Escribe: Jhon Smith

El Perú está a días de una decisión histórica y, una vez más, los mismos rostros del fracaso y la ideología destructiva salen a la luz para intentar arrastrarnos al precipicio. Roberto Sánchez, el heredero político de Pedro Castillo, el hombre que formó parte de un gobierno que hundió al país en la corrupción, el caos económico y el intento de golpe de Estado, ahora recibe el respaldo abierto de Ricardo Belmont, Alfonso López Chau y George Forsyth.

Esto no es una «alianza por la gobernabilidad», como cínicamente la llaman. Esto es una coalición roja, un frente unido de izquierdistas y oportunistas que buscan mantener el poder para seguir implementando sus recetas fracasadas: estatismo, división, ataque a la propiedad privada y debilitamiento de las instituciones que aún quedan en pie.

Roberto Sánchez, con su historial en el castillismo, representa todo lo que ha salido mal en el Perú reciente. Ministro durante el desastroso gobierno de Castillo, ligado a un partido de izquierda radical como Juntos por el Perú, ahora finge moderación hablando de «autonomía del BCR» y «respeto a la propiedad privada». ¿Quién le cree? Sus aliados ideológicos, sus antecedentes y su propio partido gritan lo contrario. Sánchez es el rostro de la continuidad del modelo que trajo inflación, escasez, inestabilidad y división social. Su «esperanza» es la esperanza del comunismo más Estado, más controles, más promesas vacías pagadas con el dinero de los peruanos que sí producen.

Y luego están los «respaldos». Ricardo Belmont, Alfonso López Chau y George Forsyth han decidido vender su imagen y su supuesto «centro» al candidato más radical de la segunda vuelta. ¿Por qué? Porque el odio al fujimorismo (o a cualquier opción que represente orden y mercado) les pesa más que el futuro del país. López Chau habla de «equilibrio de poderes» mientras se alía con quien defendió a un presidente que disolvió el Congreso. Forsyth, que prometía cambio y ahora termina en esta foto vergonzosa, prefiere al castillismo reciclado antes que a la única opción que ha demostrado capacidad de gobernar con resultados en el pasado. Belmont completa el cuadro de oportunismo puro.

Esta reunión en el Hotel Bolívar no es un acto democrático: es la foto de la traición. Es la confirmación de que para la izquierda peruana, el enemigo no es la corrupción ni el fracaso económico, sino cualquiera que se oponga a su agenda colectivista. Firman un supuesto «acuerdo por la gobernabilidad» mientras ignoran que el verdadero riesgo para la democracia es volver a poner en Palacio a alguien alineado con las ideas que casi destruyen el país entre 2021 y 2022.

Peruanos, no se dejen engañar. Detrás de las sonrisas incómodas y los discursos bonitos está el mismo veneno rojo de siempre: más gasto público descontrolado, más intervención estatal, más debilitamiento de la inversión privada, más polarización y, eventualmente, más autoritarismo. El Perú necesita estabilidad, inversión, seguridad y crecimiento, no experimentos socialistas disfrazados de «justicia social».

¡Rechacemos esta alianza roja!

¡Que el 7 de junio el Perú vote por la libertad, no por el regreso al caos castillista!


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