MOCHAR CONGRESISTAS!

Escribe : Isaac Bigio (*)
La congresista Rosselli Amuruz es la única mujer que integra la nueva mesa directiva congresal (aunque en el puesto final). Lo que más se conoce de ella es que contrajo el Covid-19 por violar las normas de bioseguridad al festejar en grande con sus amigos en la playa. Antes, en plena pandemia, celebró a todo dar su cumpleaños en una jarana de pandemonio.
Mientras una covid-congresista es premiada en Lima, en Londres se destituía a Margaret Ferrier, una parlamentaria que en septiembre 2020 estuvo en lugares públicos pese a tener el coronavirus.
Quien la ha mochado de su curul no son sus colegas o jueces, sino el propio pueblo. Según la ley británica, si al menos un 10% del padrón de un distrito electoral pide la dimisión de su representante parlamentario, esto debe darse, pero permitiendo que el miembro cesante de la cámara de los comunes tenga el derecho a participar en las elecciones para que la gente decida quien va a ocupar tal banca. Ferrier fue previamente expulsada de su partido (el Nacional de Escocia) y ha anunciado que se retira de la política.
Amuruz, en cambio, fue blindada por la comisión de ética y por el «Bloque Democrático» de la ultraderecha (en el cual ahora PL se jacta de pertenecer).

Los peruanos debieran tener un sistema similar al británico que les permita remover a sus parlamentarios, algo que, de darse, depuraría a la mayoría de los miembros del Congreso y lo haría menos impopular. En cambio, los legisladores actúan como dictadores que pueden vacar al presidente más votado de nuestra historia, desaforar a su última primera ministra, inhabilitar a una ex fiscal suprema y querer remover a las cabezas del JNE y la ONPE.
A sabiendas de que Alex Soto tiene casi 60 denuncias fiscales, este Congreso le eligió – y sin debate alguno – como su Presidente. El anterior (Jose Williams) tiene denuncias de haber orquestado ejecuciones extrajudiciales (en 1985, 1997 y 2005). Si Williams fue, como Boluarte, un mochavidas, Soto es de la bancada que más mocha sueldos. Es horas que los electores puedan mochar a sus representantes.
Un Congreso tan antidemocrático se corona como uno de los peores virus que azotan al Perú.
INDEPENDENCIAS ANDINAS
Todos somos colombianos, ecuatorianos, peruanos y bolivianos.
Del 20 de julio al 10 de agosto todas las 4 repúblicas de la Comunidad Andina de Naciones celebran sus respectivas días de independencia. La primera y la última fecha que abren y cierran estas 3 semanas fueron gritos libertarios dados en la primera década del siglo XIX. El 10 de agosto de 1809 en Quito y el 20 de julio de 1810 en Bogotá fueron levantamientos que no demandaba la ruptura con Madrid, sino tener mayor autonomía en la lucha intercontinental para lograr liberar al rey castellano (que estaba preso por las tropas de ocupación francesa) y restablecerlo en el trono.
Sin embargo, esas sublevaciones fueron el inicio de una bola de nieve que se iría agrandando hasta ir cambiando sus demandas. El 7 de agosto se recuerda la batalla de Boyacá de 1819 en la cual Bolívar expulso a los realistas de la capital del virreinato de Nueva Granada (el cual luego devendría en la Gran Colombia, la misma que después se desintegraría dando paso a las actuales repúblicas de Panamá. Venezuela, Ecuador y Colombia y a que varios de sus territorios acaben integrados al Perú y Brasil, y que el grueso de Guayana culminase en la Comunidad Británica de Naciones).

Los colombianos, al igual que una serie de naciones hispanoamericanas (desde México al extremo norte a Chile en el extremo sur), tienden a considerar como su principal fiesta patria a los primeros gritos autonómicos de sus capitales, y no a la consumación de la independencia hecha alrededor de una década después. No obstante, cada 4 años juramenta un nuevo mandatario constitucional en Bogotá un 7 de agosto.
Los peruanos, a diferencia de la mayor parte de sus vecinos, solo conmemoran un día de la independencia (la del 28 de julio de 1821), pues Lima, tan aferrada a ser capital del principal virreinato sudamericano, nunca tuvo un grito libertario (y su emancipación vino de afuera, primero con las tropas chilenas y argentinas de San Martín y luego con las grancolombianas de Bolívar y Sucre).
El 6 de agosto es una fecha histórica tanto para Perú como para Bolivia. En ese día de 1824, las tropas bolivarianas aplastaron a la caballería realista en las pampas de Junín a 4,100 metros sobre el nivel del mar. Tras esa derrota y desbande, fue cuestión de tiempo hasta que la corona fuese finalmente derrotada, cosa que consumaría en la batalla de Ayacucho del 9 de diciembre de 1824.
Al siguiente 6 de agosto (el de 1825), Bolívar declararía la independencia del Alto Perú, al cual pondría su apellido. Bolivia sigue siendo el único de los 193 miembros de las Naciones Unidas en tenerle nombre de su libertador.
Hoy, estos 4 países son parte de la misma comunidad de naciones y tiene un pasado común que va desde conexiones precolombinas (gran parte de los cuales integraron el Tahuantinsuyo) como en la colonia y en la lucha por la independencia.
Todos los andinos somos, al mismo tiempo, colombianos, bolivianos, ecuatorianos y peruanos. En Londres se creó la palabra «Colombia» para unir a todo el continente de Colon bajo una monarquía constitucional liderada por un inca. Todos hemos sido liberados por Bolívar. Todos hemos nacido cerca de la línea ecuatorial que divida al mundo. Todos provenimos de lo que originalmente fue el Perú, el apelativo con el cual se unieron todos los territorios hispanohablantes de Sudamérica.
Paises unidos por la lengua, la cultura, la historia y el futuro debieran dar paso a un solo Estado plurinacional.
(*) Isaac Bigio. Politólogo economista e historiador con grados y postgrados en la London School of Economics & Political Sciences.
