RESURGE EL UNASUR, EN BRASIL DE MANERA MUY EXITOSA, SIN EL PERÚ..!!..
El necesario resurgimiento de Unasur
Un muy necesario encuentro, donde se destacó la Unidad necesaria para la América del Sur, contó con la totalidad de Presidentes, a excepción lamentable, del Perú.

Escribe : Ernesto Samper ( Ex Presidente de Colombia )
El encuentro convocado y liderado por el Presidente Lula, se llevó a cabo en Brasil, donde con todos los Presidentes en un espacio inmejorable para recordar el alto precio que pagamos en América Latina por haber congelado largos años al Unasur.
Nunca antes habíamos necesitado tanto del diálogo político y la integración como ahora. Debemos retomar sin mayores dilaciones la regionalización desde el Sur con el mismo espíritu y dinamismo que dio nacimiento al proceso más complejo de integración alcanzado en esta parte del mundo que fue y debe volver al bloque sudamericano.
Después de atravesar el desierto de la pandemia, sin integración de América Latina y el Caribe, la región confirmó que no hay mejor camino para la superación de sus crisis que el diálogo plural, sostenido y apoyado por una institucionalidad multilateral alejada de los fundamentalismos ideológicos como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
Ahora el panorama es alentador : los Gobiernos progresistas están enfocados en la construcción de región a través de consensos de futuro, alejados de apuestas ideológicas, para enfrentar desafíos como el manejo de la pospandemia, el cambio climático y el impacto colateral de la guerra de Ucrania y Rusia. Por eso, evidenciamos hoy, en Brasil, la oportunidad real de relanzar la integración de América Latina y el Caribe dándole vida a una nueva Unasur.
América Latina necesita hoy al Unasur, para acordar políticas públicas inaplazables en materias como salud, educación, defensa, infraestructura, cambio climático y ciudadanía dando alcance a resultados concretos obtenidos en distintos campos. Pero aún más, necesita meterle pueblo al proceso de integración: hay que invitar a los campesinos, trabajadores, empresarios y académicos: no puede seguir siendo un espacio de encuentro entre élites desconectadas.
Unasur debe ser la respuesta a las necesidades del ciudadano suramericano, el sitio donde se generen políticas sociales regionales a favor de las necesidades más básicas de las personas, como la movilidad humana con un enfoque de ciudadanía regional, un banco suramericano de precios de medicamentos para que sean menos costosos los tratamientos, o programas de vacunación a escala regional, entre otros.
Por ejemplo, durante los años de pandemia, la región pagó caro no disponer de un espacio institucional donde tuvieran asiento los 12 ministros de Salud que hubieran podido consolidar pedidos de vacunas y medicamentos para enfrentar el proteccionismo sanitario de los países productores. Esta tarea la hubiera cumplido muy bien y efectivamente el Consejo Suramericano de Salud y el Instituto Suramericano de Gobierno en Salud (ISAGS) a partir de su experiencia epidemiológica en las campañas contra el virus del chikungunya y el papiloma humano.
El renacer de Unasur, debe llevarse en tres ejes gravitacionales: una nueva agenda para la integración, la renovación de su institucionalidad, una convergencia que acerque los esfuerzos que está haciendo en varios frentes distintos organismos de integración subregional.
La nueva agenda para la integración
Es necesario actualizar agendas sectoriales existentes como la seguridad alimentaria, la transición ecológica y la migración hacia energías limpias, el desarrollo de la inteligencia artificial y la búsqueda de nuevas y más efectivas formas de multilateralismo que nos alejen de las polarizaciones hegemónicas que amenazan con destruir la convivencia planetaria.
Hay que trabajar sobre lo construido y Unasur ya tiene instancias como el Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento (Cosiplan) que heredó la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA). En esta lógica, debería mantener el apoyo histórico de Banco de Desarrollo de América Latina y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para asumir el desafío de mejorar la movilidad de personas, bienes y servicios en la región a través de la construcción de carreteras, generadoras eléctricas, ferrocarriles, cuencas hidrográficas, cables de conectividad y puertos cuya necesidad y viabilidad está fundamentada en estudios y portafolios.
Renovar la institucionalidad
El futuro y la viabilidad de Unasur dependen de una reforma de su tratado constitutivo para empoderar a la Secretaría General, flexibilizar las normas sobre mayorías y ampliar las posibilidades de acceso de otros países latinoamericanos.
Es necesario cambiar el método de toma de decisiones, el consenso ha paralizado la operación de la Unasur, hay que incluir un nuevo sistema de reglas de mayorías simples para los temas operativos y mantener la unidad para decisiones terminales como la admisión o suspensión de miembros. Si se opta por el camino de la ampliación de Unasur como forma para conseguir la reintegración latinoamericana debe existir una flexibilización en los dos requisitos para que otros países de la región puedan acceder a la organización como observadores permanentes y, más adelante, como miembros.
El nuevo diseño institucional debería incluir una nueva arquitectura financiera que empezaría por dar cuerpo a la propuesta de Brasil, bastante factible, de crear una unidad de cuenta común (moneda regional) virtual y luego física. Esta Moneda del Sur ayudaría a reducir la dependencia de la región de los flujos y ciclos de la dolarización global de la economía.
La convergencia
El otro desafío que tiene la nueva Unasur será crear unas dinámicas de convergencia regional entre los mecanismos latinoamericanos de integración subregional como la Comunidad Andina, la Alianza del Pacífico, el Mercosur, el ALBA, el Pacto Amazónico, la Asociación de Estados del Caribe, CARICOM, el Sistema de Integración Centroamericana, la CELAC y la misma Unasur.
Se trata de abrir unos espacios de coordinación a partir de la construcción de una matriz de buenas prácticas sectoriales que ayuden a sumar esfuerzos, eliminar duplicidades y especializar áreas puntuales.
Desde hace algún tiempo, con el apoyo de la CAF, un grupo especializado de técnicos en integración en la Corporación Escenarios de Colombia, que presido, comenzó a trabajar en el diseño de una matriz de convergencia que, sin afectar la identidad de los mecanismos subregionales, permita una coordinación más eficiente de sus actividades.
¿Para qué tener, por ejemplo, cuatro o cinco conferencias de ministros de educación donde asisten los mismos a hablar de temas ya discutidos? Este rediseño para la convergencia institucional de Unasur podría llegar a delegar el manejo de los grandes temas multilaterales a la CELAC, que actuaría como una cancillería ad hoc de la región para relacionarse, como lo viene haciendo, con otros espacios de integración multilateral como China y la Unión Europea o el África.
La nueva Unasur debe ocuparse de volver a cerrar las brechas sociales y las calamidades como la pobreza extrema, la informalidad, el desempleo y la precariedad laboral, así como la nueva brecha digital. Sus principales beneficiarios deben ser los ciudadanos de la región quienes en últimas inspiran y justifican todos los esfuerzos de la integración.
Los presidentes sudamericanos finalmente, lograron acordar una declaración en la que se comprometieron a diseñar una hoja de ruta para supervisar una mayor integración regional, al término de una cumbre celebrada el martes en Brasilia en la que el venezolano Nicolás Maduro se robó la atención y de nuevo generó discrepancias.
En el documento, que fue una expresión de buenas intenciones, los mandatarios reconocieron la importancia de la integración y proyectar la voz de la región en el mundo.
El encuentro fue convocado y encabezado por el presidente de Brasil Luiz Inácio “Lula” Da Silva, quien apuesta por retomar el liderazgo en la región luego de su vuelta al poder por tercera vez a principios de año.
Asistieron además los presidentes de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Uruguay, Surinam y Venezuela. Por parte de Perú acudió Alberto Otárola, presidente del Consejo de Ministros.
El documento fue sellado tras varias horas de debate y luego de que varios mandatarios hicieran públicos sus cuestionamientos en contra del populista líder venezolano, sobre cuyo gobierno pesan múltiples denuncias de violaciones a los derechos humanos.
Maduro no quiso entrar a fondo en ese debate y al término del encuentro dijo a los periodistas que primó “un diálogo respetuoso, tolerante, de unión en la diversidad”.
El presidente uruguayo, el derechista Luis Lacalle Pou, había criticado previamente al gobierno del venezolano en un mensaje que transmitió en su cuenta de Instagram durante el plenario de jefes de Estado. Sostuvo que en Venezuela hay muchos grupos “tratando de mediar para que haya una democracia plena, por los derechos humanos, para que no haya presos políticos”.
El mensaje fue difundido cuando tenía lugar el debate a puerta cerrada de los mandatarios en el Palacio Itamaraty.
Lacalle Pou también cuestionó que la cumbre fuera antecedida la víspera por un encuentro bilateral entre Brasil y Venezuela en el que Lula se mostró totalmente a favor del líder venezolano, calificando de “absurdo” que algunos gobiernos no le reconozcan como el presidente debidamente elegido por su pueblo.
La misma postura crítica expresó el chileno Gabriel Boric, quien aunque se alegró de que Venezuela retornara a las instancias multilaterales, subrayó que eso no significa “hacer la vista gorda” frente a las denuncias de violaciones a los derechos humanos.
Al respecto, el dirigente izquierdista chileno dijo que manifestó su discrepancia con lo señalado por Lula luego de su encuentro con Maduro acerca de que los cuestionamientos al gobierno venezolano son “una construcción narrativa”.
“No son una construcción narrativa; es una realidad seria y he podido a través de los venezolanos que están en nuestra patria que exigen una posición firme respecto a que los derechos humanos deben ser respetados siempre y en todo lugar, independiente del color político del gobernante de turno”, afirmó Boric.
Pese a sus críticas, el mandatario chileno acotó que rechaza las sanciones impuestas a Venezuela por Estados Unidos y la Unión Europea y pidió que sean levantadas.
Pablo Ibáñez, profesor de geopolítica en la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro, dijo que era urgente que Lula estrechara lazos con Venezuela, en parte debido a la frontera que comparten y a la necesidad de ocuparse de los migrantes y refugiados venezolanos.
Pero puede haber ido demasiado lejos en su abrazo al gobierno de Maduro, dijo Ibáñez.
El presidente de Argentina, el peronista Alberto Fernández, también mantuvo un encuentro con Maduro en el marco de la cita regional y le pidió que Venezuela vuelva a los organismos y foros internacionales.
Luego de la reunión, el gobierno argentino dijo que debe acordarse una hoja de ruta con el oficialismo y la oposición de Venezuela “donde se trabaje en las garantías para el proceso electoral del 2024”.
Además destacó la necesidad de que se levanten las sanciones impuestas a Venezuela.
El lunes en una conferencia de prensa entre Lula y Maduro, el mandatario brasileño dijo que este era un “momento histórico” para ambos países. Ambos gobernantes manifestaron interés en impulsar el comercio entre sus países.
En la cumbre también afloraron discrepancias en torno a la idoneidad de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) como foro de colaboración regional luego de su práctica disolución debido a las diferencias ideológicas que persisten entre los países del subcontinente.
En el documento final no aparece mencionado dicho foro, que llegó a tener doce socios y hoy solo acoge a siete: Brasil, Venezuela, Argentina, Bolivia, Perú, Surinam y Guyana.
Brasil y Argentina se reincorporaron este año al bloque que ambos países ayudaron a concretar en 2008 junto a otras naciones gobernadas entonces por fuerzas izquierdistas o centroizquierdistas.
El antecesor de Lula, el derechista Jair Bolsonaro (2019-2022), se había alejado de Unasur, lo mismo que otros mandatarios conservadores que la consideraban inútil y abocada a arropar al populismo en Venezuela.
Lula acotó en su discurso de apertura de la cumbre que no debería haber ideas preconcebidas sobre el diseño institucional que los países sudamericanos podrían adoptar y que lo que debería primar es un espacio “que nos permita discutir con regularidad y orientar las acciones hacia el fortalecimiento de la integración”.
Los mandatarios acordaron finalmente en la declaración establecer un “grupo de contacto”, encabezado por los cancilleres de los doce países reunidos, para evaluar “las experiencias de los mecanismos de integración” y la elaboración de una hoja de ruta “que será sometida a la consideración de los Jefes de Estado”.
Acordaron volver a reunirse, en fecha y lugar que deben ser determinados.
Durante la cita de Brasilia, el presidente brasileño intentó sortear las diferentes posiciones instando a sus invitados a limar las asperezas luego de años de desacuerdos, muchos de raíz ideológica.
Dijo que el grupo debería discutir la creación de una moneda para desafiar la hegemonía del dólar estadounidense, forjar un mercado energético común, luchar contra el cambio climático y colaborar en defensa y seguridad de la región.
Lula destacó el potencial de la región. “Se espera que el PIB combinado de nuestros países alcance este año los cuatro billones de dólares. Juntos somos la quinta economía mundial. Con una población de casi 450 millones de habitantes, constituimos un importante mercado de consumo”.
La definición de una agenda de objetivos se topó además con las diferentes necesidades de los países, algunos de los cuales sufren crisis políticas y económicas. Fuerzas de izquierda y centroizquierda gobiernan en gran parte de las naciones y la derecha está en el poder en otras o asoma como una alternativa política.
Así lo puso de manifiesto en mayo el éxito de los derechistas en Chile en la votación para elegir a los encargados de redactar una nueva Constitución. Un giro similar hacia la derecha es posible en Argentina, donde Fernández no se presentará a la reelección en octubre en un contexto de acelerada inflación.


