Escribe : Isaac Bigio

Estas son denominaciones que algunos sectores populares han puesto a la actual mandataria Boluarte y a su premier Otárola. Ambos parecían que querían cambiar esa imagen negativa cuando Dina pidió perdón en el discurso presidencial televisado de 28 de julio más largo de la historia peruana.
Sin embargo, esto solo ha sido un hipócrita paréntesis. Poco después de dicho mensaje, Boluarte fue a Pichanaqui (donde al inicio de su Gobierno murieron 3 personas) para provocar a su población local al echarle la culpa de los asesinatos a los mismos asesinados y al volver a acusar sin pruebas a Castillo de haber ordenado dichas muertes (pese a que ni siquiera siendo presidente pudo controlar su propia guardia personal, la cual le arrestó).
Dina ha cambiado sus versiones sobre las matanzas tantas veces que su credibilidad ha quedado más muerta que sus víctimas. Ha calumniado a Bolivia (el antiguo Alto Perú) de estar tras la violencia, generando que un expresidente de la comisión de relaciones exteriores del Congreso pidiese invadir y ocupar dicho vecino y que se creen problemas diplomáticos al sur del Titicaca. Han injuriado a los manifestantes de tener armas que ya no existen o que nunca han poseído. También ha querido presentar a las marchas como influenciadas por el terrorismo senderista, algo que acaba de repetir el presidente del CADE, Juan Fernando Correa, cuando el PCP-SL hace 3 décadas ha renunciado a su «guerra popular» y ha ido desapareciendo como fuerza política.
Ahora, cuando Dina iba a la fiscalía para negarse a declarar sobre las masacres, su premier reclama haber reprimido 500 marchas amenazando que no le iba a temblar la mano para volver a hacer ello. Nuevamente, se retorna a la prédica de Boluarte cuando amenazó a los que querían tomar Lima de que podrían haber más muertos.
Este Ejecutivo y el Legislativo en el que se apoya tienen un dígito de aprobación ciudadana. A falta de legitimidad y de popularidad apelan al terrorismo verbal y al de Estado. Esto puede generar un bumerán y radicalizar a un pueblo tan descontento por la represión y ahora por la recesión e inflación.

Isaac Bigio. Politólogo economista e historiador con grados y postgrados en la London School of Economics & Political Sciences.

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