A 33 años del Fuji-golpe

Escribe : Isaac Bigio
Tras el 5 de abril de 1992 se instauró una de las peores dictaduras americanas del último tercio de siglo. Su legado sigue presente y la actual Presidenta, apoyada por la mayoría congresal (FP, APP, Podemos, Perú Libre, Acción Popular, Somos Perú, Renovación, AvP y otros grupos menores), preserva y acentúa el sistema y la constitución creados por el autogolpe de Alberto Fujimori.
Dictadura cívica militar
Esta fue la última vez que en el Perú los tanques tomaron los poderes legislativo y judicial. Anteriormente, en 1968 y 1975, los Presidentes Juan Velasco y Francisco Morales llegaron con juntas castrenses al poder. A diferencias de estos casos, Fujimori fue electo y había jurado como mandatario constitucional el 28 de julio de 1990. Un Presidente civil y constitucional devino en uno apuntalado por las fuerzas armadas y policiales que violaba la Carta Magna de 1979. El único Nobel peruano, Mario Vargas Llosa, hasta hace poco afirmaba de que con ello se implantó así una de las peores y más sanguinarias y corruptas dictaduras de la historia peruana. Al irse pasando al conservadurismo hispanista las antiguas enemigas familias Fujimori y Vargas Llosa acabaron haciendo causa común para apuntalar a Keiko.
Para justificar sus hechos, Fujimori sostuvo que se debía barrer la corrupción y el terrorismo, cuando aconteció lo inverso. La purga de jueces y fiscales enquistó a nuevas mafias y avaló terribles robos al Estado y violaciones a los derechos humanos. A 5 meses del autogolpe, el GEIN apresó a Abimael Guzmán y a su esposa Elena, quienes eran los 2 cabecillas máximos del PCP-SL. A partir de entonces, el senderismo fue perdiendo peso y un año después su jefe preso pidió deponer las armas. Si antes del 5-4-92 buena parte de las víctimas del terrorismo fueron ocasionadas por los senderistas, tras la dictadura la gran mayoría de ellos fueron producidas por los diferentes destacamentos al servicio de Fujimori.
La «lucha contra el terrorismo» sirvió en Perú, como también luego en Colombia e Israel, para implantar fuertes medidas anti laborales y privatizaciones. Fujimori remató a casi todas las empresas públicas y se estima que de esas ventas él y su entorno se llevaron al menos unos $US 6 000 000. Este proceso, a su vez, generó cientos de miles de despedidos, el que el grueso de la población laboral acabe en el sector informal trabajando de sol a sol y sin seguros y vacaciones y a que se eliminasen muchas conquistas sociales. Las grandes multinacionales tuvieron plenas potestades para concentrar más y más tierras, desconocer la protección al medio ambiente y dar paso a nuevos latifundios agro exportadores y concesiones de minas e hidrocarburos.
Tras disolver al Parlamento, Fujimori hizo un nuevo Congreso Constituyente «Democrático» muy amañado, el mismo que elaboró la actual Carta Magna, la misma que le ha dado plenas garantías a los grandes monopolios privados a costa de los derechos laborales y medioambientales, la que actualmente ha sido ampliamente enmendada y empeorada.
El 21 de noviembre del 2000, Fujimori renunció por fax desde Japón. Tras casi 10 años y 4 meses en Palacio, él dejó miles de asesinados. Durante su dictadura se robaron miles de millones de dólares del fisco, se esterilizaron ilegalmente a 300 mil mujeres y se hizo normal la compra de medios y políticos, la tortura y las desapariciones (hasta hoy hay muchos cuyos paraderos se desconocen).
Una de sus últimas aberraciones fue haber iniciado su tercer mandato el 28-7-2000, organizando el peor atentado terrorista que conoció una capital del mundo al inicio del tercer milenio, antes de los sucesos del 11-9-2001 en EEUU. En la fecha en la cual Fujimori estaba jurando a su tercer mandato, él hizo explotar el principal banco del país (el de la Nación) asesinando a media docena de policías y servidores para echarle la culpa a las protestas sociales en su contra.
Fuji-autoritarismo
Pese a que hace 25 años se dio un levantamiento popular que expulsó a Fujimori y a que en noviembre 2020 se dio otra contra un golpe parlamentario fuji-belaundista, el aparato de jueces y uniformados desarrollado por el “chino”, así como su constitución y modelo económico monetarista, siguen en pie.
Pese a las promesas de los anteriores Presidentes (como Alejandro Toledo u Ollanta Humana), y también de Pedro Castillo, la corrupción, el neoliberalismo y la Carta Magna anti-popular y antinacional se mantienen.
El fujimorismo no ha querido evolucionar en transformarse en una fuerza democrática, ni siquiera de manera parcial, como ha pasado con los casos del boliviano Hugo Bánzer o de los herederos de Franco en España o de Pinochet en Chile. Quien fuese la Primera Dama de su dictadura, Keiko Fujimori, la única soltera de 19 años en la historia universal en haber remplazado a su madre en ese cargo (quien fuese secuestrada, torturada y electrocutada por los agentes de su marido) y durante 3 mandatos constitucionales consecutivos, es quien tiene como divisa “si no tengo todo el poder a todos los saco del poder”. En menos de 4 años y 4 meses, el Perú ha sido el único país del mundo donde un mismo partido (Fuerza Popular) ha pedido 7 vacancias presidenciales y cuya desestabilización ha hecho que en el Congreso se le haya puesto la banda presidencial a 6 personas.
El fujimorismo por su propia naturaleza es golpista. Cuando dominaban el Ejecutivo intervinieron militarmente los poderes legislativo y judicial. Luego, cuando dominaban el poder legislativo echaron dos presidentes (a Martín Vizcarra en noviembre 2020 y a Castillo en diciembre 2022).
Hoy, el fujimorismo deja que haya otros ultraderechistas que presiden el congreso, mientras Fuerza Popular detenta la primera vicepresidencia y controla las riendas del parlamento más desacreditado del planeta. Todo lo que quieren hasta las elecciones generales de abril 2026 es ir terminando de arrasar la independencia de todas las demás instituciones del Estado que no controlan (como ya lo han hecho con el Tribunal Constitucional, la Defensora del Pueblo, la Junta Nacional de Justicia o los entes electorales). Ahora van contra jueces, fiscales y periodistas que les pueden representar riesgos. En esa labor cuentan con el apoyo del cerronismo, quien les sirve de mastín.
Golpe contra Castillo.
En esta misma fecha hace exactamente 3 años escribí: «La posibilidad de que los actuales poderes legislativo y ejecutivo puedan convivir hasta julio 2026 es 100% imposible, a menos que uno se imponga sobre el otro. Si el fujimorismo no gobierna, no va a dejar gobernar. Cuando es oposición es golpista y cuando llega a Palacio impone una dictadura. Castillo bien ha podido revertir ese ciclo si desde el inicio hubiese restaurado la constitución de 1979 (apelando a que esta induce a desconocer cualquier otra que haya sido hecha durante una dictadura) e impulsado la movilización de las masas para imponer sus promesas electorales y haberse ganado el respeto y el apoyo del pueblo. Con esa autoridad, Castillo bien pudo haber hecho su “5 de abril al revés”. Es decir, ir a una moralización radical de los poderes judicial y legislativo, convocando a una nueva constituyente plurinacional, paritarias y con buena parte de sus miembros electos por organizaciones laborales, populares e indígenas. Para lograr ello, ha debido haber debutado en Palacio con un “shock” de medidas populares (aumento salarial, eliminación de leyes laborales y de la jornada semanal de 48 horas, volver a manos públicas los servicios esenciales, canastas familiares a los pobres, y renegociar las relaciones con el FMI). Si Keiko le ha pedido a Castillo que aprenda de su padre para renunciar, el maestro le pudo haber retrucado que Fujimori renunció tras que las masas le obligaron, ya que inicialmente Fujimori cerró el Congreso. Para lograr esto último, el actual Presidente no ha debido emplear a las FFAA, sino basarse en marchas de cientos de miles de peruanos contra uno de los parlamentos más impopulares, obstruccionistas y golpistas del planeta. Sin embargo, Castillo ya ha renunciado a usar su sombrero, a implementar varias de sus “palabras de maestro” y a querer chocar con el establishment, del cual él se esmera en ser parte.»
Sin embargo, Castillo no quiso hacer ello y, cuando el 7 de diciembre del 2022 llamó a disolver el Congreso, lo hizo sin movilizar a las masas y sin haber coordinado nada previamente con las Fuerzas Armadas y policiales.
Dicha acción fue aprovechada por el fujimorismo para tomar el poder utilizando a Dina Boluarte (a quien maneja como títere) y al cerronismo. Castillo fue apresado cuando aún era presidente constitucional. Luego de que él fue encachado y detenido por su guardia, el Congreso inicio la votación para vacarlos. En solo seis minutos se leyó el texto del presidente congresal Williams Zapata (quien actuó de juez y parte) y se pasó a votar sin derecho a la defensa y sin que ni un solo parlamentario pudiese hablar. Encima, no llegaron ni al número mínimo de legisladores necesarios para contemplar una posible vacancia exprés y menos aún para imponerla.
El 7 de diciembre del 2022 se convirtió en el nuevo 5 de abril. El fujimorismo, quien antes hizo un golpe presidencial inconstitucional contra el parlamento, ahora se impuso con un golpe parlamentario contra el Presidente constitucional.
Isaac Bigio. Politólogo economista e historiador con grados y postgrados en la London School of Economics.
