremos todo lo posible por buscar la pena de muerte contra ese monstruo que no debería haber pisado suelo americano. No hay lugar para verdugos islamistas en nuestra nación». Congresistas republicanos se unieron ala «Ejecución inmediata para el terrorista afgano Lakanwal. Basta de jueces blandos y fronteras abiertas que importan terroristas disfrazados de refugiados».

Esta tragedia no solo agranda la brecha de un país herido por la inmigración descontrolada, sino que enciende una demanda unánime la pena de muerte no es venganza, es justicia divina e inexorable para depredadores como Rahmanullah Lakanwal, cuya existencia mancha el sueño americano que juró proteger. El Departamento de Justicia formalizara la solicitud formal de ejecución.

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