JUAN CARLOS TAFUR : ALAN. A DEJAR LA POMPA..!!

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Se equivoca Alan García si cree que le basta, como estrategia de resurrección política, desmarcarse de toda imputación respecto del escándalo Lava Jato. La eventualidad de que se le pueda imputar algún acto de corrupción personal, no es lo que ha cancelado su proyecto político.

Es vano, pues, el esfuerzo: no son solo las referidas incidencias penales las que le han condenado al ostracismo electoral. Es su quehacer político, agravado luego de su segunda gestión de gobierno, que si bien él pensó que le alcanzaba para redimirse, ha producido el efecto contrario.

Históricamente hablando, García no solo se ha alejado del populismo –que ello debe saludarse-, sino lo ha hecho del pueblo. Los enjuagues mercantilistas que probadamente se le han conocido en relación a las megaempresas brasileñas, no tuvieron bandera ni límite -todo el que se allanaba a pasar por el aro recibía a cambio, la disposición de todo el aparato del Estado para lograr sus afanes-, y son el mejor símbolo de su nuevo pensamiento guía.

Su signo es el del lobbismo disfrazado de promoción de inversiones, aplaudido acá por los mercas de la pluma y, cómo no, por los habitualmente inclinados gremios empresariales.

García, ignorante de cómo funciona el mercado, creyó que promoverlo era ser un entusiasta pichicatero de los grandes grupos empresariales, desenganchando así a su gobierno y su partido de cualquier sensibilidad popular.

Alan García no podrá escapar a ese imperativo. Su creciente pomposidad lo revela obsesionado por salvar el pellejo de una sentencia penal, pero la de la historia, lejos de colocarlo en la trama trascendente de nuestra política, lo hará como nota al pie de alguien asociado a la ineficacia y a la corrupción, en su primera versión como irresponsable populista y en la segunda como conservador mercantilista.

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