Escribe: Jhon Smith

Hoy, 8 de marzo de 2025, celebramos el Día Internacional de la Mujer, y es momento de poner las cosas en claro: este día pertenece a las mujeres biológicas, aquellas cuya existencia está definida por la realidad de sus cromosomas, su capacidad reproductiva y su lucha histórica contra un mundo que, durante siglos, intentó silenciarlas. No hay espacio para ambigüedades ni para diluir lo que significa ser mujer. La mujer biológica no es una idea, no es un sentimiento, no es una construcción social maleable, es una verdad tangible, poderosa y digna de ser defendida con uñas y dientes.

Desde el principio de los tiempos, la mujer biológica ha sido la creadora de vida. Su cuerpo, con su útero, ovarios y ciclos, no es un accidente ni un detalle menor es la raíz misma de la existencia humana. Cada uno de nosotros, sin excepción, proviene de una mujer. ¿Quién se atreve a minimizar eso? La ciencia lo respalda XX, la marca genética de la feminidad, no es negociable. Y no, no necesitamos disculpas ni disclaimers para afirmar esta realidad. La mujer biológica merece ser celebrada por lo que es, no por lo que otros quieren que represente.

El Día Internacional de la Mujer no nació de gestos vacíos ni de inclusiones forzadas. Surgió de la sangre, el sudor y las lágrimas de mujeres biológicas que pelearon por derechos que hoy damos por sentados: el voto, el trabajo, la educación. Fueron mujeres como las sufragistas, las obreras de las fábricas, las madres que criaron generaciones bajo condiciones brutales, las que forjaron este legado. No pidieron permiso, no se doblegaron, no se diluyeron en definiciones ajenas. Hoy, en 2025, honrarlas significa reconocer que su lucha fue específica, concreta y profundamente arraigada en su identidad como mujeres biológicas.

Vivimos tiempos extraños, donde algunos pretenden desdibujar lo que significa ser mujer, como si la biología fuera un obstáculo y no una fortaleza. Se habla de «identidades» y «fluidez» mientras se ignora lo obvio la mujer biológica no es un concepto intercambiable. Hoy, en 2025, veo con indignación cómo algunos hombres pretenden disfrazarse y decir que son mujeres, como si bastara con ponerse una peluca, maquillaje o una etiqueta para reclamar lo que no les pertenece. La mujer biológica no es un disfraz que cualquier hombre pueda enfundarse para jugar a ser víctima o invadir espacios que no le corresponden. Decir esto no es odio, es un puñetazo de sentido común sobre la mesa. Y en este 8 de marzo, como hombre, alzo la voz para rugir: ¡basta de que estos impostores borren a la mujer biológica en nombre de una «inclusión» que no es más que una patética exclusión disfrazada de progresismo woke!

La mujer biológica es fuerza pura. Es la que resiste, la que crea, la que transforma. En 2025, con todos los avances y desafíos que enfrentamos, es hora de devolverle su lugar, no como víctima, sino como protagonistas indiscutibles.

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