Escribe : Isaac Bigio

El discurso presidencial de Dina es el más extenso que se haya televisado en la historia peruana. En ninguna otra república americana un mandatario lee casi 80 páginas en más de 5 horas.
Más del 80% de los 130 congresistas dejaron casi vacío al hemiciclo parlamentario donde ella hablaba. Ni el 0.1% de los 33 millones de peruanos pudo soplarse toda la transmisión en vivo. Su ex primer ministro Otárola y su canciller Gonzáles Olaechea se quedaban dormidos. Este último tuvo que ser removido, pues entró en un sueño profundo.
Esto es un contraste con los mensajes anuales que da la jefatura de Estado británico (la cual preside a la potencia demo-constitucional más antigua del mundo). Carlos III y antes su madre Elizabeth II solo han tomado 10 minutos leyendo sus mensajes anuales, los cuales han sido seguidos masivamente en la TV y presenciados en directo por casi todos los 1,500 miembros de las cámaras de los lores y comunes (estando el jefe de gobierno y todos sus ministros atendiéndoles de pie). Durante todo su reinado, Carlos III jamás llegará a sumar ni 3 horas entre todos sus mensajes que ha dado o dará a la nación.
El Reino Unido se creó hace 317 años y tiene un 50% más de tiempo que el Estado peruano. A diferencia de todas las naciones latinoamericanas, allí nunca ha habido ningún golpe militar y siempre ha habido una monarquía constitucional.
Mientras dicha corona mantiene más del 90% de aceptación, Boluarte pasa del 90% de desaprobación. Dina no ha sido electa para su actual cargo y lo único que la sostiene es un parlamento apoyado por el 4%, algo sin parangón en el planeta.
La gran mayoría de los peruanos quisieran que Dina renuncie o convoque a elecciones generales. Nada de eso ella quiere. Tampoco ha hecho una sola autocrítica. Al único gobierno que vapuleó fue al único en el cual ella ha servido: el de Castillo.
Cuando discurseaba de paz, reconciliación y democracia, sus policías apaleaban a los familiares de los cientos de baleados durante sus masacres de 2022 y 2023.
Tras inaugurarse las olimpiadas, ella pudiese ganar su propia «medalla de oro» por tener el gobierno más impopular y pronunciar el mensaje más soporífero del mundo.

Isaac Bigio. Politólogo economista e historiador con grados y postgrados en la London School of Economics & Political Sciences.

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