JATO RUNA.

Escribe : Isaac Bigio
El canciller dormilón impulsa en Venezuela un golpe e intervención.
«Hatun runa» en quechua significa «el gran hombre». En jerga peruana dormirse se dice quedarse «jato». Cuando Dina, una acriollada presidente quechua-hablante, dio su mensaje presidencial sus grandes hombres, como su ex premier Alberto Otárola y su canciller Javier González Olaechea, entraron a un gran «jateo».
Si un canciller se queda dormido al escuchar al discurso de un gobernante esto es tomado como una ofensa contra esa nación. Sin embargo, Dina solo le interesa rodearse de incondicionales mediocres.
Tras que el canciller lirón fue sacado del congreso vacío, él reapareció a las horas para desconocer las elecciones de un país vecino. Antes de que la corte electoral venezolana dictaminara que Nicolás Maduro fue reelecto, González Olaechea tuiteó:
«Condeno en todos sus extremos la sumatoria de irregularidades con voluntad de fraude por parte del gobierno de Venezuela. El Perú no aceptará la violación de la voluntad popular del pueblo venezolano.”
Así, él quiso convertirse en el paladín de una nueva cruzada mundial para intervenir en Venezuela. Su agresividad sobrepasaba a la inicial mesura de EEUU o a la postura colombiana de buscar mayor esclarecimiento y datos antes de fijar su posición.
¿Cómo este gobierne se atreve a decir ello, si Boluarte, con solo 5% de aprobación, nunca ha ganado por sí sola una sola elección en su vida y a palacio ha llegado mediante un golpe que viola la voluntad popular?
Ante la CNN González declaró “Desde el día uno era evidente que la voluntad era fraudulenta». Reconoce que desde hacía meses él estaba dispuesto a repudiar desde el saque a estas elecciones.
También dijo que a Maduro “lo desconocemos desde el momento en que nos hemos pronunciado sobre el fraude” y que “González es el presidente electo legítimo de Venezuela”. Con ello la cancillería peruana vuelve al mismo sendero que tuvo durante PPK y Vizcarra de apuntalar a un gobierno paralelo al oficial.
Cuando Trump quiso imponer al mundo que el único mandatario legítimo de Venezuela era Juan Guaidó se impulsaron intentos de magnicidio, golpes e intervenciones armadas desde el exterior. Todo ello acabó en fracaso, pero condujo a que Washington y Londres capturen grandes fortunas de Caracas y a una crisis que alentó la fuga de millones de venezolanos.
Al final, esa política provocadora fue abandonada por el gobierno de Castillo y Boluarte, que en agosto 2021 reconoció a Maduro como el único presidente.
Hoy, Boluarte reniega de ello (como antes lo ha hecho de sus proclamas nacionalizantes y pro-constituyente que tuvo para ser electa) y abraza la postura golpista de un simpatizante de Pinochet y Petain (marioneta francesa de Hitler) quien antes a ella le acusó de haber llegado al gobierno en 2021 con fraude pidiendo un golpe militar en contra suya.
Isaac Bigio. Politólogo economista e historiador con grados y postgrados en la London School of Economics & Political Sciences.
